Etiqueta: zero waste

Mi rutina de cuidado capilar

Mi rutina de cuidado capilar

Ahhh… ¡el pelo! Esos espaguetis ultra-delgados que salen de la cabeza y crecen sin parar, que parece que tienen vida propia, que duelen si los arrancas pero no duelen si los cortas (¡menos mal!), que cambian de forma casi a nuestro antojo y se destiñen con la edad. Qué cosa más maravillosa y misteriosa es el pelo, ¿no?

No puedo hablar por todo el mundo… pero sé que la mayoría de personas pasamos por innumerables etapas con el cuidado de nuestro pelo. Yo, por ejemplo, he tenido etapas de usar champú, acondicionador y mascarillas —a veces de la misma marca, porque era lo “recomendado”— para pelo liso, pelo ondulado, y hasta para pelo rizado (lo probé todo tratando de domar el frizz), y también etapas de usar sólo bicarbonato y vinagre blanco (en ese entonces el vinagre de manzana no había entrado en mi radar). Leer +

12 preguntas y respuestas sobre una vida con menos basura

12 preguntas y respuestas sobre una vida con menos basura

La semana pasada te conté lo que hay detrás de mi decisión de dejar de usar una basurera en casa, y empezar a usar un frasco de vidrio para acumular la basura que generamos.

Antes de eso, te invité a que me dejaras tus preguntas sobre el proceso de reducir nuestra basura para responderlas en la publicación, pero resultaron ser tantas preguntas tan interesantes que decidí que se merecían una publicación adicional. Y eso es lo que te traigo hoy. Vamos directo al grano: Leer +

Charlando con: Bea Johnson, de Zero Waste Home

Charlando con: Bea Johnson, de Zero Waste Home | Cualquier cosita es cariño

El 27 de febrero fue la última vez que sacamos nuestro “paquete” de basura. El que tenemos todavía aguanta unas cuantas semanas más, así que oficialmente hemos superado nuestro propio record, y hemos logrado pasar más de seis meses sin llenar nuestra basurera.

Todo esto empezó desde hace tiempo y fue el resultado de la suma entre la preocupación que sentimos R (mi chico) y yo frente a la cantidad de basura que generamos los humanos, la transición de una basurera con bolsa plástica a una forrada en papel periódico reutilizado (que nos llevó a pensar con mucho más detenimiento lo que vamos poniendo ahí) y todos los artículos que empezamos a leer sobre estilo de vida Residuo Cero.

Ha sido un proceso de aprendizaje, y cada vez nos lleva a encontrar más y más maneras de reducir la basura que generamos… se ha convertido en algo así como un desafío personal. En todo caso, no puedo negar que hemos tenido algunos momentos difíciles y frustrantes, que aunque no nos han hecho desistir, sí nos han obligado a re-evaluar algunas de las cosas que estamos haciendo para ir ajustando el camino. Leer +

Mi rutina de cuidado facial

Mi rutina de cuidado facial

Como te había contado antes, cuando era chica sentía una extraña fascinación por los cajones del baño de las mujeres adultas: montones de productos faciales, todos esos empaques, texturas, perfumes, promesas de pieles perfectas; me imaginaba el momento en que los cajones de mi baño fueran como esos, llenos de cremas que salían en las revistas. Cremas que usaban las actrices y modelos. Cremas famosas.

Afortunadamente con el paso del tiempo fui descubriendo que el marketing suele ser un “amante cruel”, que nos enamora sólo para aprovecharse de nuestras debilidades… debilidades que él mismo se encarga de incrementar, repitiéndonos hasta el cansancio que nuestro pelo podría ser más suave y más brillante, que nuestra piel debería ser para siempre joven, y que deberíamos salir corriendo a comprar todo lo que sirva para esconder nuestras manchas, arrugas e “imperfecciones”. De hecho una vez leí una frase (no recuerdo quién la dijo) que me pareció dolorosamente real; era algo así: “si a las mujeres se les enseñara a estar contentas con su aspecto, las más grandes industrias del mundo se irían a la quiebra”. Mal. Leer +

Paso a paso: Champú “el conejo feliz”

Champú en barra "el conejo feliz"

Si me lees con frecuencia, posiblemente a estas alturas ya te has dado cuenta de que tengo una debilidad por probar casi cualquier cosa que implique una reducción en los residuos que genero y en los ingredientes tóxicos con los que mi cuerpo tiene contacto.

Me gusta experimentar, y —sobre todo— me gusta compartir los resultados de esos experimentos para que otras personas puedan sacar provecho de las cosas que yo haya aprendido en el proceso. La publicación de hoy es el resultado de uno de los experimentos que más me ha gustado porque me hizo sentir como si supiera hacer magia jajaja. En serio, creo que con esta receta me he ganado un diploma imaginario de cosmética DIY (hazlo tú mismo). 

