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¿Te preocupa el medio ambiente? Entonces esto te interesa…

Si eres lector/a frecuente del blog, puedo asumir con confianza que eres una persona que siente algo de curiosidad por la idea de llevar una vida más sostenible, y tienes—o estás desarrollando— al menos algo de sensibilidad en torno a los temas de protección del medio ambiente. Si es así, esta entrada debería resonar con potencia en tu cabeza y llevarte un paso más adelante en esa búsqueda de reducir tu impacto negativo en el planeta.

Cuando hablamos de medio ambiente y de sostenibilidad estamos hablando de todo: de las personas del campo y de la ciudad, de los animales, de las plantas, las selvas, los desiertos y los mares. Nuestras costumbres más arraigadas, nuestros hábitos recientes, lo que compramos o dejamos de comprar, cómo nos vestimos, la manera en la que nos transportamos, dónde vivimos, cómo trabajamos y hasta la relación que tenemos con nuestros vecinos tienen impacto —positivo o negativo— en nuestro entorno y en el bienestar de las personas y los animales, y todo eso tiene el potencial de preservar o destruir el medio ambiente que nos sustenta. Y sí, es que es el medio ambiente es el que nos sustenta, no es la plata ni la sociedad… sin agua potable, sin aire limpio, sin suelo fértil para cosechar nuestros alimentos, sin árboles que conviertan el dióxido de carbono en oxígeno, sin capa de ozono que nos proteja, no habría ciudad, ni familia, ni dinero suficiente para sobrevivir. No es una cuestión de opinión: el medio ambiente es esencial, te sientas o no inclinada/o a protegerlo.

Todas esa cosas tienen impacto en el medio ambiente; sin embargo pocas cosas (si es que acaso alguna) tienen tanto impacto en nuestro entorno como lo que comemos, y es por una simple razón: somos más de 7 mil millones de humanos, y todos necesitamos comer para sobrevivir, y todos necesitamos comer varias veces al día. Hay muchas —demasiadas— personas en el mundo que no pueden cubrir esa necesidad básica, pero ya llegaremos a eso. Por ahora quedémonos con esa idea: no hay nada en el mundo que consumamos con mayor frecuencia que alimentos. No hay nada que nos una de manera más básica con todos los demás seres humanos. No todos tenemos carro, no todos compramos ropa con frecuencia, no todos tenemos aparatos tecnológicos… pero todos, TODOS, comemos. Si no comemos, morimos. De nuevo, no es una cuestión de opinión.

Este es el momento en el que paso a una verdad lamentable e incómoda: tú y yo tenemos cubiertas nuestras necesidades básicas de alimentación, pero una de cada nueve personas en el mundo no tiene suficiente comida para tener una vida saludable y activa. Y puede que pensemos que es porque somos muchos, y que es imposible alimentar a tantas personas… pero ese no es el caso. La verdad es que se produce suficiente comida para alimentar a 10 mil millones de personas, pero una tercera parte de esa comida se desperdicia. Hay muchos nodos problemáticos en todo el proceso de producción, desde descuidos en la cosecha y el transporte, problemas de control en los centros de distribución (plazas y supermercados), y manejo irresponsable de recursos disponibles en la vida cotidiana, por mencionar algunos. Pero no es de eso que voy a hablar en este momento.

gráfico hambruna y desperdicio de alimentos

Voy a hablar de otra verdad incómoda: el problema del hambre no es una cuestión de escasez, sino una cuestión de inequidad y de ineficiencia en el uso y distribución de recursos. Por ejemplo: el 50% de la producción de granos en el mundo se usa como alimento para ganado y un enorme porcentaje de niños famélicos vive en países donde la comida se usa para alimentar animales que se después se podrán comer sólo las personas que tienen mayores recursos económicos. Es decir, en lugares donde hay suficiente alimento para que la gente no muera de desnutrición, se usa ese alimento para producir la carne que se van a comer unas personas que igual tienen recursos para comer cualquier otra cosa. Eso es una injusticia, por decir lo mínimo.

Gráfico granos y cereales usados en ganadería

Y esto me lleva a otro asunto problemático para la humanidad: el uso del agua. En un planeta que es 70% agua, pensaríamos que tenemos recursos hídricos hasta el infinito y más allá, pero el asunto no es tan sencillo. De hecho, el 97% del agua del planeta es agua salada (es decir, no es apta para nuestro consumo), y sólo entre el 2,5 y el 2,75% es agua dulce, incluyendo un 2% que está congelada en glaciares, hielo y nieve… es decir, contamos con una cantidad muy limitada de agua apta para consumo humano, y la estamos derrochando y contaminando a una velocidad vertiginosa.

gráfico agua dulce en el planeta

Pero ¿quiénes la estamos contaminando y derrochando? ¿Será que es eso está pasando porque tomamos duchas muy largas? Emmm, NO. La ONU afirma que entre un 70 y 80% del agua dulce se usa para fines agropecuarios, un poco menos del 20% se usa en la industria y apenas un 6% corresponde al uso doméstico. La ganadería es responsable de entre un 20 y un 30% del consumo de agua dulce en el planeta [1, 2, 3], y en esas cifras no se está teniendo en cuenta la cantidad de agua que se requiere para convertir a una vaca que toma agua (MUCHA agua) en un producto alimenticio procesado. Se necesitan cerca de 9.500 litros de agua para producir 500 gramos de carne de res [1, 2, 3, 4], más de 1.800 litros de agua para producir una docena de huevos, casi 3.400 litros de agua para producir una libra de queso y alrededor de 1.000 litros de agua para producir 1 litro de leche. Suena bastante ineficiente, ¿no?

