Progreso versus perfección + 5 conclusiones importantes

He tenido esta publicación en remojo desde hace tiempo, pero siempre termino aplazándola pues temo estar metiéndome en terreno demasiado pantanoso (y sin botas de caucho), pero finalmente decidí sacarla a la luz pues varias conversaciones que he tenido en las últimas semanas han girado en torno a este tema, y quiero compartir mi punto de vista. Y después —muy importante— complementarlo con el tuyo si te animas a dejármelo en los comentarios.

El asunto es este: con cierta frecuencia me veo envuelta en discusiones que empiezan a partir del momento en que comparto alguna de mis ideas con respecto a la vida sostenible, el consumo responsable, la alimentación consciente o los derechos de los animales. Eso es porque son temas que me apasionan, que resuenan en lo más profundo de mi cabeza y de mi corazón, y también porque soy necia y todavía no he aprendido a retirarme a tiempo en situaciones en las que me encuentro con personas que claramente no están interesadas en oír puntos de vista que cuestionen su estilo de vida (pienso que esto tiene mucho que ver con la teoría de difusión de innovaciones, pero hablaré de eso en otro momento).

“oye, sálvame el planeta, ¡sálvamelo bien, maldita sea, nada de medias tintas!… pero no cuentes conmigo”. 

Casi todas esas discusiones tienen algo en común: la persona que está oyendo la idea que estoy planteando (sea porque la “suelto” en una conversación abierta o porque estoy respondiendo a una pregunta que me hicieron directamente) siente que estoy amenazando su statu quo y activa un mecanismo de defensa que consiste en cuestionar algún aspecto banal de mi forma de vestir o de los objetos que uso. Por poner ejemplos puntuales, más de una vez me han “echado en cara” el hecho de que tengo un iPhone, o que uso Converse, o que vivo en la ciudad y no cultivo mis propios alimentos… hechos que —según la lógica del argumento— son absolutamente incompatibles con que sea vegana, o que quiera una vida más sostenible, o una alimentación menos dañina para mí y para el planeta.

Es decir, me cuestionan el que no sea “perfecta”, el que no haya llegado a un estado de iluminación en el que todas mis acciones estén alineadas en absoluta e incuestionable coherencia o el que me preocupe “sólo” de una serie de problemas en lugar de ser una súper heroína que resuelve todos los males del planeta de un solo golpe, a mano limpia y por sí sola, ahorrándoles a ellos —de paso— la molestia de cambiar en cualquier sentido… porque, curiosamente, éstas personas que cuestionan tanto no suelen mostrar preocupación ni mucho menos acciones concretas relacionadas con ninguna causa. Viene a ser algo como “oye, sálvame el planeta, ¡sálvamelo bien, maldita sea, nada de medias tintas!… pero no cuentes conmigo”. 

Y bueno, lo acepto… el iPhone y los Converse no son las decisiones de compra más sostenibles, pero eso en este caso es lo de menos; si no tuviera iPhone y no usara Converse esas personas encontrarían alguna otra cosa que podrían cuestionar y que usarían para restarle credibilidad a cualquier esfuerzo que yo esté haciendo por poner mi granito de arena para un mundo mejor; primero porque ser 100% coherente es imposible, y segundo porque desde la perspectiva del que no hace nada siempre va a ser más fácil ridiculizar la falta de perfección que reconocer el esfuerzo por el cambio.

Todo esto que te acabo de contar no es sólo una experiencia personal aislada; de hecho pienso que va mucho más allá. Es una trampa que, desde adentro o desde afuera, nos mantiene amarrados en donde estamos y nos impide movernos hacia adelante, aprender y cambiar; o al menos hace que sea mucho más difícil. Y digo desde adentro o desde afuera porque, si bien lo que te conté más arriba es algo a lo que la mayoría de personas preocupadas por cualquier causa se ha enfrentado, ese mismo tipo de cuestionamientos también puede venir desde adentro, desde nosotros mismos, cuando sentimos que hacer un poco no es suficiente y que hacerlo todo es imposible, y por lo tanto nos quedamos paralizados en un estado de no hacer nada de nada. Esa tampoco es una lógica muy lógica.

Captura de pantalla 2015-06-03 a las 12.08.37 p.m.¡Haz click aquí  para tuitear esta frase!

