Yo también

Yo también

Cuando tenía como 8 años contesté el teléfono de mi casa. Era un tipo, la voz se me hacía familiar, pero no estaba segura. Me empezó a preguntar si estaba sola, qué estaba haciendo, qué tenía puesto. Yo colgué. No estaba sola, y tampoco quería tener esa conversación, aunque no entendiera qué era lo que estaba pasando.

Cuando estaba en el colegio, a los 14 años, me quedé a dormir en la casa de una amiga. Tenía un patio enorme y queríamos hacer camping en el patio. Esa misma noche llegó mucha gente y terminó todo siendo una fiesta; yo me cansé y me fui a dormir a la carpa, donde ya estaba otra amiga que también se iba a quedar con nosotras… y un tipo de mi colegio que estaba un año más adelante se metió a la carpa y trató de tocarme. Yo no sabía bien qué hacer, y sólo me hice la dormida y lo empujé. Él insistió, pero yo seguí ignorándolo/empujándolo hasta que se aburrió y se salió de la carpa.

A la semana siguiente, la gente en el colegio me preguntaba por mi relación con ese sujeto, porque él no perdió ni un minuto para inventarse el chisme de que me había “comido” mientras yo estaba borracha (lo más absurdo es pensar que para él eso era motivo de orgullo: aprovecharse de una niña que supuestamente estaba inconsciente). Pero yo no estaba borracha —él asumió que estaba borracha porque no respondí a su insistencia más que empujándolo tímidamente—, y yo sabía perfectamente que no había pasado nada.

En algún momento del día él se me acercó a preguntarme que qué iba a pasar con nosotros, después de lo del fin de semana, y yo le dije algo como “¿después de qué? Yo no estaba borracha, yo estaba dormida, y lo único que hice fue empujarlo para que se fuera. No invente güevonadas”. Él no supo qué decir, no sabía que su víctima realmente había estado consciente y despierta, y por lo tanto su historia ridícula (y vergonzosa para él, aunque él no pudiera verlo) no tenía por dónde mantenerse en pie.

No pasó nada más. Él, a estas alturas, seguramente ni se ha dado cuenta de lo horrible que es que él haya querido sentirse orgulloso por haberse “comido” a una niña borracha, tanto para ir contándolo como si fuera el gran logro del fin de semana. A mí afortunadamente no me pasó nada, pero si realmente hubiera estado borracha la historia podría haber sido muy diferente.

La gente le creyó la historia a él. Me dijeron “puta” en el colegio. Yo no pude hacer nada. Tampoco creía que pudiera o debiera hacer algo.

 

*     *     *

 

También en el colegio, tuve un profesor que me dijo que deberíamos salir él, su hijo, mi mejor amiga y yo. Yo me reí incómoda porque no supe qué más hacer. No creía que pudiera o debiera hacer algo más.

Cuando estaba en la universidad, un profesor que era muy simpático conmigo me dijo que por favor le dejara tomarme unas fotos para un ejercicio de fotografía. Era ahí mismo en la universidad y no le vi nada de malo. Me tomó las fotos, y un tiempo después me dijo que me quería tomar otras fotos, pero en su casa y en ropa interior. Yo no quería y no supe qué decir, así que lo que hice fue ignorar el asunto y no responder nunca. No hice nada, porque no creía que pudiera o debiera hacer algo.

En todos estos años me han pasado otro montón de cosas. Cuando trabajé como mesera en un bar, un tipo trató de meterme a la fuerza a un baño, pero un compañero de trabajo estaba atento a lo que estaba pasando y me “salvó”. No hice nada más, porque no creía que pudiera o debiera hacer algo más.

Tuve un “admirador” que me llamaba con frecuencia y sabía cada cosa que yo había hecho y dejado de hacer (claramente me perseguía, a mí y al que en ese entonces era mi novio, porque también se sabía todos sus movimientos). Me llamaba, me mandaba cosas, me tocaba el brazo cuando me lo cruzaba en la calle. Me demoré como 5 años en decirle que por favor no me llamara más, porque me sentía mal diciéndole que no me molestara… al fin de cuentas “no me estaba haciendo nada”, y pensaba que la gente me iba a decir que era una exagerada por tratar de quitármelo de encima. No hice nada, porque no creía que pudiera o debiera hacer algo.

Tuve un jefe que acosaba sexualmente a todos sus trabajadores. A mí me preguntó si me gusta tragar semen, y justo en ese momento decidí que no podía seguir trabajando en ese lugar. Tuve otro jefe que pensaba que estaba bien hablar de las tetas de mis (y sus) estudiantes conmigo. No hice nada, porque no creía que pudiera o debiera hacer algo.

El instructor de un gimnasio al que fui hace mil años quiso hacerme masajes mientras estábamos solos en el baño turco. Yo lo único que atiné a hacer fue salir de ahí. No hice nada, porque no creía que pudiera o debiera hacer algo.

He estado en fiestas bailando feliz, y de la nada se me han acercado tipos que apenas conozco a decirme qué me quieren hacer y a invitarme a tríos con X amiga que tienen al lado. He estado en buses en los que se me sientan tipos al lado, a frotarme con la rodilla o con el codo, y a acorralarme (por eso procuro sentarme en la silla que da al pasillo, siempre tengo miedo). He estado en salas de espera en las que de la nada cualquier tipo decide que quiere conversar conmigo y decirme lo linda que estoy, lo alta que soy, lo “atlética”, lo flaca, lo que sea.

