Retroceder nunca, rendirse jamás

Retroceder nunca, rendirse jamás

Antes de decir cualquier otra cosa, debo hacer una confesión: nunca he visto esa película. Recordé el título porque me pareció perfecto para la publicación, y me metí a Wikipedia para descubrir que es protagonizada por Van Damme y es de karate. Yo pensaba que era de gente con pistolas… ahora hasta me dan ganas de verla.

Ese no es el tipo de cine que más me gusta (evidentemente. Si no ya la hubiera visto)… pero eso es completamente irrelevante para lo que quiero decir. El título vino a mi cabeza porque he tenido ganas de escribir sobre la idea de retroceder y rendirse… y fue inevitable pensar en esa película. Me pasa todo el tiempo: pienso en una frase que resulta que está en una canción, se me queda sonando la canción todo el día en la cabeza. Pienso en escribir sobre retroceder y rendirse, me dan ganas de ver una película de karate.

Yendo al grano: todo esto empezó hace un par de semanas cuando participé en “Lo doy porque quiero”, un evento del que soy muy fan, y que consiste en compartir conocimiento, de manera altruista y por fuera del ámbito académico. Me gusta tanto que he participado cuatro veces (de hecho hay una publicación de este blog que salió de una de mis sesiones que se llamó “conexiones aparentemente aleatorias entre cosas aparentemente insignificantes”), y volvería a participar otras 400 más.

En fin. Hace un par de semanas estuve ahí de nuevo, con una charla que se llamó “La vida sostenible es para los valientes”. Al final me hicieron varias preguntas, todas muy interesantes… pero hubo una en particular que me llamó la atención; aparentaba ser muy sencilla, pero realmente era una de esas preguntas que siento que hay que responder por partes;  y me he quedado dándole vueltas desde ese día. La pregunta fue algo así como esto: “en el proceso de buscar tener una vida sostenible, ¿cuál ha sido el cambio más difícil, el que te ha hecho sentir la necesidad de retroceder?”

Me quedé fría. No porque no supiera qué responder, sino porque sentía que dar una respuesta digna iba a requerir otra charla completa. Mi respuesta adaptada para el momento fue algo así como “lo que me ha hecho sentir la necesidad de retroceder, aunque no siento que haya sido retroceder, ha estado casi siempre relacionado con la reducción de la basura. Lo más difícil creo que ha sido lidiar con la agresividad gratuita que a veces recibo por el hecho de ser vegana”.

Digamos que es una respuesta que siento que cumple; es más o menos adaptada a lo que realmente pienso, pero se queda cortísima en abordar el asunto de la dificultad y la necesidad de retroceder. Al menos si quiero considerar lo complejos que son los dos conceptos, y el montón de aristas y matices que tiene cada uno.

Hoy quiero tratar de darle una respuesta más completa a esa pregunta.

 

*     *     *

 

He pensado muchas veces en qué es lo más difícil, porque es un punto clave a partir del cual me gusta crear contenido para el blog, y porque —creo— es la pregunta que me hacen con más frecuencia. “Qué es lo más difícil de ser vegano”, “qué es lo más difícil de tratar de vivir sin generar residuos”, “qué es lo más difícil de tener un blog”, “qué es lo más difícil de buscar vivir de manera sostenible”… parece que tenemos una fijación con lo “difícil”, y yo pienso que está relacionada con dos cosas: 1) con las ganas de saber en qué nos estamos metiendo, y cuáles son las dificultades más fuertes que vamos a enfrentar y 2) con la necesidad de confirmar el hecho de que las otras personas también se enfrentan a dificultades, y que por lo tanto no estamos solos en ese camino.

Obviamente lo estoy híper-simplificando. Puede haber otro montón de razones por las cuales nos interesa saber “qué es lo más difícil”, pero —a partir de las preguntas que suelo recibir de las personas que leen este blog— siento que esas dos son las más frecuentes, al menos en este contexto.

… las preguntas, el potencial rechazo, el malestar, la incomodidad, la falta de transparencia y de comprensión… las reacciones de otras personas a eso que yo estoy haciendo, o tratando de hacer

En todo caso, la respuesta más directa (y la que suelo dar a la gente que me pregunta sobre lo más difícil) es: la gente. La gente siempre es lo más difícil, al menos para mí. Con respecto a vivir de manera más sostenible, por ejemplo: a mí no me parece difícil planear, llevar una botella o una taza para evitar usar desechables, preparar cosas en casa para depender menos de las cosas que venden en los supermercados… eso es fácil, es rico, me hace sentir muy bien. Lo que me parece difícil es lidiar con las preguntas, el potencial rechazo, el malestar, la incomodidad, la falta de transparencia y de comprensión… las reacciones de otras personas a eso que yo estoy haciendo, o tratando de hacer. El mesero que se confunde (o se enoja) porque pregunto si se puede adaptar el plato para que sea vegano, el tendero que insiste en meter las cosas que compro en una bolsa plástica para que sea más “cómodo”, la azafata que no reacciona muy bien porque le pido que sirva el café en mi taza reutilizable, las personas que hacen chistes crueles sobre comer animales o que directamente atacan mis decisiones alimenticias porque están a la defensiva, porque sienten que los voy a empezar a cuestionar aunque yo no haya dicho ni una palabra. Sí, esas cosas me parecen difíciles.

Sin embargo, para ser justa, lo difícil en esos casos no es la gente. Esas personas no están tratando de ser difíciles (bueno, alguna que otra seguro que sí… pero no la mayoría); la situación es difícil porque hay un punto en particular en el que no nos entendemos, y lo que me parece realmente difícil es encontrar ese punto y manejarlo, dándole su justa proporción. Dicho de otra manera: lo difícil está en mi cabeza, en ninguna otra parte. No son ellos; soy yo y la manera en la que estoy decidiendo enfrentar esas reacciones en particular.

Así que, ajustando la respuesta: lo más difícil, para mí, ha sido aprender a entender mis reacciones a lo que hacen otras personas, y a “administrarlas” de manera que se conviertan en parte del aprendizaje, y no en un dolor de cabeza que no necesito tener. Estoy en ese proceso.

 

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Y aquí lo conecto con la parte sobre retroceder. Retroceder es volver hacia atrás. Muy simple… pero no. Si voy caminando y doy tres pasos, y —sea por lo que sea— decido dar dos pasos hacia atrás, estoy retrocediendo en el sentido más claro y directo. Sin embargo, cuando estamos hablando de cosas más abstractas, como los cambios, los ciclos de la vida, los aprendizajes, yo creo que “retroceder” no existe, o por lo menos no de la misma manera.

Por ejemplo: cada cosa que he hecho en el proceso de aprender a vivir de manera sostenible ha traído algún aprendizaje. Algunas cosas han sido más fáciles que otras, algunas han requerido muchas horas de consulta y experimentación, otras han requerido años de transición, otras han sido cambios que se han dado, literalmente, de la noche a la mañana. En algunos casos (¿en la mayoría?) he tenido que revisar el proceso, hacer cambios, ajustarlo a lo que siento que soy capaz de hacer… y eso a veces ha significado que tengo que replantear lo que estoy haciendo; dar pasos atrás para poder seguir adelante.

¿Eso significa que he retrocedido? Yo creo que no. Estoy segura de que habrá personas que quieren verlo así, pero a mí no me parece lógico. Aprendí, ajusté, seguí avanzando, aunque eso a veces haya significado reducir el nivel de complejidad de algo que estaba haciendo. Si no lo hubiera hecho, hubiera tenido que parar del todo. Eso no es retroceder. Es aprender.

Volviendo a la definición básica de retroceder: si voy caminando y me encuentro con un obstáculo que todavía no estoy preparada para abordar, pues debo dar un par de pasos atrás para encontrar otro camino que me siga llevando a donde quería ir. Si ajusto el camino no retrocedí, simplemente seguí avanzando por otro lado. Pero si me quedo sentada frente al obstáculo paralizada por el miedo a dar un paso atrás, pues puede que no esté retrocediendo, pero definitivamente tampoco estaría avanzando. Y si ante el primer obstáculo me doy media vuelta y me devuelvo, pues no tiene sentido que haya salido a caminar en primer lugar.

 

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¿Qué es lo que me parece más difícil, y lo que me ha hecho sentir que necesito retroceder? Lo más difícil está en mi cabeza, definitivamente. Afuera hay obstáculos —obvio— pero la verdadera dificultad viene de la manera en la que YO decido enfrentarme a esos obstáculos. Y, hasta ahora, siento que no he retrocedido ni un solo paso. He tenido que ajustar el camino, pero siempre para seguir avanzando, nunca para devolverme al punto cero.

Esta es la respuesta que hubiera querido dar ese día. Pero bueno, a veces es necesario dejar pasar los días para que las ideas se acomoden en su lugar, y para ser capaces de respondernos a nosotros mismos.

Así veo yo el proceso de aprender a vivir de manera sostenible: ¿Difícil? A veces. ¿Retroceder? No aplica. ¿Rendirse? JAMÁS. (Mucho menos pegajoso que el nombre original de la película que no he visto, pero más ajustado a la realidad).

Y ahora te pregunto a ti: ¿Qué es lo que te ha parecido más difícil, en la búsqueda de una vida sostenible? ¿Qué es lo que te ha hecho sentir la necesidad de replantear el camino? ¡Cuéntamelo en los comentarios!

Pd. Si quieres ver la publicación de la que hablo más arriba (la que salió de mi otra participación en Lo doy porque quiero), la puedes encontrar aquí. A mí me gusta mucho, y creo que también te puede gustar. 

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25 Comentarios

  1. HERNAN

    Es un proceso y como todo en la vida, uno quisiese tener muchos “aliados” y ojala en la familia y los amigos sus “complices” y obviamente sino nos son aliados ni complices; el proceso se te hace mas “dificil”. Sin embargo, cada quien tendrá una mirada y una perspectiva sobre la sostenibilidad, la cual es válida -siempre y cuando no atente contra la vida-. Bueno esto tampoco se puede tomar en el sentido totalmente literal -pues vivimos atentando contra la vida de otros a traves de acciones que hacemos casi inconscientes, por ejemplo comprar alimentos procesados-. Este proceso es de concientización, de sensibilización, de formación, de capacitación; en fin de crecimiento en el conocimiento de nuestro entorno y de lo que realmente tiene sentido y nos hace felices como seres humanos; dignos y trascendentes. En esa tarea de dejar el mundo mejor de lo que lo encontramos cada uno debemos colocar nuestro granito de arena y obviamente en esa tarea hay una palabra clave : COMPARTIR. Cuando se comparte se trasciende – en el otro o en los otros-, se crece -uno y el otro-y se es feliz, sirviendo.

    • ¡Gracias Hernán! Me gusta mucho todo lo que dices, especialmente la idea de compartir. Con respecto a los “aliados y cómplices”, creo que es uno de los puntos más sensibles en este proceso, porque cuando empezamos a hacernos preguntas y a cambiar hábitos que las personas cercanas a nosotros consideran “normales”, pues necesariamente sentimos que nos estamos aislando (al menos parcialmente) de un grupo al que pertenecemos. Esto viene cargado de cuestiones emocionales que es súper importante considerar, por eso pienso que es esencial que cada persona encuentre el camino que se va adaptando a su medida, aún si eso significa dar un par de pasos hacia atrás para avanzar por un camino que se ajuste mejor. ¡Saludos!

  2. Creo que enfocaste el tema de las dificultades en la forma correcta. Comparto contigo que las dificultades – pero no sólo ellas- están en nuestra mente. Los demás a lo sumo, son un espejo que nos devuelven lo que sentimos o pensamos. Saludos, Elena.

  3. María Angélica

    No lo habia pensando asi, pero ahora que lo leo, si, tiene sentido, cuando me complico por querer hacer un cambio en alguna rutina que me lleve a una vida más sostenible, pienso que va a decir la gente, y me complico por sus respuestas antes incluso de haber hecho la pregunta, lo que nos lleva a lo mismo, las complicaciones me las genero yo misma! Qué fácil suena Jajajja
    A mí en lo personal además me complica el tema de viajar, requiere según la yo de hoy, harta preparación, y hoy en día me falta tiempo, pero es una situación puntual de mis responsabilidades hoy! Saludos!

    • ¡Hola María Angélica! Eso que me cuentas es muy común: complicarse con respuestas antes de que nos hayan hecho las preguntas. Creo que también pasa porque nosotros mismos, en este proceso de cambio, nos estamos preguntando un montón de cosas, y quisiéramos tener argumentos “a prueba de balas” para cualquier conversación… pero esos sólo se van construyendo con el tiempo, a medida que la experiencia y las propias convicciones van tomando su lugar.

      Viajar efectivamente requiere un montón de preparación si queremos hacerlo de manera más responsable… pero vale la pena empezar a ver ese proceso como parte del viaje, y como parte del disfrute de conocer nuevos lugares, entendiendo un poco mejor el tipo de huella que vamos a dejar ahí.

      ¡Un abrazo!

    • catalina

      a mi me pasa lo mismo! definitivamente eso es lo más difícil de dar nuevos pasos hacia una vida más sostenible. Yo creo que eso es producto netamente de la ansiedad. Por lo menos yo siempre quiero que las cosas sean ahora mismo y creo siempre saber cómo tengo que hacer las cosas sin antes leer las instrucciones. Con ello me salto un montón de pasos importantisimos antes de tomar una decisión como un cambio de hábito y ahí es cuando entran mis dudas con respecto a la gente. Cuando me doy cuenta que en verdad no se nada o no tengo la idea tan clara pienso en lo que puede pensar la gente, o más que eso… como transmitir esa idea, sin entender que primero tengo que YO estar muuy convensidad y clara y luego transmitirla.
      En mi caso me cuesta un poco más llevar las cosas a la práctica – por lo menos en cambios un poco más cotidianos como la basura- porque vivo con mi abuela y es difícil convencer a una persona de más edad de que hay que cambiar los hábitos, porque realmente ella no quiere cambiar ninguno, y de hecho cada vez que me ve haciendo jabones o desodorantes y cosas (todas las recetas sacadas de este blog) me dice “pero gordita yo puedo comprarte eso en el super” pensando quizás que lo hago porque no tengo plata para comprar uno…
      es difícil transmitir, pero en el fondo en solo decisión y tener las ideas claras al momento de discutir el tema.
      saludos :)

      • ¡Hola Catalina! Uf, la ansiedad creo que es un elemento clave también… la impaciencia, las ganas de hacer los cambios ya, y sobre todo cuando uno está descubriendo cosas que le llaman la atención, y que uno siente que uno es capaz de hacer, y que es importante hacer. Da la sensación de que es necesario hacerlo todo ya, y muchas veces eso es imposible, porque muchos de esos cambios requieren un período de aprendizaje y de adaptación. Y solemos ser muy impacientes :-)

        Lo otro que mencionas también me parece importantísimo, y es el hecho de tener suficiente claridad sobre esas ideas para poderlas transmitir mejor. Cuanta más convicción y mejores argumentos, pues mejores posibilidades hay de que las otras personas escuchen y conecten (o al menos en muchos casos es así).

        Me alegra muchísimo saber que estás motivada haciendo jabones, y desodorantes, y cosas (y más aún sabiendo que la abuela se ofrece a comprártelos en el supermercado :-P) ♡

        ¡Un abrazo!

  4. Matias

    Hola Mariana! me encantó este artículo que has escrito. Y creo firmemente que la parte más difícil de enfrentar todo tipo de cambio que hagamos en nuestras vidas, siempre está en nuestra mente. Hay que aprender a reconocer esos “limitantes” que nos asustan para ver de qué manera podemos enfrentarlos y así seguir avanzando en base a nuestras convicciones. Te mando un abrazo enorme desde Mendoza, Argentina :)

    • ¡Gracias Matías! Eso que dices, “reconocer”, creo que es el punto clave. Un abrazo de vuelta para ti, y que sigas disfrutando tu viaje :-)

  5. Este post ha sido muy inspirador, gracias, lo he disfrutado mucho. Yo sentía como tú que lo difícil son los enfrentamientos con la gente, con la familia. Soy madre de tres, dos de ellos lactando y estamos en camino reduciendo residuos, eliminando azúcar y empezando por ser flexitariana por ir paso a paso (y formándome primero para no hacer locuras mientras doy de mamar a pares). Dar explicaciones es agotador, yo no quiero convencer a nadie pero hay muchas preguntas intrusivas frente a las que quiero dar respeto que a mí no creo que se me ofrezca. Pero tu visión sobre el punto de vista me gusta. El problema no son ellos.

    • ¡Gracias Bea! Me alegra mucho que te haya gustado. Estoy 100% contigo en lo de las explicaciones… y en tu caso pues me imagino lo que debe ser… con lo que le gusta a mucha gente opinar sobre la crianza de niños ajenos :-P

      A mí me gusta mucho conversar sobre estos temas, sobre todo cuando veo que hay una genuina curiosidad, pero sí que hay gente que parece que sólo pregunta con la intención de generar choque; ahí es donde (para mí) se vuelve difícil. Pero sé que el nivel de malestar que me puede generar una situación así depende en gran medida de mi propia respuesta, y mi propio estado de ánimo. A medida que he ido aprendiendo a manejar mis propias reacciones, pues todo se ha vuelto más sencillo.

      ¡Un abrazo!

  6. Diego Fabián Ledesma Motta

    Hola Mariana, ¡me has hecho reflexionar muchísimo!!
    En especial con lo de que lo más difícil no es “la gente” sino aprender a reaccionar de la manera adecuada a esas situaciones que en un principio (y ojalá no por siempre) nos desagradan mucho. Definitivamente me propondré cambiar mi reacción y el modo en que me siento, cada vez que alguien demuestra indiferencia ante cosas que para mí son la máxima prioridad.
    Sin embargo cabe preguntar qué significa para ti la palabra “difícil”.
    Para mí difícil es algo que requiere muchísimo trabajo o preparación para lograr, o en general algo en lo que de muchos intentos, o de muchos que lo intentan, sólo unos pocos tienen éxito; Para mí lo más difícil ha sido convencer a otras personas de que cambien sus hábitos, pues no he tenido éxito sino con un par de personas por ahí, de entre las decenas de personas a las que he dedicado mucho tiempo y energía tratando de convencer de que cambien sus hábitos (específicamente reducir su consumo de productos de origen animal).
    No ha sido lo más doloroso, ni lo más desmotivante, pero sí lo más difícil que he tratado de hacer en la búsqueda de una vida sostenible.

    • ¡Hola Diego! Pues me alegra mucho :-)

      Y tienes razón… lo “difícil” varía un montón de una persona a otra, y eso también genera entonces conversaciones muy distintas. Del “difícil” que hablo es de lo que yo siento que complica el camino, que no deja fluir, y pues ahí pueden entrar cosas semi-difíciles (pero incómodas) hasta cosas que se sienten casi imposibles.

      Mira que lo que dices que para ti ha sido más difícil igual tiene que ver con las otras personas. De ahí me surge una pregunta… ¿piensas que lo difícil realmente es el hecho de convencerlos? ¿o lo difícil es lidiar con la frustración que te genera el hecho de no lograrlo? Porque hay cosas que son de tiempo y de perseverancia, y que no generan desgaste emocional. Sin embargo, tratar de convencer a otra persona de algo (si uno tiene sentimientos “invertidos” en el asunto, como suele pasar con lo relacionado con los productos de origen animal) viene cargado de frustración. Al menos es lo que yo siento.

      Para mí —por eso mismo— ha sido esencial dejar de verlo como una situación en la que yo estoy convenciendo a alguien de alguna cosa. Hay gente que definitivamente no está interesada, y eso está fuera de mis manos… es decir, no es difícil, sino prácticamente imposible. Sin embargo, la gente que sí está interesada (o que al menos no tiene un bloqueo total frente al tema) se va a acercar al tema a su propio ritmo, a través de lo que yo comparto, pero también de lo que encuentran en otro montón de lugares. Yo prefiero verlo como una cuestión de compartir algo que siento, y no de convencer a la otra persona de que eso es lo que hay que hacer :-)

      Con el ejemplo que pones hay una dificultad particular, y es que hablar de lo que comemos (o dejamos de comer) toca más de una fibra sensible. De hecho, tratar de convencer a la gente de que deje de consumir productos de origen animal suele tener un efecto contraproducente, porque desencadena un montón de respuestas psicológicas (disonancias y sesgos cognitivos, razonamiento motivado…), así que eso que estás identificando como “lo más difícil” realmente es LO más difícil, no sólo para ti, sino para cualquier persona que esté preocupada por el impacto del consumo de productos de origen animal (en la vida de los animales, la nuestra, y la salud del planeta) y quiera abordar el tema con otras personas que no comparten esa visión. Es un tema puntiagudo, por decir lo menos. Así que creo que hay que medirlo con otra vara ;-)

      ¡Un abrazo!

      • Diego Fabián Ledesma Motta

        Hola de nuevo,
        Respondiendo a tu pregunta, me refería a que lo difícil es el hecho de convencer a otras personas; pero tienes razón en que aveces puede resultar sencillamente imposible ya que es algo que no depende de mí.
        Lidiar con la frustración de no poder hacerlo es otro cuento; con el tiempo es algo que puedo (y de hecho planeo) aprender a hacer, y con algo de práctica dejar de sentirme mal cada vez que alguien demuestra indiferencia ante mis argumentos. Mientras que convencer a otra persona de cambiar sus hábitos es algo que por más que practique y trate de mejorar, es algo que sé que va a seguir siendo un fracaso la absoluta mayoría de las veces. A eso me refiero cuando digo que para mí es lo más difícil.
        ¡La mejor energía Mariana!

  7. Como dices tú, lo más difícil es la gente. Más allá de las burlas que puedo recibir por ser vegetariana (los cuales también recibo de vez en cuando) o sus quejas hacia los vegetarianos/veganos que les atacan verbalmente sus decisiones alimenticias, sobre todo su afanoso interés en decirme cuan necesaria es la carne para la vida humana y como lo que estoy decidiendo hacer con mi vida es una mala decisión para mi futuro; es el casi nulo, por no decir totalmente ausente, de hacer algo por el planeta.
    Es como si no les lograra calar el concepto de “sin un planeta en equilibrio no vivimos. Nadie. Ninguno. Absolutamente ninguno” y su mayor preocupación sigue siendo cual es la fiesta del fin de semana.
    Soy totalmente creyente de nuestro poder de masa. Si todos despertaramos un día decidiendo cambiar el mundo, cambiaría de un instante para el otro. No nos someterían más de ninguna manera. Lo más difícil para mi es ver como, a nivel de masa social, preferimos seguir dormidos.

    • ¡Hola Angélica! Claro que sí, como tú dices, nuestro poder “en masa” es enorme. Pero creo que es importante recordar, también, que lo de “un instante para otro” no existe. Sería lindo (y muy práctico, particularmente teniendo en cuenta la urgencia del asunto), pero así no es la manera en la que se dan los cambios; y entender que las cosas tienen su ritmo, y que cada persona tiene un proceso diferente es esencial para facilitar ese “despertar” (el de otras personas, y el nuestro propio) y para poder seguir trabajando por estos temas sin volvernos locos en el proceso. ¡Un abrazo!

  8. ANGEL ARTURO CIRO TORO

    Una gran dificultad está en aprender a respetar la diferencia. Cada persona cree tener la “razón” y muchos tratan de imponerla como una verdad absoluta. Hemos enredado la vida por medio de discursos. Para mi es dificil, me causa malestar. escuchar gran cantidad de personas con discursos ambientalistas y ver que en sus prácticas cotidianas siguen haciendo lo mismo de la sociedad de consumo. La sostenibilidad es una práctica, no un discurso.
    Mi recomendación es individualista: Hágalo usted, practique usted… y con seguridad que los que te rodean, al ver que con cosas simples vives y obtienes una energía maravillosa, van a querer seguir tu ejemplo, te quieren “copiar”. La “pedagogía de la envidia”. Un abrazo.

    • Completamente de acuerdo contigo. Imponer verdades, creo, nunca es “buen negocio”, ni para uno ni para las otras personas. Y la sostenibilidad es práctica, y también puede ser discurso cuando viene acompañado de la práctica. En este (como en tantos otros temas) hay muchos discursos que terminan siendo medio vacíos porque no se aterrizan en la vida real, lamentablemente.

      Me gustó mucho la idea de la “pedagogía de la envidia”. Es como envidia en el mejor sentido de la palabra, ¿no?

      ¡Un abrazo!

  9. Hola Mariana, maravillosa entrada ( como siempre..! ) y que no me podía llegar “más a tiempo”…!!
    Yo que recién estoy empezando a juntar todos mis “mini-pasos” sostenibles en algo más grande, ya siento esa presión ..Ya sabes:
    .”¿Por qué te molestas en escribir tu experiencia en el blog?” ” Nadie más lo hace” “¿Crees que algo va a cambiar porque compres ecológico o recicles o no quieras usar plástico?” “¿¿Crees que tus juguetes artesanos les gustaran a los niños de hoy en día?”…. y miles de variantes más de esto, que estoy segurísima que ya conoces…
    Pues a pesar de las dudas ( y de los millones de cosas que me quedan por hacer ) la respuesta es SI.
    Me va a cambiar a mí, y eso significa que cambiara a mi entorno , y eso es ALGO.
    Y de momento para mí esta BIEN.
    Muchísimas gracias por tu ejemplo. Un abrazo.

  10. AuroritaFlores

    Maravilloso articulo! como bien dijiste las personas atacan sin que uno diga nada pero al menos viendop el ejemplo espero que se vayan contagiando de buenos hábitos, al menos he logrado poco a poco que un par de amigas vayan dejando las bolsas de plastico, se cambien a la copa menstrual, etc y con eso soy muy feliz! nunca rendirse, ya que cualquier detalle que cambiemos si cambia al mundo

    • ¡Gracias Aurorita! Como dices tú, cada detalle que cambiamos también cambia al mundo… y va contagiando a las personas que nos rodean, así que el cambio se va haciendo cada vez más grande. ¡Un abrazo!

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