Etiqueta: ecología

Charlando con: Bea Johnson, de Zero Waste Home

Charlando con: Bea Johnson, de Zero Waste Home | Cualquier cosita es cariño

El 27 de febrero fue la última vez que sacamos nuestro “paquete” de basura. El que tenemos todavía aguanta unas cuantas semanas más, así que oficialmente hemos superado nuestro propio record, y hemos logrado pasar más de seis meses sin llenar nuestra basurera.

Todo esto empezó desde hace tiempo y fue el resultado de la suma entre la preocupación que sentimos R (mi chico) y yo frente a la cantidad de basura que generamos los humanos, la transición de una basurera con bolsa plástica a una forrada en papel periódico reutilizado (que nos llevó a pensar con mucho más detenimiento lo que vamos poniendo ahí) y todos los artículos que empezamos a leer sobre estilo de vida Residuo Cero.

Ha sido un proceso de aprendizaje, y cada vez nos lleva a encontrar más y más maneras de reducir la basura que generamos… se ha convertido en algo así como un desafío personal. En todo caso, no puedo negar que hemos tenido algunos momentos difíciles y frustrantes, que aunque no nos han hecho desistir, sí nos han obligado a re-evaluar algunas de las cosas que estamos haciendo para ir ajustando el camino. Leer +

¿Eres un “bicho raro”? Tengo algo que decirte…

¿Eres un bicho raro? Tengo algo que decirte... | Cualquier cosita es cariño

Este texto lo compartí hace un par de meses en el correo del Club, y quise volver a compartirlo en este formato más “abierto”, porque pienso que es importante mirar todo este asunto de “ser un bicho raro” o de “no encajar” desde otra perspectiva.

Todo empezó cuando estaba conversando con una amiga, y me dijo algo que ya me han dicho muchas veces: que soy un “bicho raro”. Lo dijo diferente, eso sí, porque me dijo “para mí tú eres normal, pero para la sociedad eres el bicho más raro de todos los bichos raros”.

Sé que no soy el bicho más raro de todos los bichos raros, obvio. Hay gente con ideas y costumbres muchísimo más particulares que las mías. Yo, de hecho, me siento como “del montón”… pero cuando pienso detenidamente en algunos aspectos de mi estilo de vida, me empieza a quedar más claro por qué hay gente que piensa que soy un bicho raro: Leer +

Retroceder nunca, rendirse jamás

Retroceder nunca, rendirse jamás

Antes de decir cualquier otra cosa, debo hacer una confesión: nunca he visto esa película. Recordé el título porque me pareció perfecto para la publicación, y me metí a Wikipedia para descubrir que es protagonizada por Van Damme y es de karate. Yo pensaba que era de gente con pistolas… ahora hasta me dan ganas de verla.

Ese no es el tipo de cine que más me gusta (evidentemente. Si no ya la hubiera visto)… pero eso es completamente irrelevante para lo que quiero decir. El título vino a mi cabeza porque he tenido ganas de escribir sobre la idea de retroceder y rendirse… y fue inevitable pensar en esa película. Me pasa todo el tiempo: pienso en una frase que resulta que está en una canción, se me queda sonando la canción todo el día en la cabeza. Pienso en escribir sobre retroceder y rendirse, me dan ganas de ver una película de karate. Leer +

¿Dónde está el medio ambiente?

¿Dónde está el medio ambiente?

El sábado, en el correo del Club, hablé sobre algo que va a pasar el miércoles afuera del edificio en el que vivo y que me tiene muy triste: van a talar un árbol grande, precioso y sano, porque quieren remodelar una caseta que tiene justo al lado.

Es algo que a mí no me cabe en la cabeza, pero hay vecinos que están contentos porque se imaginan la construcción nueva muy glamourosa y les brillan los ojos pensando en la valorización, y porque las hojas secas que caen del árbol ya no van a “ensuciar” los carros que parquean justo debajo.

Eso hace que me pregunte muchas cosas. ¿Qué va a pasar con todos los nidos que hay en el árbol con sus huevos y sus polluelos? ¿Dónde se van a parar a descansar y a conversar todos los siriríes, los bichofués, los pericos carisucios, y todos los otros animales que hacen de ese árbol su hogar? ¿Cómo están organizadas las prioridades de las personas que decidieron cortarlo? ¿En qué momento empezamos a darle más valor a un par de muros y a un trozo de lata que al ecosistema completo que representa un árbol?