 

He estado caminando en la calle y me han gritado cosas, me han tratado de dar besos. Hace unos meses, caminando cerca de mi casa, un tipo en una bicicleta me dijo que me quería “chupar la vagina”. Me hizo acordar de otro momento en el que un tipo me dijo al oído que me quería “meter un dedo”, mientras yo caminaba con el que en ese entonces era mi novio. Yo me puse muy mal, y ese otro tipo —el que tenía al lado caminando y era mi novio— se rió de mí y me dijo que era una exagerada. Yo creo que le creí, creí que era una exagerada, y me tragué el dolor y la rabia.

Estas son apenas unas historias seleccionadas, de cientos de historias que podría contar. Estoy contando todo esto para que quede claro que yo también he sido víctima del acoso y la violencia sexual. Ninguna mujer se salva, y mantener estas cosas en secreto no nos está haciendo ningún favor.

Nunca me han violado, y “sólo” un par de veces me han tocado sin mi consentimiento, pero la violencia sexual y la opresión se esconden en todas partes. En las conversaciones con los amigos. En las interacciones laborales. En los comentarios de los (ex)novios que piensan que el acoso callejero es un chiste.

Y “no todos los hombres son así”, pero ya va siendo hora de que los que “no son así” hagan el favor de prestar atención cuando hablamos de estas cosas, en lugar de saltar a decirnos “feminazis”.

 

*     *     *

 

Hace unas semanas fui a una discoteca con mi novio y con dos parejas de amigos, y detrás de nosotros había un grupo como de 12 tipos “rudos” que se creían encantadores, y tuvieron una actitud súper depredadora toda la noche. Nos perseguían al baño cuando íbamos solas, nos agarraban para bailar aunque les habíamos dicho cien veces que no.

Creo que es la primera vez en mi vida en la que sentí que estaba siendo consciente de lo que estaba pasando, y que tenía algo de control en la situación. A uno de ellos lo paré y lo señalé, y le grité que nos dejara tranquilas. Le dije que ya le habíamos dicho que no, que nos dejara en paz. Le dije a los de seguridad y al dueño de la discoteca, y mostraron (¿fingieron?) preocupación. Finalmente no hicieron nada… los tipos nos molestaron toda la noche.

Los hombres con los que estábamos no hicieron nada porque en Medellín hay una historia de violencia muy fuerte, y nunca sabes “con quién te estás metiendo” y puede ser realmente peligroso. Yo traté de hacer algo pero lo que dije no importó, porque soy mujer, y seguramente pensaron que estaba exagerando. No logré nada, ni siquiera cuando fui consciente de que podía —y debía— hacer algo, porque esta violencia está tan normalizada, tan metida en el tejido de la sociedad, que parece que es inevitable, que es imposible de desmantelar.

 

*     *     *

 

Yo me siento afortunada, porque sé que a muchas mujeres les ha ido muchísimo peor que a mí. Me parece tristísima una realidad en la que “sólo” haber sido víctima de acoso es una fortuna, frente a las atrocidades que pasan tantas otras mujeres.

Estoy contando esto aquí, en este blog, porque esto también tiene que ver con la sostenibilidad y con la construcción de un mundo más justo, y porque esta es una plataforma que tengo para hablar de las cosas que me parecen importantes. Y esta me parece esencial.

Muchas mujeres están compartiendo sus historias de acoso y violencia sexual usando #YoTambién #MeToo #MoiAussi. Yo me uno, porque los problemas más peligrosos son los que no se ven, y mientras nos sigamos guardando estas historias solo para nosotras, el resto del mundo seguirá creyendo que la culpa es nuestra por ponernos la ropa que nos ponemos, que somos unas exageradas, que no es para tanto.

No, señoras y señores (incluyo a las señoras, porque conozco a más de una mujer que cree que el feminismo es una idiotez, y no se da cuenta de que al feminismo le debe el hecho de poder compartir su opinión en voz alta). No somos unas exageradas. No nos lo buscamos. Y sí es para tanto… es para mucho más.

#YoTambién he sido víctima de acoso sexual. Y #YoTambién creo que un mundo más justo y más sostenible sólo será posible cuando las mujeres podamos vivir sin miedo. Que la culpa y la vergüenza no sean nuestras, sino de quienes nos acosan.

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Amante de los animales, jardinera amateur, tejedora aficionada, constante viajera, vegana, comprometida con una vida con menos basura y convencida de que la sostenibilidad y la vida buena vienen de la mano.

También soy fundadora y equipo base de Hola eco, un colectivo de blogueras/os con una pasión en común: la sostenibilidad.

38 Comentarios

  1. Wendy C

    Hola Mariana.
    Yo también he sido víctima de acoso, y sólo fui capaz de contarlo hasta hace pocos meses. Cuando tenía once años me dio parálisis facial, y tenía que ir a terapias todos los días. Como era bastante independiente y vivía en un pueblo pequeño (y aparentemente seguro), mis papás me dejaban ir sola a las citas (aunque yo hubiese querido que alguno de los dos me llevara). Una tarde, mientras caminaba hacia la avenida para coger el transporte, se me acercó un hombre joven en una bicicleta. Primero me dijo varias cosas que no entendí, pero luego se aseguró de estar lo suficientemente cerca (mientras yo apuraba el paso y me alejaba con miedo) para decirme que me quería hacer sexo oral (lo dijo con palabras sumamente vulgares). Aún recuerdo con claridad su cara y su voz, incluso cuando han pasado más de trece años. Recuerdo el miedo y el desagrado instantáneo que me hicieron dar la vuelta y caminar de regreso a mi casa, incapaz de estar otro minuto más sola. Cuando llegué, no le conté a nadie lo sucedido, pero como se me notaba que algo me había pasado, inventé un dolor de cabeza que justificaba las lágrimas.
    Tuve miedo mucho tiempo, y también culpa y vergüenza. Caminar sola se volvió un motivo de ansiedad, era una sensación casi incapacitante. Definitivamente es algo que no debe pasar nunca, mucho menos a los once años.

