Etiqueta: residuo cero

Mi rutina de cuidado capilar

Mi rutina de cuidado capilar

Ahhh… ¡el pelo! Esos espaguetis ultra-delgados que salen de la cabeza y crecen sin parar, que parece que tienen vida propia, que duelen si los arrancas pero no duelen si los cortas (¡menos mal!), que cambian de forma casi a nuestro antojo y se destiñen con la edad. Qué cosa más maravillosa y misteriosa es el pelo, ¿no?

No puedo hablar por todo el mundo… pero sé que la mayoría de personas pasamos por innumerables etapas con el cuidado de nuestro pelo. Yo, por ejemplo, he tenido etapas de usar champú, acondicionador y mascarillas —a veces de la misma marca, porque era lo “recomendado”— para pelo liso, pelo ondulado, y hasta para pelo rizado (lo probé todo tratando de domar el frizz), y también etapas de usar sólo bicarbonato y vinagre blanco (en ese entonces el vinagre de manzana no había entrado en mi radar). Leer +

12 preguntas y respuestas sobre una vida con menos basura

12 preguntas y respuestas sobre una vida con menos basura

La semana pasada te conté lo que hay detrás de mi decisión de dejar de usar una basurera en casa, y empezar a usar un frasco de vidrio para acumular la basura que generamos.

Antes de eso, te invité a que me dejaras tus preguntas sobre el proceso de reducir nuestra basura para responderlas en la publicación, pero resultaron ser tantas preguntas tan interesantes que decidí que se merecían una publicación adicional. Y eso es lo que te traigo hoy. Vamos directo al grano: Leer +

Tres meses sin basurera (y las “trampas” del Residuo Cero de las que nadie te habla)

Tres meses sin basurera (y las "trampas" del Residuo Cero de las que nadie te habla)

Hace un poco más de tres meses que tomé la decisión de dejar de usar basureras en mi casa. Lo que hace 10 años me hubiera parecido una idea absolutamente descabellada, ahora me parece la idea más lógica y más sensata. Hoy quiero contarte un poco más sobre lo que hay detrás de esa decisión.

Todo empezó más o menos en julio de 2015 cuando decidí dejar de usar bolsas de plástico en la basurera de la cocina. Bueno, realmente todo empezó mucho antes (la reducción de residuos ha sido una preocupación que me ha acompañado desde hace muchos años), pero ese fue un punto de giro, pues el hecho de dejar de usar una bolsa de plástico para contener los residuos de mi casa me obligó a ser mucho más consciente de lo que ponía en la basurera, y —como efecto secundario— a observar con mayor detalle cuánto tiempo me tardaba en llenarla.

El 4 de octubre de 2015, es decir, aproximadamente dos meses y medio después de tomar esa decisión, sacamos nuestro primer paquete de basura. Digo “sacamos” porque el contenido no era sólo mío sino también de R, mi novio, con quien vivo. Era literalmente un paquete: envuelto en papel periódico reutilizado en lugar de la convencional bolsa de plástico… daba la sensación de que le esperaba un destino más glamuroso, que íbamos a dejarlo en una oficina de correo o algo así. Pero no: iba a parar al relleno sanitario. Le esperaba el mismo fin que a las otras 1.600 toneladas de desechos que generan al día los habitantes de Medellín. Leer +

Reporte de mi primera merienda de intercambio (+ 5 razones por las que deberías organizar una tú también)

Mi relación con la ropa ha cambiado bastante a través de los años… y de manera muchísimo más marcada desde que empecé a tomar decisiones “radicales” en torno a mi búsqueda de una vida sostenible.

