Voto por las cosas imperfectas

Voto por las cosas imperfectas | Cualquier cosita es cariño

El fin de semana ocurrirá un evento que marcará la historia de Colombia: se definirá, a través de un plebiscito, si los colombianos estamos o no de acuerdo con el recién firmado acuerdo de paz. (Todo esto, aunque no lo parezca, tiene mucho que ver con lo que suelo compartir en el blog. Más abajo vas a ver por qué).

Las redes sociales han estado inundadas de imágenes que promueven el Sí o el No, y se han llenado de tensas discusiones entre familiares, amigos, conocidos y no tan conocidos que defienden uno u otro extremo. Y claro, es que aquí estamos hablando de extremos: el plebiscito no tendrá puntos medios; nada de “voto que no, aunque esta parte sí me gusta”“voto sí, pero no estoy de acuerdo con esto”. En el tarjetón será o lo uno o lo otro. O blanco o negro. Nada de grises.

Obviamente un tarjetón con más opciones sería poco práctico… el conflicto armado en Colombia ya ha sido suficientemente confuso como para enfrentar a la gente con una decisión que considere puntos intermedios. Pero yo creo que el hecho de que el tarjetón diga sólo “Sí” y “No” es también una desventaja: hace sentir a mucha gente como si tuviera que estar total e incuestionablemente convencida con todo el acuerdo para votar por el “Sí”. Y como no hay otra opción, entonces lo que hacen es pensar en votar por el “No”. Y eso, para mí, no tiene absolutamente ningún sentido.

No tiene sentido porque implica caer en la trampa de siempre, en la de “no resolvamos nada hasta que lo resolvamos todo”. Y ya está clarísimo que esa manera de pensar no le hace bien a uno, no le hace bien al planeta y bueno, evidentemente tampoco le hace nada de bien a los procesos de paz.

*     *     *

 

Han pasado más de 50 años de enfrentamientos entre el gobierno y las FARC, con prácticas tan increíblemente atroces como la de los falsos positivos (de la que tienen untadas las manos tanto el presidente actual, el que firmó la paz, como el ex-presidente inmediatamente anterior, que es el principal opositor del acuerdo), minas antipersonas, bombas, balaceras y genocidios. También han pasado varios intentos —fallidos— de negociaciones de paz en gobiernos anteriores y un proceso de desmovilización de paramilitares que tiene un montón de vacíos, y que no se sometió a votación (de hecho, creo que mucha gente ni siquiera se dio cuenta de que sucedió).

A mí me parece normal que la gente no entienda la complejidad de este conflicto (yo tampoco la entiendo del todo), y me parece normal que haya gente que se sienta inconforme con algunos puntos pactados en el acuerdo.

Lo que me parece complicado es que haya gente que crea que la paz, para que pueda existir, tiene que ser “perfecta”, que el acuerdo tiene que gustarnos de comienzo a fin a todos y que los “malos” tienen que ser castigados para que el acuerdo tenga sentido (hay gente que dice que hay que matarlos… básicamente cayendo en lo que le critican a los criminales, que es elegir cuáles vidas valen y cuáles no).

Primero, las cosas perfectas no existen. La paz perfecta, por lo tanto, tampoco. Si va a existir alguna paz, necesariamente va a ser imperfecta, como somos imperfectos nosotros y todo lo que hacemos. Pero “imperfecto” no es lo sinónimo de “mal hecho”, y que sea imperfecta definitivamente no significa que vaya a ser menos valiosa. Como decía mi abuelo: “es mejor un mal arreglo que un buen pleito”, y la paz (sin importar cuán imperfecta sea) va a ser mucho más bonita que esta guerra.

Segundo, es imposible que el acuerdo nos guste a todos. Somos más de 40 millones de personas habitando este pedazo de tierra, y todos tenemos sensibilidades, intereses y experiencias de vida bastante diferentes. Lo que le suena mejor a la gente de la ciudad seguramente no le va a resultar muy conveniente a la gente del campo, y lo que busca resolver los problemas del campo puede que genere algunas incomodidades a la gente de la ciudad. Así son las cosas, hay que aprender a ceder, y a reconocer cuándo nuestras prioridades son secundarias frente a las prioridades de poblaciones más vulnerables.