    Te agradezco mucho por ayudar a visibilizar estas situaciones que aún pasan, y que no son ninguna exageración.

    Saludos!

    • Hola Wendy. Lamento mucho que hayas tenido esa experiencia tan terrible, y comprendo perfectamente lo que dices, de sentir culpa y vergüenza. Creo que es algo que tienen en común la mayoría de estas experiencias: que terminamos sintiendo que la culpa es nuestra, que si lo contamos vamos a quedar mal nosotras (y no quienes nos han acosado), y precisamente es por eso que estas cosas se mantienen en secreto. Ese silencio sólo empeora el problema, por eso me pareció tan importante esta campaña/iniciativa.

      Gracias a ti por pasar por aquí a leer y a compartir tu historia.

  2. ¡Hola Mariana! Me tienes al borde de las lágrimas. Muchas gracias por compartir esto.

  3. Laura Jiménez

    Ey, gracias por tu valentía, he visto esta campaña pero yo todavía no soy capaz de contar públicamente mi “yo también” y por eso mismo valoro y admiro infinito a las que lo están haciendo! Como tu dices, es un tema MUY importante, como el de la sostenibilidad, es de esos que hay que poner sobre la mesa así a muchos les parezca incómodo o innecesario, hay que abordarlo con mucha seriedad y sobre todo con mucha fuerza y carácter por parte de nosotras como mujeres. Gracias de nuevo y como siempre por todo, un abrazo!

    • He sabido de muchas mujeres que no se sienten capaces de compartir lo que les ha pasado, y me parece más que comprensible. Este es un tema que mueve muchas emociones, y que nos pone en una situación de mucha vulnerabilidad, y creo que eso no hay que violentarlo.

      Creo que la fuerza de la campaña viene en parte de las historias que se comparten, pero también en otra parte importante del apoyo general, del “yo también” que viene sin más detalles, y de la visibilización de un problema que para parte importante de la sociedad ni si quiera parece que existe.

      Otro abrazo para ti :-)

  4. Liliana

    Hola. A mí también me ha pasado.

    Cuando tenía 8 años, mi mamá me mando a comprar algo en la tienda, yo traía unos shorts y una camiseta. Cuando salí, en la acera de mi casa había un tipo, que cuando me vio empezó a decirme cosas vulgares por la ropa que tenía puesta e intento agarrarme de un brazo, de hecho, sentí su mano en mi brazo, yo me asusté mucho, y logré zafarme y salir corriendo hacia la tienda. El hombre no me siguió. Esperé un rato ahí, mirando si lo volvía a ver; cuando quise regresar a mi casa, lo hice buscando otro camino, pero no vi al tipo, ya no estaba ahí. Cuando llegué a casa, no se lo conté a nadie, me sentía muy mal y avergonzada. Y jamás me volví a poner esos shorts. Cuando me preguntaban por qué no quería volver a ponérmelos decía que era porque ya no me quedaban.

    Cuando tenía 13 años, fuimos a visitar a un hermano medio de mi papá. Me puse a ver televisión, mientras mis papás conversaban con el tío medio y su esposa. En ese momento, entró el hijo de mi tío, mucho mayor que yo y empezó a decirme cosas como que era muy linda, a preguntarme si tenía novio, yo le contesté que no, toda incómoda a la voz y a la mirada que tenía hacia mí. Al contestarle que no tenía, me dijo ¿No? ¿no te gustaría tener un novio? Y le dije que no, negando con la cabeza. Volvió a decirme que porque no quería y le dije simplemente, porque no quiero!! y me salí de esa habitación buscando a mi mamá. Y no me separé de ella y mi papá durante la visita. Tampoco dije nada, porque me sentía mal, aunque sí sabía que el tipo ese estaba siendo insinuante conmigo. Pero nunca más volví a esa casa. Y no sé que es de la vida de ese “primo” ahora, aunque sé de antes que él estaba en situaciones nada lícitas.

    Ya estando adulta, un hombre me dijo vulgaridades sexuales a mi ombligo nada más porque traía una camiseta que apenas lo dejaba ver.

    Es la primera vez que digo o lo escribo, ni siquiera a mis amigas o a las más íntimas, que les he contado muchas tantas cosas, pero esto no. Porque de algún modo me hace sentir mal o víctima o exagerad y eso que no he sido violada. Pero es bueno hablarlo, es bueno decirlo para que veamos que no somos las únicas o que estamos solas, o para que otras que han sido víctimas de una violación se animen a contarlo y acusar a sus agresores.

    • Hola Liliana. Lamento mucho que hayas tenido esas experiencias, y me alegra que te hayas animado a compartirlas. Lo que te pasó es una experiencia real, no eres una exagerada, y creo que eres muy valiente por compartirlo y por sobreponerte a esa sensación de ser una víctima para darle visibilidad a este tipo de cosas.