La verdad es que ese “hacer poco” realmente no es suficiente si se queda estancado y no pasa de ahí… pero los primeros pasos, aunque pequeños, suelen llevar a nuevos caminos y a cambios mayores que van creciendo exponencialmente. Ese “hacer poco” se va convirtiendo en “hacer cada vez más”, y en ampliar cada vez más el impacto de acciones que, multiplicadas, pasan de ser pequeñas gotas de agua a ser oleadas gigantes y poderosas. Y ahí precisamente está la belleza del asunto. Y por eso hablo de la idea de progreso, y por eso lo enfrento a la idea —imposible— de la perfección.

La perfección no existe. Ninguna persona —sin importar lo poderosa, guapa o multimillonaria que sea— puede cambiar al mundo por si sola. Y no es porque sea una tarea demasiado grande, es porque EL MUNDO no es el que debe cambiar, sino nosotros. Nadie tiene una varita mágica que nos vaya a hacer cambiar a todos… realmente cambia el que quiere cambiar, se cuestiona el que se quiere cuestionar, y se adapta el que se quiere adaptar, así que la parte más importante del proceso está en nuestras manos.

Por otro lado, los problemas de la humanidad son tantos y tan complejos que es imposible que una sola persona —sin importar lo inteligente, fantástica e innovadora que sea— pueda resolverlos. Por eso lo que se necesita (y tiene más sentido) es que cada persona se preocupe por las causas más cercanas a su corazón… que en ese camino ya se irá encontrando con otras personas con preocupaciones similares con las que pueda unir fuerzas, y juntos en el proceso se encontrarán con otras causas también, porque todas están conectadas en algún punto.

Es raro ver a alguien que trabaje activamente por una causa cuestionando la “perfección” de las iniciativas de quienes trabajan en otra causa diferente: porque conocen esa complejidad, porque saben que no es posible abarcarlo todo, y porque valoran el hecho de que otras personas estén trabajando por resolver aquello que se queda fuera de su propio rango de acción. Los que suelen ser criticones indomables son los que no saben nada de lo que implica ponerle esfuerzo y corazón a cualquier proyecto que vaya más allá de los intereses personales.

Hasta aquí he estado hablando de todo esto aplicándolo a la búsqueda de una vida más sostenible, pero la verdad es que la dicotomía progreso–perfección puede aplicar a cualquier situación. ¿Con qué frecuencia te sientes paralizada/o por la sensación de que, al no tener un resultado “perfecto”, no vale la pena hacer lo que estás haciendo? Es una trampa cruel, sin importar si viene desde afuera o desde adentro.

Captura de pantalla 2015-06-03 a las 12.28.58 p.m.

1. La perfección no existe. Así que ni siquiera vale la pena pensar en ella, ni desgastarse tratando de justificarse cuando alguien (incluso tú misma/o) quiere convencerte de que lo que haces no vale la pena porque no está “completo”. Es la trampa del “no hagamos nada hasta que hagamos todo”, una arena movediza de la que, si no espabilas, no podrás salir. Esperar la perfección es la manera más efectiva de no hacer nada, porque el agobio nos paraliza y ahoga cualquier posibilidad de dar el primer paso.

2. El progreso es real, medible y verificable. Y observarlo es la mejor manera de mantenernos motivados a seguir generando cambios. ¿Empezaste a reducir los residuos que generas? ¿Estás aprendiendo sobre consumo responsable? ¿Estás reduciendo tu huella de carbono usando la bici como medio de transporte? ¿Empezaste a ser más consciente de las cosas que pasan detrás de los alimentos que consumes? ¡Genial! Haz un seguimiento de tus logros y celébralos, y no pierdas la costumbre de cuestionarte y salir de la zona de confort, que es la única manera de seguir firme en el camino de buscar una vida más sostenible.

3. “Haters gonna hate”. (Me valgo de la expresión en inglés porque en castellano no conozco ninguna expresión que diga lo mismo… viene a ser algo como “los odiosos van a odiar”). La cosa es así: la gente que quiere quitarle credibilidad a tus esfuerzos va a hacerlo sin importar cuán comprometida/o estés con tu proceso, cuánto hayas avanzado, ni cuánto impacto estén teniendo tus iniciativas, así que no vale la pena extenuarse tratando de hacer que cambien de parecer. Algunas personas no están preparadas para cuestionar sus hábitos y será sólo cuestión de darles tiempo, pero hay otras que simplemente no están interesadas en pensar en algo que sea más grande que ellas mismas y no lo harán nunca, sin que les importe la lógica ni la razón. Aprende a salir de esos círculos viciosos a tiempo e invierte ese tiempo y energía en seguir aprendiendo.