Y tercero, ¿quiénes son los malos? En la historia del conflicto colombiano han sido “malos” el estado, el ejército, los paramilitares, las bandas criminales, los narcotraficantes (y también los que los financian… sí, los que compran cocaína para pasarlo bien el fin de semana también son parte del problema), la guerrilla, y también todos los ciudadanos que nos hemos quedado cómodos en la ignorancia, y que hemos permitido —con nuestra indiferencia— que este conflicto llegue a las proporciones a las que ha llegado.

Así que todos hemos sido “malos”, pero ni siquiera los más malos son del todo malos, y ningún “bueno” es del todo bueno. Cuando hablamos de “castigar a los malos” estamos actuando como pudiéramos definir quiénes son, y como si no tuviéramos nada que ver con ellos. Como si tuviéramos una razón divina y verdadera, y nuestros motivos fueran incuestionables. Ingenuos a morir.

*     *     *

 

Si no naciste en Colombia, seguramente todo esto del acuerdo de paz te suena lejano y ajeno. Pero para nosotros, los colombianos, este es un momento histórico que está conectado con todo lo que hemos visto (de cerca y de lejos) pasar a nuestro alrededor. Cuando yo nací, por ejemplo, ya llevábamos más de dos décadas de conflicto armado interno (y antes de eso también hubo conflictos que tenían otros nombres). Esta es la única versión de Colombia que yo conozco: la Colombia en guerra.

Y si amplío un poco el marco pasa lo mismo. Esta es la única versión del mundo que conozco: el mundo en crisis. En los dos casos los orígenes del problema son diversos y se pierden borrosos en el pasado mientras se nutren de cosas del presente. En los dos casos los culpables son difíciles de señalar, porque son muchos, y porque también somos nosotros mismos. En los dos casos hay gente que quiere cambiar las cosas aunque sea de a poquito, y gente que se queda paralizada con la idea de que si la solución no es completa y perfecta, entonces no vale la pena hacer nada. En los dos casos hay gente que no sólo no hace nada para cambiar las cosas, sino que gasta su precioso tiempo haciéndole la vida imposible a las personas que están tratando de hacer algo, y exigiendo una perfección que bien saben que ellos mismos son incapaces de alcanzar.

La paz que se acordó no es perfecta, no porque el acuerdo esté mal hecho sino porque (como ya lo dije, y muchos lo sabemos) las cosas perfectas no existen. O bueno, sí existen, pero sólo en la imaginación, y por eso da tanto miedo traerlas a la realidad: porque necesariamente en ese proceso perderán algo de brillo y se convertirán en adaptaciones, versiones “imperfectas” de lo que imaginamos.

La paz “perfecta” ha estado en la imaginación de los colombianos no sé desde hace cuánto tiempo. Eso suena muy bonito, pero el problema es que la paz, cuando está sólo en la imaginación, no sirve para nada. Y ahora tenemos la oportunidad de sacarla de ese encierro y pasarla a la realidad, y supongo que tenemos miedo de pensar en el brillo que puede perder en ese proceso. Tenemos miedo de verla de frente, toda imperfecta, después de tenerla idealizada durante tanto tiempo.

*     *     *

 

Ya lo he dicho antes: le huyo a la trampa del “todo o nada”, creo en el progreso y no en la perfección, y pienso que el mundo va en la dirección en la que nosotros lo llevemos. Por eso el acuerdo de paz me parece regio así como está: imperfecto. Está bien hecho, está firmado, y aunque evidentemente no resuelve todos los problemas de un solo golpe —¿habrá algo en el mundo que lo haga?— sí pone las bases para que empecemos (entre todos) a resolverlos. Qué responsabilidad más grande, ¿no? ¿Será eso lo que a tanta gente no le acaba de gustar… el sentir que parte de la responsabilidad cae en sus manos?