      Hay gente que pensará que hablar de acoso con estas situaciones es una exageración, pero esa gente no está teniendo en cuenta que el abuso sexual y las violaciones sólo pueden pasar en una sociedad en la que este tipo de actos pequeños, supuestamente insignificantes, se consideran cosas normales de la vida cotidiana.

      Un abrazo, y gracias por pasar por aquí a leer y a compartir tu historia.

  5. Eres tan valiente de poder escribir estas cosas, #yotambién he sido víctima de acoso callejero principalmente, pero una de las cosas que me pasaron, recién me animé a contarselo a alguien a pesar de que me sucedió hace más de 10 años. Otra vez, que un tipo me llamó, se lo había contado a quien era mi novio en ese momento, y más bien se enojó conmigo y me juzgó a mi, quizás por eso nunca me animé a contar de otra cosas que me habían pasado en la calle, ni a él, ni a nadie, hasta hace poco. Gracias por escribir, por hacer este mundo mejor en tantos aspectos, un abrazo!

    • Lamentablemente eso que me cuentas es muy común, y creo que es una de las principales razones por las que las mujeres tenemos miedo de contar estas cosas: lo “normal” es asumir que es culpa nuestra, que “seguramente algo hicimos para provocarlo”. Y no, no es así. No es culpa nuestra… no hay nada que justifique un acto de acoso y mucho menos uno de abuso.

      Otro abrazo para ti :-)

  6. Gracias a gente valiente como tú estos problemas empiezan a tratarse con la gravedad y la seriedad que se merecen. Leyendo tu texto me anima ver que un mundo mejor sí es posible y que está en nuestras manos avanzar hacia él.

    Es una pena que la sexualidad y la violencia sexual no se traten más en los medios ni en las escuelas. Las campañas de concienciación son esenciales.
    Un abrazo,
    Caru

    • Totalmente de acuerdo, Caru. Este es un tema del que es necesario hablar abiertamente, para que todas las personas podamos entender en qué consiste el problema, y cómo podemos empezar a resolverlo colectivamente.

      He notado, con tristeza, que muchas mujeres ni siquiera saben que han sido víctimas de acoso. Piensan que lo que les ha pasado es algo “normal”, parte del funcionamiento de la sociedad. Y bueno, tal vez sea “normal”, pero eso no significa que sea éticamente aceptable, o deseable. La normalidad y la justicia son dos cosas muy diferentes, por eso las campañas educativas en torno a estos temas son tan importantes.

      ¡Un abrazo!

  7. Mariana este post me ha dejado sin palabras. Me parece muy valiente visibilizar y contar estas historias porque como muy bien dices en el post a todas nos han pasado y a todas nos han hecho sentir mal, sucias, rabiosas y lo más grave, culpables. Recuerdo muchas situaciones, desde llegar a unos de mis primeros trabajos y que compañeros de trabajo me miraran de arriba abajo y comentaran delante de mí que tenía cuerpo y cara de niña, tipos que miran fijamente en semáforos y transporte público, personas que se te acercan y te dicen cosas al oído. Comentarios fuera de tono cuando iba tenía con 11 años (por llevar unos pantalones cortos) personas de tu familia que te miran de forma extraña y un largo etcétera…recuerdo una situación parecida a la que comentabas del bar, estabamos un grupo de 8 amigas y vinieron varios tios a hablar con nosotras, educamente les “dijimos que simplemente nos apetecía estar juntas y hablando tranquilas porque hacía mucho que no nos veíamos” un tío al “rechazarle” siguió insistentemente viniendo cada dos por tres a la mesa a hablar con nosotras, a insultarnos, a llamarnos frigidas, etc. Yo en harte y me fui a los porteros y les dije que echara a ese tipo que nos estaba molestando, y le echo. Este es un tema que hay que visibilizar para dar un puñetazo en la mesa y dejar de normalizar ciertas situaciones que no lo son.

    • Lamento mucho que hayas tenido esas experiencias, y más todavía que sean tan comunes :-( Darle visibilidad al problema es parte esencial de la solución, para mí eso está claro… y debe estar acompañado de muchas otras iniciativas, de mejor educación, mejor comprensión de las disparidades de género (que todavía se consideran normales), etc.

      Como dices, es algo que tenemos que dejar de normalizar.

  8. Xochitl

    Hola, yo lo he podido contar pero solo a mi novio, se siente bien que alguien más lo sepa y me apoye. Él dice que le parece sorprendente que eso pase tanto, que si no se lo dijera no lo creería.

    Pero aunque le haya contado lo que me ha ocurrido eso no me da la seguridad para salir a la calle, salgo lo menos que puedo y casi siempre acompañada. Hay ropa que me gustaría ponerme más pero el sentir que llamo la atención me hace no usarla. Ni siquiera son prendas que muestren o que sean sensuales, solo son menos comunes.

    Cuando voy a la escuela lo hago en bici porque estoy harta y también llena de miedo de que los hombres se sientan con derecho de decirte cosas mientras pasas, de saludarte de un modo acosador, de mirarte de forma insistente solo porque pasas por la banqueta en la que ellos están o incluso de tocarte. Cuando voy en bici paso rápido frente a ellos, me concentro en manejar, no distingo lo que dicen, me digo a mi misma que nadie me está viendo, que ese sonido que escuche era dirigido a otra persona o que tal vez lo imagine.

    Me siento tan llena de miedo e inseguridad que recurrentemente pienso que las cosas que percibo me las invento que no puede ser que pasen, que las interprete mal. Me hecho la culpa, me digo cómo crees, ni que estuvieras súper guapa. Y tal vez algunas de esas cosas no pasen o no sean lo que creo, pero el hecho de que ya me hallan sucedido me tiene a la defensiva.

    Esos hombres me asustan. La última vez que algo relacionado me pasó fue hace una semana o quizás un poco más. Esta vez mi bici no me “protegió”. Era un hombre que también venía en bici pero en sentido contrario al mío, cuando nos cruzamos me mandó un beso. En esta ocasión me sorprendí, no sentí enojo como muchas veces, estuve calmada; lo que cual me dió fuerza, me hizo sentir bien que por una vez no me pudiera alterar. Sentía que lo que había pasado esta vez no me quitaba un pedacito de mi, no me hacía querer sentirme más pequeña, invisible. Después al reflexionar sobre lo que había pasado sentí tristeza, me dió lastima imaginar lo que ese hombre ha vivido para llegar a hacer eso; no se que me tendría que haber pasado o de que forma debería ser yo para llegar a hacer eso; para ver a un hombre en bici manejando hacia mí y que cuando estuviéramos el uno frente al otro me atreviera a mandarle un beso y seguir mi camino muy contenta y sonriente en frente de todos.

    Solo les cuento una de las cosas que a mi también me han pasado, una pequeña, las otras no llegan a violación ni se acercan, según yo, pero también me han herido, han hecho que cuide como me visto, que tenga miedo a salir sola, que vaya en bici a la escuela, que dude de mí.

    Ojalá a alguien le sirva lo que escribí. A mi ya me sirvió, cuando leía el post y los otros comentarios me decía a mi misma que no podría hacer algo así. Pero bueno aquí estoy compartiendo lo que soy sintiéndome menos pequeña y más fuerte.

    Gracias por este espacio.

    • Me siento —tristemente— muy identificada con lo que cuentas… con esa sensación de inseguridad constante, y de estar a la defensiva. Aquí en Medellín es súper común que los hombres te digan cosas en la calle (algo que he visto que pasa mucho menos en otros países), y que crean que es un “halago”. En algunas ocasiones me he sentido suficientemente fuerte para enfrentarlos, pero siento que no gano nada… que ellos me ven como a una “histérica” que está sacando todo de proporción, y yo sólo logro quedar más cansada, y más “golpeada” por la situación.

      Es una pena que esto sea tan común, y que todavía tanta gente piense que no es un problema. Yo espero que iniciativas como esta del #YoTambién nos ayuden colectivamente a entender la dimensión del problema, y a abordarlo con valentía, en lugar de seguir escondiéndolo, como si no fuera gran cosa. Las pequeñas violencias son las que permiten un ambiente donde suceden las grandes violencias… por eso es tan urgente enfrentarlas.

  9. Carolina

    Me hizo llorar tu post. Y decidí tomarme un tiempo para llorar antes de comentar.

    Lloré porque yo también he vivido muchas historias. Y con cada una de ellas me siento culpable, porque debí haber hecho algo, porque debí haberlos golpeado, porque debí haberles gritado, porque debí haber hecho tal o tal cosa, pero en esos momentos, exactamente como tú dices, “no creía que pudiera o debiera hacer algo”.

    Siempre me había sentido como una estúpida por no haber reaccionado como hubiera querido, por no haber sabido cómo actuar en esos momentos, por no haber pensado rápido, por haberme paralizado. Hasta hoy no había sido consciente de que a otras mujeres les pudiera haber sucedido igual que a mí. Por eso lloré.

    También lloré cuando dijiste “me siento afortunada, porque sé que a muchas mujeres les ha ido muchísimo peor que a mí”, y yo nunca lo había visto así. Nunca me había sentido afortunada, pero tienes razón. Ahora me siento afortunada, viéndolo desde esa perspectiva me siento mejor.

    Pero entonces lloré por sentirme afortunada, porque es repugnante tener que verlo de esa manera. Es repugnante el acoso sexual.

    Gracias por tu post. Fue horrible leerlo. Y reconfortante también.

    • Me siento muy identificada con lo que dices, con esa sensación de “soy una estúpida por no haber hecho X cosa”. Y es muy triste, porque aparte de que sufrimos el acoso, y nos sentimos culpables y avergonzadas, luego nos sentimos tontas por no “resolverlo”.

      Y el rollo es que igual no lo podemos resolver, no nosotras solas, no si el resto de la sociedad sigue pensando que esto no es un problema. Yo más de una vez he decidido enfrentarme a hombres que me han acosado en la calle, y lo único que he logrado ha sido sentirme peor, que me digan cosas más feas… siento que pierdo el tiempo.

      Como lo dices, es muy triste sentirnos afortunadas por haber sido “solo” acosadas. Para mí, eso hace que sea aún más importante seguir dándole fuerza a este mensaje… sé que hay mujeres que lo han pasado mil veces peor, y que no tienen la oportunidad de hablar, o las herramientas para que realmente las escuchen. Que nosotras (que hemos sufrido “menos”) lo hagamos visible, es una manera de darle voz a ellas también.

      Gracias a ti por leer, y compartir tu historia. Un abrazo.

  10. Andrea Minota

    Hola Mariana. Para comenzar te cuento queo sigo tu blog hace mucho tiempo y lo adoro, pero nunca creí tan vigente comentar en este espacio como hoy. Yo tambien tengo infinidad de historias, pero desde adolescente aprendí a no callarme a causa del miedo. Si bien vivo en Medellín como tú y se bien cual es el contexto de violencia de nuestra ciudad, un día decidí responderle a uno de tantos de esos que acosan verbalmente. No deja de pasar sólo por eso. Pero algunos al menos sienten vergüenza al ser confrontados. Sobre todo cuando es a otra chica la que está siendo víctima.r
    El miedo mío cada vez es menor, y tanto amaría que así fuera con cada chica y mujer que tienen el miedo tan interiorizado y tan normalizadonel acoso.

    • Yo también algunas veces me he sentido capaz de responder. Otras veces, de verdad, el miedo me paraliza. Me aterra pensar en lo que me podría pasar si el acosador en cuestión decide ponerse más violento…

      El tema de la confrontación puede funcionar en unos casos, y —como dices— puede servir al menos para que sientan vergüenza al ser confrontados. Hay otros casos en los que la confrontación directa puede ser realmente peligrosa, y según la situación particular, creo que no vale la pena ponernos voluntariamente en una situación todavía más vulnerable.

      Hay una iniciativa que vi alguna vez, que eran como unas tarjetas para entregarle a los hombres que te hacen sentir incómoda. Es una confrontación más “pasiva”, pero creo que también funciona. Y he visto por ahí también iniciativas de mujeres que empiezan a sacarle fotos a los acosadores, y cosas así. Yo creo que todo eso puede funcionar, pero sí o sí debe venir acompañado de un cambio sistémico, de una comprensión colectiva de lo que implica este problema.

  11. Es increíble como uno se acostumbra y lo acostumbran a que todo lo malo es normal o que todo lo común es normal. Mientras leía se me iban viniendo a la mente historias similares pero que uno se aguanta porque “no es para tanto”, me podrían juzgar o porque en el momento uno queda o.O sin saber que hacer. El mundo necesita más personas con coraje de decir las cosas como son.

    • Tienes toda la razón. Ese “no es para tanto” creo que es muy común, y es parte del problema, además. Yo también he caído más de una vez en esa trampa, en el “no es para tanto” que realmente SÍ es para tanto. Todas esas pequeñas violencias hacen el caldo de cultivo para que existan las violencias más grandes. Que sean cosas “pequeñas” no hace que sean menos importantes.

  12. Michel González

    Cuando tenía 7 años mi mamá se consiguió un novio, este siempre que estábamos solos mis hermanos y yo, a ellos los enviaba a comprar cosas y me dejaban con el, y él siempre me mostraba su pene y me decía que yo era hermosa, que era muy linda, que me quería hacer miles de cosas nunca le dije a mi mamá, porque ella no haría nada y tampoco a mis hermanos porque tenía miedo.
    A los 12 años mi papá me dejó sacar a nuestra perra en ese tiempo estaba viva y era por San Michel en San Javier, y había un taxi parqueado y pase por un lado y me dijo mamasita y cuando lo veo estaba masturbandose dentro del carro yo salí corriendo para la unidad y me puse a llorar, no le dije a mi papá porque me daba miedo de que me gritara, ahora tengo 2 hijas y hago lo mejor que puedo para evitar que ellas pasen cosas así, aunque en esta sociedad es algo inevitable.

    • Ay, Michel, lamento muchísimo que hayas tenido esas experiencias tan horribles :-( Es importante que protejas a tus hijas de esas situaciones, y sobre todo que les expliques que NO es normal, que NO es culpa de ellas, y que lo deben denunciar. Puede parecer inevitable, pero sólo es así porque colectivamente dejamos que siga existiendo esa violencia.

  13. Mariana, muchas gracias por compartir esto. Muchas de esas cosas también me pasaron a mi y no puedo creer como en su momento lo asumí como algo normal, diciéndome a mi misma “así son los manes, no se puede esperar nada más”. Es muy triste darme cuenta como yo, que me considero feminista deje pasar todas estas cosas una y otra vez, sin hacer nada. Gracias mil gracias por tu valentía

    • Exactamente lo mismo he pensado yo: “así son, no se puede esperar más”. ¡Y ahora me parece TAN triste haber pensado eso! Las mujeres merecemos mucho más que eso, y los hombres también. Ellos no tienen que ser así, todo forma parte de esta normalización, de esa educación tan fea que nos dan, donde entendemos que es “normal” que los hombres acosen, y “normal” que las mujeres lo toleremos. Me parece buenísimo cuando los hombres también se dan cuenta de eso, y deciden que pueden ser mucho más que lo “normal” (y bueno, cuando se dan cuenta de que el feminismo no es contra ellos, sino que es una construcción que los incluye).

      Gracias a ti por pasar por aquí a leer.

  14. valeria

    me siento muy orgullosa de este tipo de experiencias porque el solo hecho de escribirlo y recordarlo es volverlo a vivir. Por lo que hemos pasado y por lo que esperamos lograr!
    felicidades.

  15. Natalia

    Hola Mariana,
    Después de leer tu artículo, se empezaron a remover recuerdos en mi mente, que creí que ya había olvidado. Los dejamos en el último rincón, para que no nos molesten o no nos asusten, porque a veces sentimos que pudimos hacer algo al respecto o que fuimos responsables en parte, pero la verdad es que estamos en una sociedad que no nos ha enseñado a enfrentarnos a estas situaciones.

    Recuerdo que cuando tenía alrededor de 10 ó 12 años, vino a casa de visita un primo de mi madre que yo conocía de verlo en el pueblo con su esposa y sus hijos y cuando tuvo la oportunidad de quedarse a solas conmigo intento besarme y tocarme el pecho, yo me escapé como pude y tiempo después se lo conté a mi madre, pero ella o no le dio importancia o no me creyó, por fortuna no tuve que volver a verlo.
    Cuando era adolescente era común tener que enfrentarse a las cosas obscenas que decían los hombres por la calle y lo mejor que podías hacer era correr para llegar pronto a casa y no enfrentarte a ningún otro peligro o cuando en los buses, los hombres se te sobaban, con la excusa de que iba lleno.

    Cuando tenía como 17 años fui una vez al médico, era un hombre mayor que me había visto muchas otras veces y fui a la consulta con un amigo porque nadie de mi casa me había podido acompañar. Mi amigo se quedó fuera de la consulta y el médico que hizo desnudar por completo y ponerme una bata con la excusa de hacerme unas pruebas. Cuando me hizo tender sobre la camilla, me masturbo, yo estaba paralizada de miedo y mientras tanto me preguntaba, que si ya había tenido relaciones sexuales y que si el que había ido conmigo era mi novio. Después de unos momentos reaccioné, le dije que no tenía que hacerme eso, me vestí y salí de allí, pero nunca le había contado a nadie lo que me sucedió.

    Cuando ya era una universitaria, vi como el padre de una amiga, en una fiesta a la que fui a su casa, se me insinuaba y me decía que yo era el tipo de mujer que él necesitaba, por fortuna, ya sabía defenderme y le dije, que no creía que a su mujer le gustara oír eso. En otra oportunidad, el padre de otra amiga, me puso la mano sobre la pierna en un trayecto que hicimos en coche, no supe qué hacer ni qué decir, me quedé de piedra y procuré no volver a verlo nunca, pero me enteré por otra amiga en común, que a ella había intentado besarla y tocarla en varias oportunidades. ¿Qué pasa con estos padres, piensan que las amigas de sus hijas son para su diversión?

    Me marché a vivir a Europa hace varios años, aquí por fortuna, el acoso en la calle prácticamente no existe, por lo menos en las ciudades en las que he vivido. aunque he tenido que conocer a algún jefe cretino que llevaba vídeos de porno y los mostraba como la cosa más normal a las chicas que trabajábamos con él o le oíamos hablar del bonito “culito” que tenía alguna de las candidatas que había entrevistado o de cualquier otro tema sexual que eran sus favoritos cada vez que podía sacar el tema.

    En fin, todas deseamos que ninguna de nuestras hijas, sobrinas, hermanas, tenga que pasar por cualquier situación de estas, es importante educar en el respeto a las mujeres y luchar porque las cosas cambien definitivamente algún día.

    • Natalia, lamento muchísimo que hayas pasado por esas experiencias tan horribles. Como dices, es importante seguir trabajando en la educación, para que dejemos de pensar que esto es lo “normal” y que es inevitable. Hacer visible el problema es definitivamente parte del proceso, y que las mujeres empecemos a aprender a identificar el acoso, que nos acostumbremos a denunciarlo y que entre nosotras (al menos) nos apoyemos cuando estas cosas salen a la luz. Es muy triste ver casos de mujeres que denuncian acoso, y son otras mujeres las que aparecen a restarle credibilidad a las denuncias… si no nos creemos entre nosotras mismas (que hemos vivito todas este problema, de una u otra manera), difícilmente podemos esperar que el cambio se haga real y colectivo.

  16. Lina marcela

    Son muchas las historias que contar , somos muchas las mujeres que hemos pasado por eso y debemos ser muy fuertes, se que lo somos es nuestra naturaleza. Sabemos que debemos cuidar mucho de nuestros hijos enseñarles valores que respeten a los demas pensamientos ,ideologías, religiones etc … y si logramos eso seguro estaremos creando un mundo más seguro para todos. Perdonen si ofendo a alguien pero el feminismo y la ideología de género no deberían existir esas ideas dividen … lo que debemos hacer es hacer las cosas bien y respetar siempre respetar. Con eso es suficiente. no por que seamos mujeres merecemos respeto sino por que somos seres creados por alguien lleno de amor.

    • El feminismo no divide. El feminismo es la idea revolucionaria de que las mujeres somos personas.

      El feminismo es necesario en el mundo en el que vivimos. Porque la sociedad es machista, y terriblemente cruel con las mujeres. Y si no ves eso es que estás ciega.

      Sería todo mucho más fácil si continuáramos sometidas, si siguieramos con nuestra vida de costillas de Adanes, sumisas, tranquilas, comprensivas. Aguantando lo que quiera que los machos dominantes quisieran hacernos. Pero no, nos hemos revelado, y ahora el problema es que dividimos, ahora el problema es que somos unas feminazis que señalamos al acosador y decimos NO. Pues mira, prefiero no tener cerca de mi a gente que piensa que mi ideología feminista es dañina. Prefiero tenerlos lejos.

      MERECEMOS RESPETO COMO CUALQUIER OTRA PERSONA, pero simplemente por el hecho de ser mujeres, NO LO TENEMOS.

    • Lina, yo sé que hay mucha gente que se siente intimidada por la palabra “feminismo” (así como por otras palabras que sirven para designar movimientos de justicia social y/o ambiental), pero creo que eso sólo pasa por una falta de comprensión de lo que la palabra significa. El feminismo no busca dividir, el feminismo simplemente busca hacer visible un problema, y busca mostrar que el machismo nos hace tanto daño a nosotras como a los hombres. Si bien hay personas que promueven el feminismo con prácticas o estrategias que pueden ser cuestionables, es esencial que se acepte que hay un problema histórico de opresión a las mujeres, y que requiere un cambio.

      Por otro lado, todas las palabras, de una u otra manera “dividen”. Decir “mujer” es ponernos en una categoría diferente. Decir “humano” también. Las palabras sirven para designar cosas, somos nosotros quienes decidimos si lo aceptamos como una excusa para la división, o como una invitación a la unión y el trabajo colectivo.

      Saludos.

  17. Lina marcela

    Todos merecemos ese respeto aunque es muy cierto que las mujeres son las más atropelladas con el tema del acoso.

    • Claro que todos nos merecemos ese respeto. Hablar de esto no es decir que sólo las mujeres merezcamos respeto, hablar de esto, y todo el movimiento #metoo es comprobar que todas las mujeres hemos sufrido acoso en mayor o menor medida, y que las que sólo hemos sufrido algún tocamiento o palabras obscenas en la calle, nos sintamos encima afortunadas porque la cosa no ha pasado de ahí, y conocemos a mujeres a las que les ha pasado mucho peor.

  18. Al principio cuando escuche de esta campaña pensé que a mí no me había pasado algo así pero me puse a pensar y en verdad si y muchas veces, a veces no lo comentamos por pensar que tal vez es algo irrelevante. una de esas veces fue cuando era más pequeña; estaba en una sala de espera con una amiga del colegio y estábamos esperando a su tía, cuando salió de la odontología ella salió con su odontólogo y se despidieron después el me pidió que le diera un beso en la mejilla o si no entonces no me dejaría ir y toco mi hombro(lo dijo así y con una sonrisa demasiado incómoda para mi) yo no sabía que hacer ni siquiera lo había visto jamás en mi vida y él estaba literalmente muy cerca de mí, me sentía intimidada y ademas me observaba de una manera muy incomoda, yo me quede pasmada y peor aún hasta pensé si tal vez no fui cordial (pero obviamente nadie te puede obligar a hacer algo que no quieras y más si ese alguien te pide que le beses la mejilla si apenas lo has visto y tienes recién cumplidos 12 años) mi amiga se empezó a reír y eso fue peor para mí pero tal vez ella se burló porque se sentía igual de insegura que yo (además después de eso me dijo que no le gustaba ir a ese lugar por ese señor), su tía fue la que me salvo de ese momento, trato de ser cordial con él y con una sonrisa forzada le dijo que no me molestara y que ya nos íbamos.

    otra vez fue hace un par de años, yo estaba muy enferma en mi casa y en la sala estaba un amigo de mis padres, el era paramedico(siempre que me veía me decía cosas como que niña tan linda, donde esta la hermosa,que princesa; la verdad nose porque era así conmigo yo ni siquiera le dirijia la palabra, no solo me produce repulsión por la forma como me habla sin yo darle confianza sino como me mira y se acerca a mi) y mi mama le pidió que entrara a mi habitación yo no quería pero mi mama estaba ahí conmigo, después no recuerdo que me pregunto y se sentó en mi cama y empezó a acariciarme la mejilla( yo quería que me tragara la tierra), solo duro unos segundos y se fue; siempre que viene de visita trato de evitarlo y no lo he vuelto a ver hace mucho tiempo.

    en fin no todas reaccionamos de la misma manera cuando nos sentimos incomodas, en mi caso me quedo pasmada y por no decir que NO eso no significa que queramos o que nos sintamos conformes.

    • Yo creo que eso que comentas nos ha pasado a muchas. Hace años, cuando a mí me hablaban de acoso, pensaba que era algo que nunca me había pasado… porque no percibía la dimensión del asunto. A medida que he ido aprendiendo más sobre esto, he ido descubriendo que —lamentablemente— el acoso es mucho más frecuente y más común de lo que nos imaginamos, y que efectivamente todas las mujeres lo hemos vivido de una u otra manera, en diferentes niveles de intensidad. Se ha normalizado hasta tal punto, que cuando nos pasa creemos que no deberíamos reaccionar, o tendemos a minimizar la gravedad del asunto (diciéndonos a nosotras mismas que no es para tanto), o escondiéndolo por pura vergüenza, como si fuera culpa nuestra lo que nos ha pasado. Esto es algo que tiene que cambiar, y creo que hablar de cómo pasa nos ayuda a todas/os: a las mujeres, a entender mejor en qué consiste el abuso (¡y que no es culpa nuestra!), y a los hombres a entender la dimensión del problema. Y a todos, de una u otra manera, a ser parte de la solución.

  19. Mariana. Haces muy bien en hacer visible estas situaciones, porque es necesario dejar de normalizarlo. Como mujer, #yotambién he sufrido acoso, muchas veces, y no he hecho nada, porque yo misma le he restado importancia, o porque las otras personas han dicho que incluso “debería sentirme alagada”, o porque, como bien has dicho “no te han hecho nada Realmente”… Durante toda la vida se ha permitido que comportamientos así, hacia las mujeres, se vean como normales. Yo también lo veía normal. Incómodo, molesto. Doloroso. Pero “normal”. Cuando NO lo son. Hace falta visibilidad, y mucha educación. No todos los hombres son así, por suerte, pero es muy necesario que puedan ser empáticos y entender que no es agradable, que es ACOSO. Con todas las letras.

    Gracias por compartir tu historia

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