Y no me la inventé yo… tampoco me dan para tanto los conocimientos (en ese caso me daría a mí misma un diploma imaginario de alquimista experimental del universo, o algo así), sino que fue una adaptación de esta receta para champú en barra, y la pura verdad es que me atreví a hacerla sólo después de haber leído la Guía básica para hacer jabones veganos de Cocina y divina. Claudia hizo un excelente trabajo explicando el proceso y despejando los miedos que normalmente surgen en torno a la fabricación de jabones, y su guía fue esencial para que me animara a probar. Para complementar lo que estaba aprendiendo, me compré la versión de Kindle de “Smart Soapmaking, donde se explica también con mucho detalle todo el proceso. Leer +

Basura —casi— cero. Lo que hemos hecho, y lo que nos falta por hacer

Basura —casi— cero

El domingo compartí una foto que despertó mucho interés. Era una foto de la basura que R (mi chico) y yo hemos generado en los últimos dos meses y medio, envuelta en papel periódico reutilizado; saqué la foto justo antes de poner nuestro “paquete” en el contenedor de basura del edificio.

Quise compartir la foto porque es la primera vez que usamos papel periódico para envolver la basura (en lugar de la clásica bolsa de plástico) y también porque me sentí feliz de ver que habíamos logrado generar “sólo” ese pequeño bultito. Podría ser más pequeño (y a eso le apuntamos) pero igual es satisfactorio ver el fruto del esfuerzo por reducir nuestra huella de basura, particularmente si comparamos nuestro pequeño paquete con las enormes bolsas llenas de desechos que salen dos veces por semana de casi todos los otros apartamentos del edificio. ¿Y qué nos trajo hasta aquí? Principalmente nuestra preocupación por el impacto negativo que tenemos los humanos en el planeta, pero también un poco de curiosidad, de ganas de probar cosas nuevas y de comprobar que podemos vivir de otra manera.

La verdad es que sólo hasta que descubrimos Trash is for Tossers no fuimos 100% conscientes de todo lo que podíamos hacer para reducir nuestra cuota de basura. Recuerdo la primera vez que leí sobre Lauren Singer y su frasquito de basura, y cómo esa simple —pero poderosa— imagen me llevó a mirar de otra manera mi propio basurero. Hace años que llevo mis propias bolsas cuando voy a comprar, evito los productos con exceso de empaque, rechazo los pitillos y los excesos de servilletas… y la verdad es que sentía que ya estaba haciendo todo lo que estaba en mis manos. ¡Ay, si estaba equivocada! Leer +

Algunas conclusiones de mi “Julio sin plástico”

Empezó Agosto, mes de frío intenso en el hemisferio sur, mes de sol y vacaciones en el hemisferio norte y mes de feria de flores en Medellín (de la cual no me entero porque me escondo como un ratón… no me atraen las multitudes). Todo eso quiere decir que se terminó Julio, un mes que ahora viene con un apellido genial (si estás despistada/o te invito a que te pongas al día aquí) y que me dejó un montón de aprendizajes que llevaré conmigo más allá del límite, donde los meses ya no tienen apellido.

Independiente de si te uniste o no al desafío de Julio Sin Plástico, o Plastic Free July, o #30DíasSinPlástico, es muy posible que en algún momento te hayas hecho preguntas con respecto al uso de ese material o te hayas planteado maneras de controlar su uso.

Yo, durante este último mes, descubrí que el plástico tiene más invadida mi vida de lo que me hubiera querido imaginar, y que a pesar de que hace muchos años me desintoxiqué de las bolsas de plástico, el agua embotellada y los pitillos (cañas, pajitas, popotes, sorbetes…), todavía uso muchas cosas que tienen más empaques de los necesarios, o que se usan y se tiran resultando en un desperdicio de recursos humanos, naturales y artificiales. Pero como bien dice el saber popular, de todo se aprende algo, así que aquí están mis aprendizajes: Leer +

30 días sin plástico + Algunas ideas para que te unas al desafío

Julio ya empezó hace 8 días —momento para pensar cosas como “el tiempo pasa volando” y “feliz 2016″— y, además de marcar el comienzo de la segunda mitad del año, este mes ahora viene con un bonito apellido: Julio Sin Plástico.

Julio Sin Plástico (Plastic Free July) es una campaña que nació en 2011 en los barrios del oeste de Perth, Australia, creada por el Western Metropolitan Regional Council como una manera de educar a la población sobre la importancia de reutilizar. En 2012 se extendió por todo Perth y empezó a despertar interés en el resto del país, en 2013 crearon un sitio web y en 2014 más de 14.000 individuos, organizaciones, escuelas y negocios de 69 países ya participaban activamente en la campaña. Otro gran ejemplo de cómo una pequeña idea local se puede convertir en un movimiento global.

Pero… ¿por qué sin plástico? Como ellos mismos lo explican en su sitio web, porque estamos aumentando masivamente el uso de plástico y porque cada pieza de plástico que se ha fabricado en la historia todavía está aquí con nosotros, ocupando espacio en el planeta, amontonándose en el océano y poniendo en peligro a los animales. El reciclaje es importante, pero nunca va a ser suficiente… y de ahí viene la importancia de campañas como ésta, que buscan resaltar el peligro de los productos de un solo uso y la importancia de rechazar esos productos, reducir su uso, reutilizar cuando sea posible, repensar nuestra relación con los objetos desechables y reparar todo lo que pueda ser reparado. Leer +