gráfico uso del agua en producción de carne

El problema de la ineficiencia no para ahí. La ganadería requiere el uso de terrenos enormes (sin contar la cantidad de terrenos que se usan para cultivar alimentos que están destinados exclusivamente a alimentar a los animales que se usan en ganadería), tanto así que se estima que el ganado ocupa el 45% de la superficie total de la tierra [1, 2]… esto quiere decir que nosotros, los humanos, hemos desplazado a la fuerza a millones de otros animales para abrir terreno para los animales que específicamente queremos usar como alimento. Y eso de que los hemos “desplazado” no significa que los hemos llevado amigablemente a otros lugares, sino lentamente los hemos ido acorralando en áreas cada vez más pequeñas y hemos asesinado a todos los que se han puesto en nuestro camino. Para que te hagas una idea más clara de lo que te estoy hablando, se estima que la ganadería es responsable de el 91% de la destrucción de la Selva Amazónica [1, 2] y como si eso fuera poco, está comprobado que la ganadería es la principal causa de la extinción de otras especies, zonas muertas oceánicas o hipoxia, contaminación del agua y destrucción de hábitats [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8].

gráfico deforestación de la amazonía

El impacto de la chuleta que te preparas para la cena va mucho más allá de la destrucción del Amazonas (aunque probablemente esto debería ser suficiente motivación para considerar otras opciones alimenticias), pues la cantidad —y el tipo— de desechos que produce la industria de la ganadería ha generado más de 500 zonas inundadas de nitrógeno en los océanos del mundo. Suena sorprendente pero viene de una cosa realmente muy simple: las vacas, los cerdos y los pollos, como nosotros, liberan los desechos de su proceso alimenticio. En otras palabras: los animales también cagan. Y cagan mucho, muchísimo más que los humanos. Una granja con 2.500 vacas genera la misma cantidad de desechos fecales que una ciudad de 411.000 habitantes. Sólo en Estados Unidos, cada minuto se producen 3.500 toneladas de caca de vacas, cerdos, pollos y pavos… y por supuesto, las granjas no tienen baños, letrinas ni plantas de procesamiento de agua; es decir, estamos literalmente inundando los ríos y los océanos con la caca de los animales que después servimos en la mesa [1, 2, 3].

gráfico caca de vaca vs. caca de humano

Todo hasta aquí apunta a que las vacas tienen la culpa de todo, pero no nos podemos olvidar de que las vacas ocupan el espacio que ocupan, comen todo lo que comen y cagan todo lo que cagan porque nosotros tomamos diariamente la decisión de alimentarnos a costa de ellas, cuando podríamos elegir otro montón de cosas. Ahora, nuestra afición por los chorizos, los chicharrones y el pollo asado no es la responsable exclusiva de todos los problemas sociales y ambientales que enfrentamos en la actualidad; de hecho nuestro gusto por el sushi y otros amigos de la sirenita también está poniendo su grano de arena para llevar a nuestro planeta al caos… así que si piensas que el pescado es una alternativa sostenible, te tengo malas noticias. Se estima que un 75% de las pesquerías mundiales están agotadas, y diversos estudios advierten que para 2048 podríamos ver océanos sin peces [1, 2, 3]. Y aquí nos volvemos a encontrar con un asunto de eficiencia: se desecha aproximadamente el 40% de lo que se pesca mundialmente al año [1], y por cada kilo de peces atrapados para consumo humano, se atrapan 5 kilos de otras especies marinas (tortugas, delfines, tiburones, ballenas…) que se vuelven a tirar al mar cuando ya están muertos y se consideran “muertes incidentales”. De hecho, estudios científicos afirman que los barcos pesqueros matan aproximadamente 650.000 ballenas, delfines y focas cada año [1, 2, 3, 4].

Gráfico muertes incidentales industria pesquera

La hambruna mundial, el derroche de agua dulce, la extinción masiva, la deforestación incontrolada, y el envenenamiento y la muerte —nada lenta— de los océanos no son el panorama completo. Nuestro planeta está cambiando químicamente, o, para decirlo de manera más poética, estamos convirtiendo a nuestro planeta en una bomba de tiempo. La salud y el funcionamiento normal de todos los ecosistemas interconectados e interdependientes que cubren la tierra dependen, en gran medida, de un delicado equilibrio en las temperaturas. La temperatura afecta el movimiento de las corrientes de aire y las corrientes oceánicas, el ciclo del agua, la nutrición y renovación de los suelos, el curso de los ríos y los niveles del mar. Seguramente ya has oído hablar del cambio climático y del calentamiento global y posiblemente también has oído algo sobre el papel que tiene el CO2 en estos procesos, así que no me voy a extender con los detalles básicos… pero algo que posiblemente no sabías es que hay otros compuestos químicos que tienen un papel incluso más importante: el metano (86 veces más potente que el CO2 en el proceso de calentamiento global) y el óxido nitroso (296 veces más destructivo que el CO2, y con la capacidad de permanecer en la atmósfera por 150 años). La ganadería es responsable del 51% de la producción total mundial de gases de efecto invernadero [1], es decir, nuestras preferencias alimenticias tienen más impacto en el clima del planeta que todos los carros, motos, trenes, barcos y aviones combinados [1, 2, 3]. 