Yo voy a votar por el Sí. Voto por las cosas imperfectas, porque las cosas perfectas no existen, y la promesa de alcanzarlas no nos está motivando a mejorar las que ya están hechas, sino que nos está dejando paralizados sin hacer nada. Voto por las cosas imperfectas porque ya estoy muy grande para los cuentos de hadas y para creer en el “todos fueron felices, y todos los villanos desaparecieron”, y porque quiero creer que soy suficientemente fuerte para asumir la responsabilidad que me toca, para hacer que ese acuerdo pase del papel a la práctica.

Voto por esa paz imperfecta porque la gente que más ha sufrido la guerra en este país está dispuesta a aceptarla así, y este proceso es más sobre ellos que sobre mí. De hecho, pienso que la decisión sobre la paz debe ser un proceso de reconocimiento a las verdaderas víctimas, y nosotros, los que hemos tenido la fortuna de estar “lejos” de la guerra y la hemos visto en TV, debemos apoyar este proceso y hacernos a un lado, y reconocer que éste no es momento para exigir protagonismos que no nos corresponden.

Voto por las cosas imperfectas porque yo también soy imperfecta, y tengo ganas de ver la paz en Colombia después de haberla imaginado tantas veces, aunque eso signifique aceptar que es diferente a como la imaginaba, o menos adaptada a mi medida. Porque entender que la paz que se construye de a poquito, que crece y madura con acciones de todos los días, es también entender que el mundo sólo puede cambiar a través de las cosas cotidianas, y que la única forma de resolver “todo” es empezar por alguna parte, aunque al principio parezca insuficiente.

Me gusta Colombia y me gusta el mundo, y quiero ver una versión de Colombia que no sea en guerra, y una versión del mundo que no sea en crisis. No sé si la vida me va a dar para tanto, pero sé que mientras viva voy poner todas mis energías en hacer lo que pueda para que esas dos cosas sean posibles. Y el domingo voy a tener una oportunidad única, histórica para hacerlo. Creo que nunca en mi vida había estado tan segura de lo que quiero poner en un tarjetón.

*     *     *

 

Hace cuatro años Catalina Ruiz Navarro —una mujer que admiro muchísimo— publicó una columna que se llamaba “lugares comunes“. En la columna había un párrafo que se me quedó marcado a fuego en la cabeza, y que hoy, a 4 días de poder participar en un evento que va a cambiar la historia del país en el que nací, tiene más sentido que nunca:

“Una paz real será vulgar y modesta, sin redobles de tambor ni sonrisas relucientes. De hecho, es probable que sonrisas haya pocas, pues el disenso pacífico implica aceptar con tolerancia posturas incómodas y desagradables, y un esfuerzo personal de cada ciudadano por hacer más flexibles e inclusivos sus acciones y su discurso.”

 

Yo creo que es hora de reivindicar las cosas “vulgares y modestas”, y entender que son esas, y no los finales de cuentos de hadas, las que realmente cambian al mundo.

¿Qué opinas tú? ¡Cuéntamelo en los comentarios!

 

 

Compartir es lindo ♥ Share on FacebookPin on PinterestShare on Google+Tweet about this on Twitter

24 Comentarios

  1. Laurencio

    Vale megusta muchisimo la vision clara y madura de este episodio que viene rayando en la groceria. La refrendacion de los acuerdos vista por extranjeros es un tratado con mucha altura y enmarcado dentto del la legalidad, la paz no tiene dueño es de todos!

  2. Hola Mariana, a pesar de estar lejos leo y sigo con mucho entusiasmo las noticias sobre vuestro proceso de paz. Me emociona pensar que un acuerdo entre partes que han sufrido y perdido tanto en esta guerra sea posible. Creo que Colombia con su paz imperfecta será un ejemplo para muchos conflictos que siguen azotando el mundo.
    Enhorabuena por tu artículo, es uno de los más claros, directos e intensos que te he leído. Un abrazo desde la otra orilla,

    • Ayy, eso espero. Yo creo de verdad que el acuerdo se aprobará el domingo, y creo que, como tú dices, será un proceso muy inspirador para otros países en conflicto. Me alegra mucho que te haya gustado el texto, gracias por pasar por aquí a leer, y por estar atenta a lo que pasa por aquí en estas tierras que te quedan tan lejanas ♥ ¡Un abrazo!