He pasado por etapas de indiferencia casi total (cuando estaba en el colegio prefería usar el uniforme durante todo el día, con tal de no tener que pensar en qué ponerme), etapas de interés moderado (empezando la universidad, cuando no pude acudir más al uniforme), etapas de, digamos, “interés científico” (cuando quise aprender a coser para poder hacer mi propia ropa, y en el proceso descuarticé muchas prendas para entender cómo estaban hechas), etapas de cuasi-obsesión (comprando revistas de moda compulsivamente, viendo desfiles y estando al tanto de cuál modelo desfiló el vestido de quién en el Fashion Week de dónde), y también etapas de simple pereza (que llegan de manera intermitente, cuando quiero que la piyama sea considerada un atuendo apto para salir a la calle). Leer +

Charlando con: Bea Johnson, de Zero Waste Home

Charlando con: Bea Johnson, de Zero Waste Home | Cualquier cosita es cariño

El 27 de febrero fue la última vez que sacamos nuestro “paquete” de basura. El que tenemos todavía aguanta unas cuantas semanas más, así que oficialmente hemos superado nuestro propio record, y hemos logrado pasar más de seis meses sin llenar nuestra basurera.

Todo esto empezó desde hace tiempo y fue el resultado de la suma entre la preocupación que sentimos R (mi chico) y yo frente a la cantidad de basura que generamos los humanos, la transición de una basurera con bolsa plástica a una forrada en papel periódico reutilizado (que nos llevó a pensar con mucho más detenimiento lo que vamos poniendo ahí) y todos los artículos que empezamos a leer sobre estilo de vida Residuo Cero.

Ha sido un proceso de aprendizaje, y cada vez nos lleva a encontrar más y más maneras de reducir la basura que generamos… se ha convertido en algo así como un desafío personal. En todo caso, no puedo negar que hemos tenido algunos momentos difíciles y frustrantes, que aunque no nos han hecho desistir, sí nos han obligado a re-evaluar algunas de las cosas que estamos haciendo para ir ajustando el camino. Leer +

Vinagre aromatizado DIY (y una reflexión sobre la basura)

Vinagre aromatizado DIY

Julio sin plástico ya se está acabando, pero sabemos que este mes era sólo una excusa para pensar más en los residuos que generamos, y llevar los aprendizajes a todos los meses del año. Esta receta puede ser una de tus aliadas para pasar de “julio sin plástico” a “vida sin plástico”.

La basura es un invento de los humanos. En la naturaleza nada se desperdicia, pero nosotros nos la hemos arreglado para inventar productos que tienen vidas más largas que nosotros mismos, y además usamos esos productos inmortales (el plástico, por ejemplo) durante un par de minutos y luego nos deshacemos de ellos como si nada. Ponemos todo nuestro ingenio en extraer cosas de la tierra, fabricar materiales durables… y los tiramos a la basura. Una basura que además, aunque no la veamos todo el tiempo, está inundando el planeta, y —a menos que nos pongamos las pilas y cambiemos nuestros hábitos— terminará por ahogarnos. Leer +

Mi rutina de cuidado facial

Mi rutina de cuidado facial

Como te había contado antes, cuando era chica sentía una extraña fascinación por los cajones del baño de las mujeres adultas: montones de productos faciales, todos esos empaques, texturas, perfumes, promesas de pieles perfectas; me imaginaba el momento en que los cajones de mi baño fueran como esos, llenos de cremas que salían en las revistas. Cremas que usaban las actrices y modelos. Cremas famosas.

Afortunadamente con el paso del tiempo fui descubriendo que el marketing suele ser un “amante cruel”, que nos enamora sólo para aprovecharse de nuestras debilidades… debilidades que él mismo se encarga de incrementar, repitiéndonos hasta el cansancio que nuestro pelo podría ser más suave y más brillante, que nuestra piel debería ser para siempre joven, y que deberíamos salir corriendo a comprar todo lo que sirva para esconder nuestras manchas, arrugas e “imperfecciones”. De hecho una vez leí una frase (no recuerdo quién la dijo) que me pareció dolorosamente real; era algo así: “si a las mujeres se les enseñara a estar contentas con su aspecto, las más grandes industrias del mundo se irían a la quiebra”. Mal. Leer +

Paso a paso: Champú “el conejo feliz”

Champú en barra "el conejo feliz"

Si me lees con frecuencia, posiblemente a estas alturas ya te has dado cuenta de que tengo una debilidad por probar casi cualquier cosa que implique una reducción en los residuos que genero y en los ingredientes tóxicos con los que mi cuerpo tiene contacto.

Me gusta experimentar, y —sobre todo— me gusta compartir los resultados de esos experimentos para que otras personas puedan sacar provecho de las cosas que yo haya aprendido en el proceso. La publicación de hoy es el resultado de uno de los experimentos que más me ha gustado porque me hizo sentir como si supiera hacer magia jajaja. En serio, creo que con esta receta me he ganado un diploma imaginario de cosmética DIY (hazlo tú mismo). 

Y no me la inventé yo… tampoco me dan para tanto los conocimientos (en ese caso me daría a mí misma un diploma imaginario de alquimista experimental del universo, o algo así), sino que fue una adaptación de esta receta para champú en barra, y la pura verdad es que me atreví a hacerla sólo después de haber leído la Guía básica para hacer jabones veganos de Cocina y divina. Claudia hizo un excelente trabajo explicando el proceso y despejando los miedos que normalmente surgen en torno a la fabricación de jabones, y su guía fue esencial para que me animara a probar. Para complementar lo que estaba aprendiendo, me compré la versión de Kindle de “Smart Soapmaking, donde se explica también con mucho detalle todo el proceso. Leer +

Basura —casi— cero. Lo que hemos hecho, y lo que nos falta por hacer

Basura —casi— cero

El domingo compartí una foto que despertó mucho interés. Era una foto de la basura que R (mi chico) y yo hemos generado en los últimos dos meses y medio, envuelta en papel periódico reutilizado; saqué la foto justo antes de poner nuestro “paquete” en el contenedor de basura del edificio.

Quise compartir la foto porque es la primera vez que usamos papel periódico para envolver la basura (en lugar de la clásica bolsa de plástico) y también porque me sentí feliz de ver que habíamos logrado generar “sólo” ese pequeño bultito. Podría ser más pequeño (y a eso le apuntamos) pero igual es satisfactorio ver el fruto del esfuerzo por reducir nuestra huella de basura, particularmente si comparamos nuestro pequeño paquete con las enormes bolsas llenas de desechos que salen dos veces por semana de casi todos los otros apartamentos del edificio. ¿Y qué nos trajo hasta aquí? Principalmente nuestra preocupación por el impacto negativo que tenemos los humanos en el planeta, pero también un poco de curiosidad, de ganas de probar cosas nuevas y de comprobar que podemos vivir de otra manera.

La verdad es que sólo hasta que descubrimos Trash is for Tossers no fuimos 100% conscientes de todo lo que podíamos hacer para reducir nuestra cuota de basura. Recuerdo la primera vez que leí sobre Lauren Singer y su frasquito de basura, y cómo esa simple —pero poderosa— imagen me llevó a mirar de otra manera mi propio basurero. Hace años que llevo mis propias bolsas cuando voy a comprar, evito los productos con exceso de empaque, rechazo los pitillos y los excesos de servilletas… y la verdad es que sentía que ya estaba haciendo todo lo que estaba en mis manos. ¡Ay, si estaba equivocada! Leer +

Algunas conclusiones de mi “Julio sin plástico”

Empezó Agosto, mes de frío intenso en el hemisferio sur, mes de sol y vacaciones en el hemisferio norte y mes de feria de flores en Medellín (de la cual no me entero porque me escondo como un ratón… no me atraen las multitudes). Todo eso quiere decir que se terminó Julio, un mes que ahora viene con un apellido genial (si estás despistada/o te invito a que te pongas al día aquí) y que me dejó un montón de aprendizajes que llevaré conmigo más allá del límite, donde los meses ya no tienen apellido.

Independiente de si te uniste o no al desafío de Julio Sin Plástico, o Plastic Free July, o #30DíasSinPlástico, es muy posible que en algún momento te hayas hecho preguntas con respecto al uso de ese material o te hayas planteado maneras de controlar su uso.

Yo, durante este último mes, descubrí que el plástico tiene más invadida mi vida de lo que me hubiera querido imaginar, y que a pesar de que hace muchos años me desintoxiqué de las bolsas de plástico, el agua embotellada y los pitillos (cañas, pajitas, popotes, sorbetes…), todavía uso muchas cosas que tienen más empaques de los necesarios, o que se usan y se tiran resultando en un desperdicio de recursos humanos, naturales y artificiales. Pero como bien dice el saber popular, de todo se aprende algo, así que aquí están mis aprendizajes: Leer +