gráfico gases efecto invernadero

Hasta aquí no he entrado en detalles sobre los problemas de resistencia a los antibióticos y el desarrollo de bacterias híper-resistentes (el 80% de los antibióticos comercializados en EEUU se destinan al ganado), ni sobre los asuntos de salud pública relacionados con el consumo excesivo de proteínas y grasas de origen animal (enfermedades cardiacas, diabetes, obesidad, etc.), ni sobre los más de 1.000 activistas que han sido asesinados en Brasil en los últimos 20 años por tratar de evitar que el Amazonas se convierta en tierra de pastoreo [1, 2], ni sobre los innumerables conflictos sociales que se desprenden de los problemas generados por nuestra obsesión con la carne (algo que revisa cuidadosamente la ONU en su informe “La larga sombra del ganado“). No lo he hecho, ni lo voy a hacer, porque hasta donde vamos ésta ya ha sido la entrada más larga que he publicado en el blog, y toda esa información está disponible para quien esté interesado en obtenerla (la buscarán, obviamente, aquellos que estén dispuestos a cuestionarse y salir de la zona de confort).

He dejado por fuera de esta publicación —deliberadamente— todos los datos de maltrato animal y de las atrocidades a las que sometemos a los miles de millones de animales esclavos de la industria alimenticia. Lo he hecho porque quiero que quede absolutamente claro que el consumo de productos de origen animal es un problema que va kilómetros más allá de un asunto de derechos de los animales (a pesar de que esa haya sido para mí la principal motivación). Muchas personas creen que no comer carne es un asunto romántico de amor a los animales, pero están dejando por fuera una parte gigantesca del panorama. Si no te importa nada de nada lo que le hacen a las vacas, los cerdos y los pollos, es posible que sí te preocupe la idea de que cada segundo se destruye una hectárea de la selva amazónica para destinarla a ganadería. Si no te importa la selva amazónica, tal vez te preocupe la pérdida de biodiversidad y el consiguiente desequilibrio ecosistémico; o tal vez te importe la idea de que miles de personas se quedan sin agua dulce por el uso indiscriminado que hacen ésta y otras industrias. Si te da igual el agua, tal vez te preocupen los conflictos sociales que se derivan de la hambruna y de las crisis ecológicas que se hacen cada vez más frecuentes por la escasez de alimento o por la frecuencia de los desastres naturales relacionados con el cambio climático. O tal vez te importen las 650.000 ballenas, focas y delfines que mata la industria pesquera cada año. Si no, quizás al menos te preguntes si el planeta se va a inundar con caca de vaca. Si no te importa nada de eso, no sé qué haces leyendo este blog.

Pero hay opciones más eficientes...

No me quiero despedir sin hablar de las opciones eficientes. Si hay algo en lo que creo profundamente es en la importancia de cuestionar todo lo que damos por hecho mientras, a la vez, proponemos alternativas. Quejarse por quejarse y cuestionar sin proponer no nos va a llevar a ningún lado. Así que aquí van unos cuantos datos más:

Cada día, una persona que siga una alimentación vegana ahorra más de 4.000 litros de agua, 20 kilos de granos y cereales, 3 metros cuadrados de selva, 10 kilos de CO2 y salva la vida de un animal. Quienes siguen una alimentación vegana usan una onceava parte de la cantidad de petróleo, una treceava parte de la cantidad de agua y una dieciochoava parte de la cantidad de terreno que usa un omnívoro para cubrir sus necesidades alimenticias [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7]. En una hectárea de terreno se pueden producir 18 toneladas de vegetales, pero si usas ese mismo terreno para ganadería sólo puedes producir 93 kilos de carne [1, 2, 3]. Un vegano necesita 674 metros cuadrados de terreno para alimentarse durante un año, un vegetariano necesita 3 veces eso y un omnívoro necesita 18 veces más terreno que un vegano. Se puede producir 15 veces más proteína de origen vegetal en un área determinada que la que se puede producir de origen animal [1].

infografía datos alimentación vegana

Por último, y porque he descubierto que es esencial hacer este tipo de aclaraciones para atajar al menos un poco las posibles reacciones negativas —y hasta agresivas— de quienes no se sienten cómodos cuando alguien más los lleva a cuestionar lo que hay en sus platos, quiero que quede claro que no estoy afirmando que ser vegano sea la única solución. Sería hermoso (tengo que admitirlo) pero sé que no todos desarrollamos las mismas sensibilidades ni reaccionamos a ellas al mismo tiempo. Sin embargo sí estoy afirmando que es necesario entender mejor lo que pasa detrás de lo que comemos y la intrincada cadena de problemas que surgen por la que aparentaría ser una inofensiva decisión alimenticia.

No es sólo un asunto de vacas y cerdos y pollos, no es un mero asunto de amor a los animales. Nuestra dieta hiper-cárnica le está pasando la cuenta al planeta, a las poblaciones más pobres y las que viven en zonas más vulnerables a conflictos generados por acceso a recursos y por desastres naturales. Le está pasando la cuenta al océano y, al paso que vamos, comer pescado ni siquiera va a ser una opción, porque no va a haber más pescado. Le está pasando la cuenta a la biodiversidad, y en unas décadas todos los animales y las plantas increíbles que habitan la tierra van a existir si acaso en las láminas del álbum de Jet. Le está pasando la cuenta al agua y al aire, y al delicado equilibrio de temperaturas del planeta. La cuenta, no te quede ni una sola duda, la vamos a pagar todos. Eso: con esta publicación no estoy afirmando que ser vegano sea la única solución, pero sí estoy invitándote a que mires tu plato, a que pienses si realmente necesitas comer tanta carne, tantos huevos y tanta leche, a que te preguntes si en un planeta con 7 mil millones de habitantes (y en aumento constante) es sensato y sostenible que comamos las cosas que estamos comiendo. Eso es todo.