4. Hay otras personas que se preocupan por las cosas que te mueven. Y vale la pena que las encuentres, que compartan experiencias, que aprendas de ellas y que les ofrezcas generosamente tus propios aprendizajes. La sinergia es un fenómeno maravilloso que explica la capacidad de la naturaleza de funcionar de manera armónica, interdependiente y complementaria, y una excelente fuente de aprendizaje para nosotros. No olvides que, en estas cosas, 1+1=3.

5. El primer paso no es el último, y no debería ser el único. Ya sabemos que la perfección no existe, pero el progreso tampoco existe si te quedas quieta/o en el mismo lugar. El cambio requiere esfuerzo y constancia, requiere búsqueda y aprendizaje. Limitarte a usar bolsas de tela o a apagar la luz durante una hora una vez al año no va a salvar al mundo, pero a medida que vas aprendiendo nuevas maneras de acercarte a la sostenibilidad vas a ver que lo que hacemos, aunque parezca pequeño, muchas veces es más grande que nosotros si hay constancia, crecimiento y búsqueda. No te agobies con la inmensidad de la misión, aprende a enfocarte en el paso-a-paso, el poquito-a-poco-se-llega-lejos, y hazlo con convicción y sin vergüenza que seguramente en el camino se te unirán muchas más personas, extendiendo aún más el impacto de tu esfuerzo. Encuentra amigos que estén un pelín más adelante que tú en el proceso y toma el siguiente paso; con seguridad ellos estarán más que felices de ayudarte a avanzar.

 

¡Qué maravilloso es que nadie necesite esperar ni un solo momento antes de comenzar a mejorar el mundo!Ana Frank

 

Para cerrar, Irene —La Recolectora— habló hace poco sobre la sensación de nadar contracorriente cuando tratamos de llevar una vida más sostenible, y creo que es un complemento muy valioso a estas ideas que estamos discutiendo aquí. Te recomiendo que la visites.

¿Qué opinas tú? ¿Qué conclusiones añadirías? ¿Cuáles han sido tus experiencias con respecto a las ideas de progreso–perfección? ¡Te espero en los comentarios!

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18 Comentarios

  1. Brillante artículo, como de costumbre, Mariana. Me alegro de que lo hayas sacado del cajón de los futuros y lo hayas publicado.

    Me siento muy identificada con todo lo que has mencionado, con los juicios de la gente (de mi propia familia, incluso) por el tema del móvil y de otras decisiones de consumo que hice hace años y que me persiguen, jajaja. Quizá por eso escribí aquel artículo sobre nadar a contracorriente.

    Yo pienso como tú, que más vale poco que nada. Si uno de nosotros se plantea en serio que quiere reducir su basura, a mí me parece bien; aunque siga yendo a trabajar en coche y aunque no pueda permitirse comprar una falda de comercio justo y algodón orgánico hecha a mano y acabe comprando una en ZARA. Porque, como dices, no es posible llegar a todo, por muchísimas razones, pero poco a poco se van consiguiendo metas.

    Poco a poco es como aprendemos, como nos cuestionamos, como nos decidimos por una cosa en vez de otra… Creo que es como las piezas de un dominó. Una vez que cae una pieza caerán otras, sin pausa y con sentido.

    Progreso, siempre progreso, desde el día a día y desde lo pequeño. Eso es en lo que creo yo.

    Un abrazo grande,

    • Mariana

      ¡Hola Irene! Lo que dices es cierto… además, no todos desarrollamos las mismas sensibilidades al mismo ritmo, y cada quien requiere procesos diferentes para interiorizar los nuevos aprendizajes. Alguien puede, como lo planteas en tu ejemplo, empezar a preocuparse por el tema de las basuras pero no haberse planteado todavía los problemas que genera la moda rápida, y no por eso su esfuerzo deja de ser valioso. Es importante buscar la coherencia, pero teniendo claro que alcanzarla 100% es imposible. Como lo dijo Ralph Waldo Emerson: la coherencia necia es el duende de las mentes estrechas.

      Lo de las piezas de dominó es una manera muy bonita de describirlo… así siento que ha sido para mí: empecé de a poco con algunas cosas, que me han llevado a otras y a otras más. Es muy gratificante ver cómo los primeros aprendizajes lo van llevando a uno por caminos que nunca se imaginó.

      ¡Un abrazo!

  2. Alejandra

    Hola Mari.

    Totalmente de acuerdo. Creo que el primer paso para el cambio es cuando uno se cuestiona. Realmente estoy haciéndo las cosas bien? Crítico mucho, pero que hago para que esas cosas cambien? Que hago por ser un mejor ciudadano del mundo?
    Y es el primer paso por que cuestionarse y quedarse quieto tampoco ayuda. Siempre hay que tener presente, “lo perfecto es enemigo de lo bueno”.

    • Mariana

      ¡Hola Aleja! Así es. Además la perfección, de existir, sería estática. Sería un estado al que se llega y a partir del cual no se puede hacer nada más. El progreso, en cambio, plantea la idea del constante movimiento, de la evolución, de la mutación y la adaptación. Mucho más bonito y natural :-)

  3. Catalina

    ¿Por qué no te haces chiquitica como el Chapulín y te pones aquí en mi mesa al lado de los lápices para cuando me dé el ataque de ansiedad perfeccionista que normalmente viene con el ataque de remordimiento progresista? ¿Por qué no?

    • Jajajaja, Cati, yo siempre estoy disponible para ser tu chapulín, sea desde la mesa al lado de los lápices (¿es suficientemente grande? jajaja) o por Wire, walkie-talkie o telegrama. No es sino que digas. (Te pensé mucho escribiendo esto, te lo iba a mandar pero te me adelantaste).

  4. Estoy con el agüilla en los lagrimales. Describes a la perfección todo lo que siento, lo que vivo, lo que opino. A veces me duele pensar “has tardado un cuarto de siglo en caer en esto, esto y aquello”… pero siempre es mejor tarde que nunca, y siempre es mejor sumar que no hacer nada de nada.

    Nunca he sido muy consumista, ni derrochadora en ningún sentido… hasta que te leí hace poco y me di cuenta de que sí lo estaba siendo, sí he estado generando una basura del todo innecesaria, derrochando recursos a punta pala. Pero eso se ha acabado, y soy feliz porque se ha subido a bordo del barco sin pensarlo dos veces mi compañera de piso, y porque hace más de un año me hice vegetariana al mismo tiempo que una de mis mejores amigas (fue del todo independiente y casual, no lo supimos hasta que ambas llevábamos una semana con nuestra nueva dieta), y porque tengo un novio que hace todo lo que puede por entenderme y sumarse.

    Te leo y pienso que no sé para qué creé mi blog hace poco, porque escribes todo lo que quiero escribir… Pero seguiré, porque así hincharemos google de entradas sostenibles molonas como las nuestras y porque seguro que siempre una escribirá algo que quizá la otra no, porque, sí, todos vamos a nuestro ritmo y tenemos un cauce propio en nuestra lucha por crear un mundo mejor.

    Un abrazo fuerte.

    • Con el agüilla en los lagrimales me dejaste tú con este comentario tan lindo :’)
      No sabes cuánto me alegra saber que lo que escribo te ha llevado a replantear cosas y a querer generar nuevos cambios, me hace muy, muy feliz. ¡Y claro que tienes que seguir con tu blog! Todas estas cosas que muchas personas estamos compartiendo se complementan, y cuantos más seamos los que estamos hablando de estos temas, mucho mejor. Así que a hinchar a Google con entradas sostenibles y molonas, jajajaja.

      ¡Un abrazo gigante para ti!

  5. Lina Correa

    Es muy bonito tu blog, Mariana. ¡Felicidades!
    En mi opinión, los seres humanos somos necesariamente contradictorios, y la perfección es, en consecuencia, un ideal, muy lejos de la práctica y de la vida cotidiana. Hablar de una “total coherencia” en las cosas que uno hace es algo absurdo, porque implica traer conceptos de la lógica formal a la realidad, que es mucho más compleja.
    Por eso, pienso que uno no debe dejarse afectar tanto por la gente que hace juicios simplistas acerca de la vida de otros…

    • ¡Muchas gracias Lina! Me alegra mucho saber que te gusta. Y tienes toda la razón en lo que dices… no tiene ningún sentido esperar coherencia total sabiendo que somos seres complejos llenos de contradicciones. Yo sí creo que es importante buscar la coherencia, entendiendo que no es posible tenerla toda pero que sí hay maneras de encontrar mayor armonía entre las cosas que decimos y las que hacemos.

      Lo de dejarse afectar ya es otro asunto… a mí a veces igual me cuesta ignorar esos juicios, por absurdos que sean. Me queda muchísimo por aprender :-)

  6. ESTHER

    Me paso igual que a Bichera…tal cual tus palabras me llegaron hondo y son un excelente reflejo de mi siituacion, pensamiento y estado. Sobre todo en los puntos 1 y 3, que me dieron de lleno.
    Un texto precioso, lleno de verdades y sentido.
    Muchas gracias por la lucecita en mi camino.
    Besos desde Mallorca!

    • Me alegra mucho que te hayas sentido identificada con el texto, y que lo hayas disfrutado. Yo creo que esto del progreso vs. perfección nos cae un poco a todos, pero en particular a los que estamos haciendo esfuerzos por hacer cambios positivos; es como si nos volviéramos blancos fáciles para la crítica y el cuestionamiento (venga de afuera o de nosotros mismos).

      Muchas gracias a ti por pasar por aquí a leer y compartir lo que piensas. ¡Besos desde Medellín!

  7. Muy bien sigan adelante yo seguiré sus blog ya que por aca no hay muchas de esas personas y a veces mis ideas les pareces ridículas y asta de tacaño te tratan por salir en bicicleta o tratar de no gastar bolsas plásticas q contaminan el medio ambiente. Buena iniciativa chicas, inunden Google de sus ideas asi se les entrera de a poquito. Gracias

    • ¡Muchas gracias Elías! Todavía mucha gente no entiende cuáles son las intenciones que hay detrás de la búsqueda de una vida sostenible… el ahorro se confunde con tacañería y la sensibilidad con debilidad, pero poco a poco el mensaje va “calando”, así que es muy importante que sigamos compartiendo nuestras preocupaciones. ¡Saludos!

      Pd. Soy solo una chica ;-)

  8. Mi profesor de yoga una vez nos dijo que ahorráramos palabras, en ellas se nos puede ir mucha energía. No me refiero a las palabras y reflexiones de tu blog, más bien a aquellas que pronuncias y para defenderte de estos mini-ataques por no ser perfecta como el de tus Converse o tu iPhone.

    Eres una persona con un claro y definido propósito vital, que, desde mi punto de vista es, ayudar a que muchísimas personas receptivas como yo a que cada vez estemos mas informadas sobre la situación de nuestro planeta para crear conciencia. Así crearemos una conciencia colectiva y ese gratino del que hablas se elevará a la enésima potencia.

    Puedes pensar, si si, pero en ese tipo de discusiones también puedo conseguir que mas personas
    se conciencien. Es cierto pero si me permites un consejo “No hables a quien no quiere escuchar”

    Piensa en toda esa energía que se pierde con esas “causas perdidas” que podrías emplear en lo
    que realmente podría darte frutos y florecer.

    Piensa en la palabras como si de semillas se trataran, no todas crecen en cualquier terreno,
    no todas necesitan los mismos cuidaos, algunas crecen un florecen solas en buenas tierras.

    Pd. como decimos en España, “no te quemes” que nos encanta tu blog por lo que cuentas y como lo cuentas.

    • ¡Hola Inés! Tienes toda la razón, ese ha sido parte importante de mi proceso: aprender a “filtrar” las conversaciones y discusiones que vale la pena tener, y dejar ir las que no. A veces, en todo caso, puede ser difícil pues situaciones como esa pueden surgir en conversaciones con gente que en otros temas es súper receptiva, y como que en el fondo me quedo con la sensación de que vale la pena abordar el tema, aunque sea para que la pregunta le quede en la cabeza a la otra persona, para procesarla en otro momento. Lo digo porque también me ha pasado a mí: tengo recuerdos de otros momentos de mi vida en los que alguna persona me planteó cosas que en ese momento tal vez yo no estaba preparada para procesar, pero la información se quedó ahí, “en remojo”, para procesar en otro momento :-)

      Pero claro, en muchos casos de verdad no vale la pena (poco a poco voy aprendiendo a identificarlos… o eso espero jajaja). La analogía que haces con las semillas me parece muy bonita y muy real. Me alegra mucho saber que te gusta mi blog, y que eres una de esas personas receptivas que está comprometida con esa consciencia colectiva que tanto necesitamos. ¡Un abrazo!

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