  3. Mariana hola, me encanta la forma como escribes y en este artículo resumes claramente todo lo del proceso de paz e igual que tú, mi voto por el Sí, porque yo también estoy convencida que es el mejor camino, a pesar de las imperfecciones. Ya me cansé de esta guerra absurda y sin sentido. Nos ha llegado el momento de hablar, soñar y vivir la paz, pero claro, esa la construimos todos como colombianos cada día desde que nos levantamos hasta que anochece.

    Gracias por tu increíble artículo.

    • ¡Gracias María Andrea! Me alegra mucho que te haya gustado. Esperemos que el domingo seamos más los que queremos empezar a construir la paz. ¡Saludos!

  4. Andrea

    Yo comparto tu opinión de que nunca estuve tan segura de lo que voy a marcar en un tarjetón como ahora, tampoco creo en las cosas perfectas y como tu blog ¡Cualquier cosa es cariño!

    • ¡Así es! No veo la hora de que sea domingo, en serio, nunca había tenido tantas ganas de ir a votar. Ojalá el resultado del plebiscito nos permita mantener ese entusiasmo por lo que vendrá.

  5. Melania

    Hola Mariana,

    no tengo mucha idea de lo que pasa en Colombia pero por lo que has dicho, espero que se acepte el acuerdo de paz que se ha firmado y que eso lleve a concienciar también a muchas personas para seguir haciendo poquito a poco lo que cada uno pueda.

    Un saludo,
    Melania

  6. Humberto Cardona Orozco

    Por la fuerza y la capacidad que tienes y el deseo de trabajar para transformar las cosas y la manera inteligente y arrolladora con que emprendes los proyectos y los haces realidad, me arriesgo a votar por el SI, porque si hay más gente joven como Tú decidida y con empuje, los mayores tenemos la esperanza en que ustedes pueden construir una Colombia mejor para las generaciones que vienen.
    Te felicito de todo corazón y te mando mientras tanto un abrazo virtual, porque dentro de poco te lo doy personalmente.

    • ¡Gracias Humberto! Qué belleza de mensaje ♥ Un abrazo virtual muy fuerte (y espero el abrazo real muy pronto)

  7. jhonatan tamayo muñoz

    hola realmente suenan muy convincentes las razones que expresas para en algunos casos generar una influencia para el voto del SI, claro que queremos la paz pero eso no debe ser un sinónimo de impunidad, nunca vamos ha encontrar esa paz en un papel, acuerdo,negociación o como le quieran poner a este proceso del gobierno y el grupo revolucionario de las farc los cuales dejaron hace mucho tiempo de ser esto un grupo revolucionario para convertirse en terroristas los cuales se quieren aprovechar del poder que gobiernos condescendientes les dejaron tomar y no solo con armamento sino también con poder adquisitivo, creo firmemente en que ellos deberían pagarle algo a la sociedad por esos más de 50 años que lo único que han causado es daños,muertes,etc.

    cuando entendamos que la paz debe estar en cada uno de nosotros ese día no necesitaremos ningún tipo de acuerdos mientras tanto siempre existirá ese motivo por el cual vivir en guerra

    • Hola Jhonatan. Con respecto a la impunidad, te recomiendo un texto que escribió John Carlin para El País. Al final, dice así: “Los que hoy hacen campaña por el no en el plebiscito colombiano se guían por la venganza que les pide el corazón. Rechazan el frío razonamiento que guió las decisiones de Mandela, cuyo ejemplo a su vez inspiró al presidente Santos. Siempre emotivos, acusan a Santos de ‘traicionar a los muertos’. El mensaje cala. Pero hay otro igual de contundente y casi igual de emotivo en su contra: rechazar la justicia imperfecta de los acuerdos de paz y optar por la vuelta a la guerra significa traicionar a los vivos y a los que están por nacer.”