 

Estas cosas que planteo aquí no son mi opinión, son hechos comprobados y medidos (puedes remitirte a todos los documentos y estudios enlazados), pero aún ante toda la evidencia algunas personas afirman que es una cuestión de opiniones. Las opiniones son diferentes a los hechos… la opinión de la gente —incluida la mía— es irrelevante frente a las evidencias. Yo puedo opinar que la gravedad no existe, o puedo opinar que el agua no moja. Eso sí, sé que a veces las evidencias son demasiado incómodas para tragar de un solo bocado.

Si piensas que una alimentación híper-cárnica es tan sostenible y tan eficiente como una alimentación vegetariana o vegana, lamento informarte que la evidencia no está de tu lado. Hay varias opciones: 1) haz oídos sordos e ignora los hechos, 2) respira profundo y acepta que un cambio en la alimentación es posible y sensato, y que lo puedes hacer de manera gradual, 3) no te cuestiones nada y enójate conmigo. No te va a servir para nada, pero sigue siendo una opción… y es la que se usa con más frecuencia. 

Toda la información base que usé para esta publicación la obtuve aquí, y la complementé leyendo los documentos que ellos mismos sugieren. La mayoría de datos están acompañados de referencias bibliográficas, de las cuales —lamentablemente— la grandísima mayoría está en inglés; sin embargo, creo que ese es otro motivo importante para que la publique en esta entrada y comparta los datos puntuales en español. Hay muchos más datos e información súper bien documentada en “La larga sombra del ganado” y en libros como “Comer Animales” y “El dilema del omnívoro“.  Si quieres ver algunos datos que he recopilado antes, los puedes encontrar aquí. Y si logré hacer sonar una alarma en tu cabeza (y en tu estómago) y estás llena/o de preguntas que pienses que tal vez yo pueda responder, no dudes en escribirme.

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24 Comentarios

  1. Te quería dar las gracias de nuevo por el amor y la pasión que le pones a todas estas cosas. No todo el mundo tiene la facilidad y la claridad para compartir estos mensajes tan importantes en tiempos de cambios urgentes.

    Esta información es un balde de agua helada para muchos (o de caca de vaca), pero para otros es una luz dentro del caos ambiental que está viviendo nuestra casita, que por más paciente y sabia que sea, necesita cuidados. Carl Sagan decía que “nuestra civilización global está claramente al borde del fracaso en la prueba más importante que se enfrenta, la cual es preservar las vidas y el bienestar de sus ciudadanos y la futura habitabilidad del planeta”… “Nos hemos preocupado y luchado por las naciones, y no por la Tierra y la especie humana”. Todo está conectado, formamos parte de un gran organismo que llamamos Tierra. Ayudar a desaparecer un ecosistema, es como quitáramos un órgano y tirarlo a la basura. “Somos los guardianes del Planeta Tierra” y tenemos que ayudar con “cualquier cosita”. Sé que son miles los cambios que tenemos que hacer (internos y externos), pero hay que empezar con los que podemos.

    Gracias otra vez… eres muy bonita.

    ¡Salud!.

    • Gracias a ti por ese comentario tan bonito. Lo que dice Sagan es muy fuerte, y cierto hasta la médula… hemos estado muy mal enfocados, y nos cuesta mucha dificultad entender la manera en la que se relacionan los problemas a los que nos estamos enfrentando. Todavía hay mucha gente que incluso no cree que nos estemos enfrentando a esos problemas y, como digo en la publicación, creen que es cuestión de opiniones.

      Somos los guardianes de la tierra, es una responsabilidad tan grande como bonita. Gracias a ti por acompañarme en este camino. Te quiero ♥

  2. Sayra Francina says

    Impecable ! Es la primera vez que te leo y justamente hoy pensaba en cómo hacer entender esto, que es exactamente lo que pienso y veo que es tan difícil de lograr hacer la conexión.
    Un abrazo y gracias por compartirlo.

    • ¡Hola Sayra! Me alegra que te haya gustado y que lo encuentres útil, de verdad que traté de que la información quedara tan clara y contundente como fuera posible… pero ya sabes cómo son estas cosas, son temas incómodos que a veces cuesta mucho trabajo conversar de manera abierta y tranquila.

      ¡Un abrazo, y bienvenida! :-)

  3. Lili says

    Más claro imposibleeee! Es la primera vez que te leo! Obviamente no te conozco, ni se quien sos, pero tengo que felicitarte por tomarte el tiempo de haber escrito éste artículo; si bien conocía varios datos mencionados en el mismo quiero que sepas que me aclaraste un par de dudas gracias por eso! Y nuevamente quiero felicitarte porque se nota que le ponés muchas ganas a esto que haces y eso está buenisimo! Me alegraste el día en cierta forma, gracias!

    Un fuerte abrazo! Lili… =)

    • ¡Hola Lili! Muchas gracias por tu mensaje, realmente le pongo muchas ganas a todo lo que escribo aquí en el blog, y a esta entrada en particular le puse mucho mucho esfuerzo, así que me alegra un montón saber que eso se nota desde el otro lado ;-)

      Un fuerte abrazo para ti también, y espero seguir “viéndote” por aquí.

  4. Juliana R says

    Mariana felicitaciones, excelente artículo, muy bien construido, muy bien investigado y fundamentado. Lo que más me gusta es que es claro, completo y basado en hechos y no en opiniones.
    A muchas personas les cuesta entender por qué los vegetarianos y veganos deciden serlo y muchos vegetarianos/veganos fallan a su vez en explicarlo cuando caen en juicios de valor o fanatismos, que no logran ser comprendidos por quienes aún no ha desarrollado la sensibilidad de la que hablas. Por eso artículos como este son súper útiles para que cualquier omnívoro pueda por lo menos entender de una manera más abierta las decisiones de alimentación de otros y si no dejar la carne, aunque sea reducirla, porque no es posible leer este artículo hasta el final y permanecer inmutable.

    • ¡Hola Juliana! Me alegra mucho que te haya gustado, y que te haya parecido útil. Como bien dices, a veces es muy difícil expresar claramente los motivos de nuestras decisiones… para mí lo es, especialmente cuando se trata de usar o no usar animales para alimentarme, pues es un tema que toca todas mis fibras más sensibles. Organizar las ideas aquí —a través de las publicaciones del blog— ha sido muy importante para aclarar mi propio panorama… y si en ese proceso logro que otras personas encuentren mayor claridad en sus propias decisiones (o en las ajenas) seré más feliz que feliz :-)

      ¡Un abrazo y gracias por pasarte por aquí!

  5. sandra says

    Muy interesante tu artículo. Yo tengo poco siendo vegetariana y me siento muy bien la meta es llegar a ser vegana. Felicidades por tu blog

    • ¡Hola Sandra! Me alegra que te haya gustado, y que te guste el blog. Y me alegra mucho también que estés caminando hacia el veganismo… como seguramente ya te has dado cuenta siendo vegetariana, es una decisión que te va a traer muchos aprendizajes, creatividad y que —sobre todo— va a extender tu respeto por todos los demás seres sintientes :-)

      ¡Un abrazo!

  6. Elizabeth says

    Hola! Como siempre me encanta leer tus publicaciones del blog y me encanta aún más el derroche de información que nos das en cada pedacito de los mismos para poder expandir nuestra visión sobre los temas tratados.

    En mi caso me tocó leer en una publicación de EE UU que se promovía exageradamente el vegetarianismo y/o veganismo, ya que si bien contribuían a que las personas se conscientizaran respecto a las condiciones a las que eran sometidos los animales, así como el impacto ambiental, no se hablaba nada sobre el daño que estos generaban al mismo; esto refiriéndose a el daño a los suelos al tratar de hacerlos fértiles, el indiscriminado uso de los fertilizantes que gran parte de la indutria agrícola realiza; y principalmente al agotamiento, despojo y encarecimiento de terrenos para la siembra, debido al incremento de demanda de cultivos. Llegando a considerar al vegetarianismo, como “tendencia de moda”.

    Es en esta parte donde mejor me ayudó a aclarar las cosas tu post, pues hay infinidad de detalles que a veces se pueden pasar por alto en estos temas, claramente mencionabas uno de ellos al referirte de la siguiente manera: “quiero que quede absolutamente claro que el consumo de productos de origen animal es un problema que va kilómetros más allá de un asunto de derechos de los animales”.

    Honestamente yo soy omnívoro, y ha implicado diversos factores, pero creo que sin duda lo más importante de todo es realizarnos cuestionamientos sobre nuestros hábitos alimenticios, iniciando por conocer el origen de lo que consumimos.

    Felicidades por tus artículos :D

    • ¡Hola Elizabeth! Me alegra mucho saber que te gusta leer lo que escribo, y que encuentras información útil aquí.

      Lo que me comentas del artículo de EEUU es un asunto muy común: mucha gente habla sobre el vegetarianismo o el veganismo como un “asunto de moda”, y si bien puede que algunas personas lo tomen así, igual se están saltando muchos aspectos esenciales del problema cuando afirman cosas como esa. El tema de los cultivos, por ejemplo, ignora el hecho de que las vacas también comen, y es mucho más eficiente alimentar a los humanos con vegetales directamente, que usar esos vegetales para alimentar vacas, y después matar esas vacas para alimentar a unos pocos humanos. En algún artículo que leí lo comparaban con “querer llenar el tanque de un carro tirándole un balde de gasolina… no es eficiente, y se deja un desastre en el proceso”.

      Lo que dices del cuestionamiento es esencial… estamos muy desconectados de lo que comemos, y comer de esta manera no es sostenible, ni es lógico, ni es respetuoso con nuestro cuerpo y con nuestra casa. Soy consciente de que los cambios de alimentación pueden parecer un desafío demasiado grande, pero yo también fui omnívora, y poco a poco (a partir de esos cuestionamientos) me di cuenta de que la única manera de ser coherente con mi manera de verme a mí, a los animales y al mundo, era ser vegana. No lo logré de un día para otro, ni lo tenía claro desde el principio, pero (como ya lo he dicho en otro momento) de lo único que me arrepiento es de no haberlo hecho antes :-)

      ¡Un abrazo, y gracias por pasarte por aquí!

  7. Alicia Alegria says

    Muchas Gracias! voy a tener una columna sobre veganismo en un programa de radio y tu información me ayuda mucho!!!!

    • ¡Hola Alicia! Me alegra mucho que te haya resultado útil la información. Si el programa de radio se puede oír en la web, ¿me compartirías el enlace? ¡Me gustaría oírlo! :-)

  8. Rosselyn says

    Estoy totalmente de acuerdo con todo lo que dices. A mi tambien me preocupa mucho todo esto y me importa. Aunque no mencionaste lo que mas me preocupa que es la basura y el humo, si puedes hablar de eso me interesaría. Y gracias por compartir información tan valiosa ¡Gracias a Dios no me gusta la carne!

    • ¡Hola Rosselyn! Esos temas no los menciono porque esta entrada en particular está enfocada al asunto de la alimentación, y la manera en la que las cosas que decidimos comer tienen impacto en la salud del planeta. Sobre la basura, te invito a que leas las publicaciones que he hecho aquí, aquí, aquí y aquí. ¡Saludos! :-)

  9. Melania Cubas Armas says

    Este es la segunda entrada que leo y me he quedado maravillada. Ya había buscado información sobre esto; pero lo que encontraba no tenía referencias, no estaba muy claro y podía confundirse con una opinión. En este caso, no sólo se nota que está bien investigado, sino que es muy objetivo y claro. Los dibujos ayudan a sintetizar, al igual que al final. ¡Enhorabuena y muchas gracias!

    Yo soy omnívora, aunque sólo como pollo, algunos pescados, huevo y leche. Tanto la leche como los huevos los compro ecológicos (los huevos se los compro a agricultores locales) y el pescado intento que tenga el sello de pesca sostenible. ¿Qué opinas de los productos ecológicos? Se supone que evitan mucho de lo que has comentado, evitando poner fertilizantes al suelo, etc.

    • ¡Hola Melania! Me alegra que te haya gustado, y que te haya llevado a hacerte estas preguntas.

      Con respecto a lo que me preguntas, la respuesta no es sencilla (ni corta jajaja). Por un lado, en MI opinión, lo ideal es evitar el consumo de productos de origen animal, sea el tipo de producción que sea; esto es porque para mí los animales tienen tanto derecho a estar en el planeta como nosotros, y valoran su vida tanto como nosotros valoramos la nuestra. Nuestra cultura es altamente dependiente de los productos de origen animal, pero eso (insisto: para mí) no es una justificación para seguir usándolos a nuestro antojo. Si quieres ampliar un poco la información sobre las problemáticas en el trato a los animales, este documento puede ser un buen punto de partida.

      Por otro lado, sé que no todo el mundo valora la vida de los animales de la misma manera, no toda la gente está dispuesta a asumir los cambios que implica cambiarse a una alimentación basada en vegetales, o no están bien preparados para hacerlo “de golpe”… siendo así, los productos con producción responsable son preferibles, claro, pero siguen siendo apenas un “mal ligeramente menor”. Esto porque esta producción requiere una cantidad bestial de recursos (mucha más tierra, por lo tanto mucha más deforestación para tener campo libre para las vacas y gallinas, por ejemplo), y porque —sea como sea— sigue siendo un uso súper ineficiente de la tierra; sigue implicando que usemos recursos valiosísimos para alimentar animales que sólo algunas personas pueden consumir, pasando la “factura” del impacto a la tierra que todos compartimos (animales y personas). Si todas las personas que consumen carne eligen consumir carne de “producción ecológica” se tendría que deforestar casi que el planeta entero para que haya espacio suficiente para que esa enorme cantidad de animales tengan un espacio “digno” en qué vivir.

      Por último (y este tema lo tengo pendiente para una publicación), para mí no existen los productos “ecológicos”. Existen productos con producción más responsable, sí. Pero un producto no es ecológico en sí mismo, sino que su impacto depende directamente del uso que se le dé… y mientras no estemos cuestionando nuestros patrones de consumo, los productos “ecológicos” van a seguir siendo una cuestión de moda y texto en una etiqueta y no de impacto real.

      Hay un documental que muestra de manera súper clara y objetiva estas problemáticas que te comento (y que fue del que saqué la mayoría de referencias bibliográficas que utilicé para esta entrada). Te lo recomiendo muchísimo, pues seguramente te va a resolver muchas dudas. Es más de cosas informativas y de entrevistas, tiene muy pocas escenas de violencia hacia los animales (unas tres, y cortas, según recuerdo). Se llama Cowspiracy, y está en Netflix, y también se puede comprar desde la página web.

      Espero haber resuelto tus dudas al menos parcialmente. Cualquier otra cosa que quieras preguntar, por aquí estaré atenta. ¡Un abrazo!

      • Melania Cubas Armas says

        ¡Muchas gracias por la respuesta, Mariana! He visto los dos documentos que me has pasado.

        En cuanto al primero, bueno, no me es necesario que me hablen del maltrato animal (además que me pone mala ver todas esas imágenes). Evidentemente estoy en contra y no me gusta ese sistema. Por otra parte, sin embargo, pienso que como animales omnívoros que somos, comer animales no está mal, que lo que está mal es el sistema mediante el cuál lo hacemos. Otros animales comen animales y me parece bien, porque está en su naturaleza y no producen residuos ni son un problema. Así que un/a señor/a que tenga animales en un terreno y se los coma, pues no lo veo mal, la verdad. Yo no sería capaz de matarlos, pero no lo veo mal.

        En cuanto al documental… esto sí me ha dejado bastante impactada. De hecho, creo que todavía estoy un poco impresionada. Hay muchas cosas que nunca había visto de esa manera, sobre todo el tema de las ONG… En fin, que me ha generado aún más preguntas y espero que me las puedas contestar:

        1. No entendí muy bien cuando habla de que si una persona va a comprarse una hamburguesa, esa persona sólo paga el gasto de comprarla; pero que todas las personas pagamos otra cantidad debida a varios factores… ¿podrías explicarme un poco más esto?

        2. ¿Ser vegano es sostenible? Me refiero, evidentemente, tras esta entrada y el documental veo que es una opción mucho mejor y más eficiente; pero… ¿realmente es posible alimentar a todas las personas del mundo con una dieta vegana? ¿o nos encontraremos con el mismo problema dentro de unos años?

        3. Si el problema real tras todo esto es la sobrepoblación humana, ¿no debería existir alguna ley que limite el número de hijos que puede tener cada familia a escala mundial?

        4. Si le compro huevos a un/a señor/a que tiene gallinas, ¿qué daño le hago a el planeta? Esta persona tendrá a sus gallinas en un terreno y, si no tiene gallo, no veo nada malo en consumir sus huevos.

        5. El tema de la pesca… ¿realmente no existe la pesca sostenible? Yo he comprado atún que dice que es pescado de manera tradicional y sin hacer daño a los delfines, así que pienso que algo de esto debe ser verdad…

        Muchas gracias.
        Melania

        • ¡Hola Melania! Son muy interesantes tus preguntas, y dan para una conversación “larga y tendida” (que además pienso que resultaría útil para otras personas), así que se me ocurrió una idea, que compartiré en un ratito en la página de Facebook :-)

          Mientras tanto, y tratando de no alargarme mucho, voy a algunos de los puntos que planteas: Lo primero, es que no es que comer animales esté “mal” sino, como tú dices, los procesos que usamos ahora son cuestionables como mínimo. Por otro lado, si hay algo que tú no harías (matar a los animales) creo que vale la pena que te preguntes si está bien pagarle a alguien más para que lo haga… pues en el fondo es un dilema moral. Sé que hay personas que no tienen problema con eso, pero para mí es importante ser coherente con lo que siento por los animales, y pagarle a alguien para que los mate por mí no me quita el “peso”, menos sabiendo que tengo tantas otras alternativas alimenticias. Igual: esas imágenes me hacen mucho mal, y precisamente por eso decidí dejar de darle mi dinero a la industria que hace que esas realidades existan.

          Otra cosa importante es que sí, claro, otros animales comen animales… pero las prácticas alimenticias de otros animales no están poniendo en peligro la vida del planeta, en cambio la nuestra sí. Nosotros somos la raíz del problema, y por lo tanto es nuestra la responsabilidad de ver cómo lo resolvemos. Compararnos con otros animales no es justo cuando las situaciones son tan dispares (si hubiera 7 mil millones de leones ni siquiera estaríamos teniendo esta conversación, porque nuestra vida en el planeta no sería viable).

          La pregunta 1 es un poco compleja para responder por este medio, pero en resumen, es una cuestión de bienes y costos comunes. Puedes ampliar un poco el asunto si buscas sobre “la tragedia de los comunes”, de la que yo hablé un poco en esta entrada. Con respecto a la pregunta 2, también la respuesta es compleja… pero la respuesta “fácil” es que sí, que una alimentación vegana es más sostenible… o al menos eso es lo que muestra mucha evidencia científica. En todo caso vale la pena tener en cuenta que mientras seamos 7 mil millones en aumento constante, difícilmente algo va a ser sostenible :-S

          Con respecto al punto 3, yo creo que sí, pero es una idea que social y culturalmente genera mucho rechazo… además, la “logística” creo que es complicada. En China lo hicieron un tiempo y uno de los “efectos secundarios” es que mucha gente que tenía hijas las abortaba o las mataba al nacer, porque les parecía mejor opción tener hijos hombres… así que realmente no hay soluciones tan sencillas. Los humanos somos animales muy raros (y con las prioridades muy mal puestas).

          Con respecto al punto 4 y 5, como pasa con los anteriores, no hay respuestas fáciles. Para lo de los huevos puedes ampliarlo un poco en esta web, y con lo del atún es importante que tengas en cuenta que el hecho de que una etiqueta diga algo no significa que sea cierto, y mucho menos cuando se trata de afirmaciones de ese tipo. Puede que la pesca “sostenible” sea posible en un mundo ideal donde no hay 7 mil millones de personas, pero incluso la pesca artesanal tiene impacto en el ecosistema, porque todo tiene impacto en el ecosistema. Además, una cosa es la alimentación de una familia que vive en la costa y se preocupa de hacer una pesca responsable y de cuidar su fuente de alimento y de vida, y otra es la alimentación de la gente de la ciudad que quiere comer todo lo que el apetito le pide sin entender el impacto de ese apetito en el entorno (que somos la mayoría).

          Digamos que el punto central del asunto es que vivimos en un planeta complejo, de delicadas interrelaciones e interdependencia, y que lo estamos administrando muy mal, y que las respuestas o salidas “fáciles” no existen (lamentablemente). Sí que podemos tomar decisiones que reducen nuestro impacto, pero sí o sí deben estar acompañadas de un cuestionamiento profundo del status quo y de todo lo que nos han enseñado a ver como “normal”… y en algunos casos eso implica ajustar nuestros hábitos para adaptarnos a este mundo que cambia rápidamente, y que si no administramos mejor pues no tendrá problema en seguir adelante sin nosotros.

          En fin, este es un tema que me parece fascinante y que estoy feliz de poder compartir de esta manera :-) Si tienes más dudas no dudes en compartírmelas, y espero que la idea que tengo resulte útil. ¡Un abrazo!

  10. Melania says

    ¡Hola Mariana!
    ¡Muchas gracias por tus respuestas! He tardado un poco en contestar porque he estado buscando más información.

    Tienes razón en que hay que ser coherente con uno mismo. Yo siempre he defendido a los animales de cualquier tipo de maltrato, de pequeña quería ser vegetariana; pero mi entorno familiar no me lo permitió y terminé pensando que realmente hacía falta comer animales para estar sano.

    Ahora que no sólo sé acerca del maltrato, sino que además conozco y soy consciente del problema medioambiental que supone comer animales, creo que lo único que puedo hacer es dejar de comerlos. Siempre me he preocupado mucho por el medio ambiente e intento tener unos hábitos sostenibles (esa fue la razón por la que entré en este blog). Me mudé a vivir más cerca del trabajo para poder ir andando porque me sentía mal cogiendo el coche todos los días; ¡pero realmente estaba contaminando más comiendo carne que en los transportes!

    Por ahora he empezado con el vegetarianismo; para ir poco a poco (sobre todo porque me sigue preocupando el tema de los nutrientes por mucho que leo, soy una persona con tendencia a sufrir anemias). Me gustaría terminar siendo completamente vegana en unos meses; pero lo veo complicado. Vivo en una zona donde la comida típica incluye siempre carne o pescado y salir a comer fuera implica comer ensaladas. Para algún día puntual no es problema; pero me parece que va a ser muy complicado cuando tenga que hacer un viaje a otras zonas por trabajo o vacaciones.

    Me siento contenta, porque he tomado una decisión que ya venía pensando desde hace mucho tiempo. Sin embargo, creo que es un luchar contra la corriente, cuando tu propia familia (y la sociedad en general) no apoya ni entiende tu decisión. En las grandes ciudades hay más opciones vegetarianas; pero yo vivo en una isla pequeña donde la gente corriente ni siquiera gusta de ir a restaurantes de comida internacional, sino que siempre van a sitios típicos donde la comida es más barata y basada en carne.

    • ¡Hola Melania! No te preocupes, me parece buenísimo que te tomes el tiempo de buscar toda la información que puedas encontrar al respecto.

      Con respecto a lo que dices, yo creo que lo “difícil” está sobre todo en nuestra cabeza. Colombia es un país con una cultura súper dependiente de los productos de origen animal… con decirte que el desayuno típico en la ciudad en la que vivo es arepa (de maíz) con mantequilla y queso, huevo frito y café con leche, y la comida típica es la bandeja paisa (frijoles, arroz, chorizo, chicharrón de cerdo, carne molida ¡y huevo! es una exageración). Lo realmente importante no es lo que come la gente que te rodea, sino lo bien informada que estés y lo abierta que estés a probar nuevos ingredientes y preparaciones :-)

      Para mí, los viajes también han sido otra oportunidad de comprobar que no es tan difícil como parece. El año pasado estuve en las islas galápagos, y mi chico (que también es vegano) y yo, nos las arreglamos más que bien, a pesar de que no había restaurantes vegetarianos (mucho menos veganos). Pero esto es un proceso, y no es necesario que te agobies pensando en qué vas a hacer cuando hagas un viaje, pues eso ya lo resolverás cuando llegue el momento.

      Con respecto a la anemia, vale la pena que tengas en cuenta que la vitamina C es esencial en la metabolización del hierro, y que el café y el té inhiben la absorción del hierro, así que lo ideal es que no los consumas en horarios cercanos a comidas “importantes”. Te dejo este enlace, donde encontrarás un libro de nutrición vegana que Martha (del blog Mexican Vegan) tradujo para que esté al alcance de más personas.

      Como te dije antes: no te agobies con el cambio, la idea es que lo vayas tomando como puedas para hacer las cosas bien hechas, que si lo haces llena de angustia o mal informada pues no vas a querer seguir adelante, y esa no es la idea. Cualquier duda que tengas, cuéntamela que te ayudo con lo que pueda.

      ¡Un abrazo!

  11. Itzel says

    Hola Mariana, me quedé atónita con este artículo, una amiga me recomendó tu blog y le agradezco infinitamente. En los últimos cuatro años me he estado enfocando en el medio ambiente, en el planeta, he tenido hasta conflictos personales (a veces pensando en rendirme) pues es una lucha dura, donde te vas encontrando con la verdadera realidad, esa donde te das cuenta que la humanidad se está autodestruyendo, que le importa más tener cosas de “calidad” que una vida plena y de verdadera calidad. En fin tengo tantas cosas que decir, pero me siento muy feliz y en paz que hay personas con las que comparto ideales, pasiones y sobretodo esa sencibilidad y ese amor hacia el hermoso planeta que tenemos, con el que muero por conocer cada rincón. Aunque sé que no me alcanzaría la vida para conocerlo y me entra una ansiedad enorme de que nosotros lo estamos destruyendo y ya no tan lento, es una rapidez que me da miedo de terminar la universidad (me faltan 4 años) y que ya sea demasiado tarde…

    • ¡Hola Itzel! Me alegra mucho que hayas llegado hasta el blog, y que estés disfrutando con lo que publico aquí. Entiendo perfectamente el sentimiento que me compartes… esa sensación de urgencia, de impaciencia y de miedo de no saber si las acciones serán suficientes y si llegarán a tiempo. Pero creo que es importante seguir, y no dejarnos paralizar por la incertidumbre. No sé si ya lo leíste, pero por si acaso no, te recomiendo esta publicación, sobre la dirección en la que va el mundo. Creo que te puede gustar :-)

      ¡Un abrazo!

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