Me podría quedar todo el día especulando con las respuestas, pero me voy a ir directo a una que creo que puede explicar ésta y muchas otras situaciones: no sabemos dónde está el medio ambiente, y por lo tanto no tenemos ni idea de por qué deberíamos preocuparnos por cuidarlo. Creemos que es algo lejano y ajeno, que está en los bosques o en el Amazonas; que tiene que ver con delfines y gorilas pero no con gallinas o con vacas, y muchísimo menos con nosotros. No entendemos que el medio ambiente está en ese árbol y en los bichos que lo habitan, pero también en nuestros pulmones, en nuestro cerebro, en nuestras uñas y en las bacterias que viven en nuestros intestinos. Leer +

5 mitos y verdades sobre la sostenibilidad

5 mitos y verdades sobre la sostenibilidad

Ahhhh, la sostenibilidad. Esa palabra manoseada que se aplica como si fuera un bálsamo mágico en las etiquetas de los productos para que compremos sin sentimiento de culpa, de la que se habla cada vez más en los periódicos, en las películas y en los blogs (¡holi!).

No es una palabra nueva, pero últimamente da la sensación de que aparece en todas partes (obviamente estoy sesgada, pues yo busco información sobre este tema constantemente, así que “me lo encuentro” por doquier).

Y a mí me alegra, de verdad, me parece importantísimo que la sostenibilidad sea tema de conversación, que adquiera su merecidísimo papel protagónico… pero en el fondo también me asusta que —como ya lo dije antes— le pase lo que le pasa a los protagonistas de telenovela: que sea explotada por los medios para aprovechar hasta el último centavo que pueda producir por medio del marketing, que sea juzgada por los aspectos más superficiales, y olvidada cuando llegue otra palabra más llamativa.

Así que, asumiendo la responsabilidad que me toca con respecto a la sostenibilidad (al fin de cuentas tengo un blog en el cual es absoluta protagonista), quiero abordar algunos de los mitos y verdades de los que más comúnmente es víctima. Podrían ser 50, ó 500, pero creo que con estos cinco cubrimos al menos una parte importante del terreno. Leer +

Una idea para el día de la Tierra: salir de la zona de confort

Una idea para el día de la Tierra: Salir de la zona de confort

Hace un año compartí una lista con 5 hábitos esenciales para una vida más sostenible. Hoy me uno a varias de mis colegas de Hola eco para invitarte a aplicar diferentes ideas que buscan que la Tierra se celebre de manera cotidiana.

Tengo clarísimo que el día de la Tierra no alcanza: tiene que ser toda la vida, todos los años, los meses y los días (con banda sonora y todo). Por eso lo que quiero compartir no es una acción que sólo vale para hoy, sino una invitación para cambiar nuestra manera de pensar y de ver el mundo que podamos seguir cultivando de ahora en adelante.

Y sé que tampoco alcanzan los esfuerzos de una sola persona… por eso nos unimos desde Hola eco con “Ideas para el día de la Tierra” —nuestra primera publicación colaborativa— para compartir una serie de ideas que abordan la sostenibilidad desde diferentes perspectivas, que se nutren mutuamente y se complementan. Como tiene que ser :-)

Mi idea para el día de la Tierra parece sencilla pero a veces puede ser súper difícil: salir de la zona de confort. Es una sola frase, una sola tarea… da la sensación de que es cuestión de ponerse a ello y se logra. Pero no. La zona de confort está al acecho donde menos lo esperamos, manteniéndonos en una neblina que nos hace creer que todo está bien y que evita que nos movamos a otras zonas… mas incómodas tal vez, pero mucho más interesantes y estimulantes. Leer +

Entre el miedo y la esperanza

Entre el miedo y la esperanza

Anteayer se celebró el día mundial de la educación ambiental. No sé qué signifique eso (supongo que es una excusa para hablar del tema y esa es una buena razón para que exista), pero yo voy a aprovecharlo para hablar sobre el aprendizaje, el miedo y la esperanza.

La última semana he tenido varios días de esos en los que uno siente que está siendo víctima de un experimento psicológico de Facebook (que ya sabemos que los hacen, así que no sería ninguna novedad). Eso, o las noticias del mundo han estado especialmente deprimentes y mis contactos en la red social han estado particularmente interesados en compartirlas. O sencillamente yo he estado leyendo más noticias de la cuenta, más de las adecuadas para mantener algo de salud mental.

Entre la sequía que azota a Colombia (y a muchos otros países), el Fenómeno del Niño —que la NASA afirma que puede ser el más devastador de la historia—, el Ministro de Medio Ambiente de Colombia que no tiene ni idea de dónde está parado, el oso de anteojos que mataron en Chingaza, las malas prácticas de Nestlé (que ya son cuento viejo), los cachalotes que quedaron varados en las playas de Inglaterra (y que la gente usó para tomarse selfies y hacer grafitis), la basura plástica que en poco tiempo va a ser más abundante que los peces, lo ilógicos que son los zoológicos y las reacciones de la gente ante todo lo que pasa: entre la burla, la indiferencia y el desprecio… todo me va llevando a una espiral de desesperanza, tristeza e impotencia. Leer +

5 cosas que no haríamos en casa (pero se las hacemos al planeta)

5 cosas que no haríamos en casa (pero se las hacemos al planeta)

Hay algo que siempre me pregunto cuando veo a alguien tirando basura en la calle: ¿hará lo mismo en su casa? Seguro que no… y seguro que no soy la única que se hace esa pregunta.

Tenemos una enorme dificultad para conectar las acciones pequeñas y las grandes, lo que le hacemos al planeta y lo que nos hacemos a nosotros mismos, lo que hacemos en casa y lo que hacemos en la calle; y yo pienso que en esa dificultad para conectar está la base de todo el problema, la raíz de nuestras crisis humanitarias, sanitarias y ambientales. Sí, NUESTRAS, porque nosotros las hemos generado y está en nuestras manos resolverlas.

Yo creo que es una cuestión de proporciones. Somos muy buenos entendiendo cosas que se acercan a nuestro tamaño y a nuestra comprensión del tiempo y el espacio, pero nos cuesta mucho trabajo entender lo que pasa fuera de esos límites… por ejemplo la larga distancia (aunque estemos constantemente “conectados”), el gran panorama y el largo plazo. Por eso creo que es importante hacer el ejercicio de cambiar las proporciones para analizar lo que estamos haciendo y darle un poco de perspectiva al asunto. Y de ahí sale esta lista de cinco cosas que no haríamos en casa, pero que le hacemos al planeta Tierra… sé que podrían ser muchas más, pero con estas empezamos a cubrir un terreno considerable: Leer +

Todo está conectado (y me gusta jugar a demostrarlo)

Todo está conectado, y me gusta jugar a demostrarlo

Creo que desde siempre he disfrutado buscar conexiones entre las cosas, pero recién en los últimos 5 años he empezado a ser realmente consciente de CUÁNTO me gusta. Hubo un momento particular en el que empecé a notarlo: fue cuando estaba estudiando tipografía, y tenía un profesor de esos que son geniales pero de verdad geniales, y que sabía de todo y empezaba la clase hablando sobre las vacas, después hablaba sobre los árabes, sobre alfarería, sobre los pies de los reyes y las letras, y hacía que todo, TODO, tuviera sentido. Todo se conectaba, y me parecía fascinante.

Empecé a disfrutar cada vez más esto de encontrar conexiones (las evidentes y las no tanto), y empecé a hacerlo de manera más consciente, casi como un pasatiempo. Hace un par de años participé en Lo doy porque quiero (un proyecto que me encanta, y que consiste en que la gente va y comparte sus habilidades, experiencias, conocimientos, gustos o aficiones, todo por el puro amor al conocimiento y las ganas de compartir) con una charla que se llamaba “Conexiones aparentemente aleatorias entre cosas aparentemente insignificantes”, para la cual me puse el ejercicio de empezar a conectar ideas sin ningún orden o tema en particular para encontrar la manera en la que se relacionaban. El resultado me gustó mucho y aprendí un montón de cosas preparando (y haciendo) esa charla. Leer +

La casa en llamas + un micro-test de personalidad

Con cierta frecuencia me detengo a revisar el camino que he recorrido en mi búsqueda de una vida más sostenible. Lo hago porque pienso que es importante recordar que he pasado por varias etapas, que el “paso a paso” es importante, que de verdad los pequeños gestos cuentan, que he aprendido un montón y, sobre todo, que me queda mucho por aprender. En ese sentido, revisar el camino es una tarea gratificante y estimulante.

También me parece importante recordar que las cosas y las personas cambian. Hace unos años mi preocupación por la sostenibilidad era, digamos, más ingenua… pero he tenido la capacidad de adaptarme —y con relativa rapidez— a los nuevos aprendizajes llevando esa preocupación a convertirse en uno de los ejes de mi vida, uno de los temas que más me mueven y una de mis principales fuentes de inspiración para el trabajo y la vida cotidiana (y obvio, este blog). Verlo de esa manera me hace ser consciente de que el cambio no fue inmediato, y por lo tanto no tiene sentido esperar que sea así para otras personas. Todos desarrollamos sensibilidades diferentes y nos adaptamos al cambio a diferente velocidad; lo importante es que ese proceso siga su curso, enfocándose siempre en el progreso y no en la perfección. Leer +