      El texto completo lo puedes encontrar aquí. Y creo que es una lectura recomendada para las personas que se sienten inquietas con el tema de la impunidad. Para ampliarlo un poco, creo que también vale la pena leer la entrevista que le hizo el New York Times a Humberto de la Calle. Esa la encuentras aquí. Y por último, para ver el ejemplo de una víctima (bastante famosa) de las FARC, que está dispuesta a aceptar el acuerdo “con impunidad”, te recomiendo la entrevista que le hicieron a Ingrid Betancourt. La encuentras aquí.

      ¡Saludos!

  8. Laura Mejía

    Me siento aliviada leyendo algo referente al Acuerdo de Paz sin que haya nombres propios. En este proceso los protagonistas somos todos y tomar partido en él, no significa estar o no con algún personaje (como lo he venido escuchando en toda parte). El enfoque que tiene este artículo tuyo trasciende todos estos prejuicios que nos han llegado de todas las formas, y SI porque cualquier paz irregular va a ser mejor que la guerra.

    Mil gracias Mariana por que encontré aquí todas las palabras que estaba buscando para explicar lo que sentía.

    • ¡Gracias Laura! Me alegra mucho saber que el texto resonó contigo. Espero que el domingo seamos más los que podemos (como dices tú) trascender esos prejuicios, y le podamos dar una oportunidad a la paz (que a la guerra ya le dieron suficientes oportunidades). ¡Un abrazo!

  9. Hola Mariana… Espero que el SI gane y que esta situación de locura empiece a cambiar de manera definitiva…!!!! Cualquier paso hacia la PAZ es mejor… aunque sea un paso imperfecto…. Un abrazo fuerte desde España, y TODAS las energía positivas del mundo…!!!!!

    • ¡Muchas gracias, Esther! Eso espero yo también, con todas mis fuerzas. Un abrazo grande para ti también ♡

  10. Eugenio

    Querida Mariana:
    Te envío un abrazo. Ma conmovió tu escrito (incluso habiendo estado desde siempre por el Sí)

  11. Siempre te leo pero nunca me había atrevido a escribir nada. No porque no me hubiera gustado hacerlo (ya que concuerdo mucho con tu filosofía de vida) sino porque pensaba que no tenía nada lo suficientemente válido que aportar. Hoy sigo creyendo lo mismo pero el hecho de que hayas tocado un tema “muy Colombiano” me lleva a hacerlo.

    Verás soy de Bogotá y llevo no mucho tiempo metida en esto de la blogósfera. Y más que opinar por un SÍ derrotado o un NO que disque ganó, quiero votar por las cosas imperfectas. “(…) Voto por las cosas imperfectas porque ya estoy muy grande para los cuentos de hadas y para creer en el “todos fueron felices, y todos los villanos desaparecieron”, y porque quiero creer que soy suficientemente fuerte para asumir la responsabilidad que me toca (…)”

    Puede que en las urnas haya ganado la sed de venganza que tenemos la mayoría de Colombianos (que irónicamente no vivimos de cerca el conflicto) pero creo que el compromiso para nosotros, los bichos raros, los que somos capaces de tener una visión diferente, aumenta exponencialmente.

    La paz no es algo que tangiblemente se vaya a conseguir. Creo que esa paz que buscas es la que tú mismo te has encargado de perder y que ahora culpas a terceros famosos por dejarla escapar.

    Apostemos hoy por esas cosas imperfectas con las que vivimos cada día y aceptemos que somos únicamente nosotros los que estamos en condiciones de cambiarlas.

    Me encanta lo que haces. Nunca te detengas!

    • ¡Muchas gracias, Geraldinne! Estoy de acuerdo con lo que dices… Y pasa con muchos otros aspectos de nuestra vida: buscamos la “culpa” siempre por fuera de nosotros, como si nada fuera nuestra responsabilidad. Ojalá seamos capaces, colectivamente, de empezar a cambiarlo. ¡Un abrazo!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *