Categoría: Hábitos

Una idea para el día de la Tierra: salir de la zona de confort

Una idea para el día de la Tierra: Salir de la zona de confort

Hace un año compartí una lista con 5 hábitos esenciales para una vida más sostenible. Hoy me uno a varias de mis colegas de Hola eco para invitarte a aplicar diferentes ideas que buscan que la Tierra se celebre de manera cotidiana.

Tengo clarísimo que el día de la Tierra no alcanza: tiene que ser toda la vida, todos los años, los meses y los días (con banda sonora y todo). Por eso lo que quiero compartir no es una acción que sólo vale para hoy, sino una invitación para cambiar nuestra manera de pensar y de ver el mundo que podamos seguir cultivando de ahora en adelante.

Y sé que tampoco alcanzan los esfuerzos de una sola persona… por eso nos unimos desde Hola eco con “Ideas para el día de la Tierra” —nuestra primera publicación colaborativa— para compartir una serie de ideas que abordan la sostenibilidad desde diferentes perspectivas, que se nutren mutuamente y se complementan. Como tiene que ser :-)

Mi idea para el día de la Tierra parece sencilla pero a veces puede ser súper difícil: salir de la zona de confort. Es una sola frase, una sola tarea… da la sensación de que es cuestión de ponerse a ello y se logra. Pero no. La zona de confort está al acecho donde menos lo esperamos, manteniéndonos en una neblina que nos hace creer que todo está bien y que evita que nos movamos a otras zonas… mas incómodas tal vez, pero mucho más interesantes y estimulantes. Leer +

No tengo tiempo

No tengo tiempo

Desde hace tiempo he tenido ganas de escribir algo sobre el tiempo, pero me pasa que son tantas las cosas que quiero decir sobre ese tema (y da para tanto) que termino dejándolo de nuevo “en remojo” mientras siento que soy capaz de concretar la manera en la que lo quiero abordar.

Paradójico… estar queriendo escribir sobre el tiempo y “no tener tiempo” para definir la manera en la que lo quiero escribir. Y creo que no estoy sola; de hecho, es posible que sea una de las frases que oigo/leo con más frecuencia. Parece que nadie tiene tiempo, que todos estamos metidos en muchas más cosas de las que podemos manejar y necesitamos días de 48 horas. Y si tuviéramos días de 48 horas en todo caso sentiríamos que necesitamos más. Somos, como dice un dicho africano, “los que siempre tienen reloj pero nunca tienen tiempo”.

Pero creo que llegó el momento de hablar del tiempo, básicamente porque se juntaron varias cosas:

1) En lo que va del año me he sentido casi siempre como si estuviera participando en una carrera.

Estoy acostumbrada a ser muy activa y por lo general siempre estoy con algún proyecto en la cabeza, pero siento que me está costando trabajo “desconectar” cuando necesito desconectar, y no me gusta para nada esa sensación de “no tener tiempo” (aunque sé que sí lo tengo). Una de las cosas que más valoro del tipo de trabajo que hago es precisamente el hecho de que tengo tiempo para mí, que puedo disfrutar de la casa, de las labores que me gustan; pero últimamente me la paso “apagando incendios”, y sacrificando lo importante por lo urgente. Leer +

La hora del planeta. Suena lindo, pero no es suficiente

La hora del planeta. Suena lindo, pero no es suficiente.

La hora del planeta es una iniciativa de la WWF que busca generar consciencia sobre la necesidad de tomar medidas frente al cambio climático, y también ahorrar energía y reducir la contaminación lumínica. La primera vez que se “celebró” fue el 31 de marzo de 2007, en Sydney, Australia.

Con el título digo todo lo que pienso sobre esa iniciativa. Sí, es bonita, y sí, cuando mucha gente se pone de acuerdo para apagar las luces hay ahorro de energía y reducción de la contaminación lumínica… pero no, no es suficiente. Una hora no basta para pensar en un tema tan complejo y tan urgente, y menos cuando la acción de apagar las luces de la casa no viene acompañada de encender unas cuantas luces en la cabeza. Leer +

¿Te queda chico el Lunes sin carne? Cinco ideas para ir un pasito más allá

A estas alturas no es ningún secreto la estrecha relación que existe entre el consumo de productos de origen animal y la degradación de la salud del planeta (y la nuestra). Sin embargo, estos productos están tan profundamente arraigados en nuestras costumbres y hábitos cotidianos que pensar en eliminarlos —o incluso en reducirlos— parece una locura para muchas personas.

Pero la verdad, la pura verdad, es que no sólo NO es imposible, sino que puede ser más entretenido y gratificante de lo que te imaginas. Para mí, por ejemplo, dejar de consumir productos de origen animal fue una oportunidad para re-descubrir el mundo de la cocina: yo podía morir de pereza de cocinar, pero el desafío de hacer cosas nuevas y ricas despertó una curiosidad culinaria que no sabía que tenía, y me ha llevado a experimentar con ingredientes que ni siquiera conocía y con preparaciones que nunca se me habían pasado por la cabeza (por ejemplo, brownies de frijol negro… no te dejes engañar por la rareza del ingrediente principal, ¡son una delicia!).

Si en este momento te estás preguntando por qué deberías plantearte el eliminar —o reducir drásticamente— los productos de origen animal en tu dieta, te propongo este repaso: puedes ver Cowspiracy (tarea obligada para cualquiera que afirme estar interesado en temas de sostenibilidad, y además ya está disponible en Netflix), puedes leer algunos datos puntuales que compartí en esta publicación sobre el impacto de la ganadería en el medio ambiente, y si estás preparada/o para quitarte una enorme venda de los ojos, puedes ver Earthlings. Por último, y para que veas que no todo es como lo pintan, puedes revisar esta publicación que hice hace tiempo con algunos mitos y verdades sobre la alimentación vegana. Leer +

¿Te preocupa el medio ambiente? Entonces esto te interesa…

Si eres lector/a frecuente del blog, puedo asumir con confianza que eres una persona que siente algo de curiosidad por la idea de llevar una vida más sostenible, y tienes—o estás desarrollando— al menos algo de sensibilidad en torno a los temas de protección del medio ambiente. Si es así, esta entrada debería resonar con potencia en tu cabeza y llevarte un paso más adelante en esa búsqueda de reducir tu impacto negativo en el planeta.

Cuando hablamos de medio ambiente y de sostenibilidad estamos hablando de todo: de las personas del campo y de la ciudad, de los animales, de las plantas, las selvas, los desiertos y los mares. Nuestras costumbres más arraigadas, nuestros hábitos recientes, lo que compramos o dejamos de comprar, cómo nos vestimos, la manera en la que nos transportamos, dónde vivimos, cómo trabajamos y hasta la relación que tenemos con nuestros vecinos tienen impacto —positivo o negativo— en nuestro entorno y en el bienestar de las personas y los animales, y todo eso tiene el potencial de preservar o destruir el medio ambiente que nos sustenta. Y sí, es que es el medio ambiente es el que nos sustenta, no es la plata ni la sociedad… sin agua potable, sin aire limpio, sin suelo fértil para cosechar nuestros alimentos, sin árboles que conviertan el dióxido de carbono en oxígeno, sin capa de ozono que nos proteja, no habría ciudad, ni familia, ni dinero suficiente para sobrevivir. No es una cuestión de opinión: el medio ambiente es esencial, te sientas o no inclinada/o a protegerlo. Leer +

Progreso versus perfección + 5 conclusiones importantes

He tenido esta publicación en remojo desde hace tiempo, pero siempre termino aplazándola pues temo estar metiéndome en terreno demasiado pantanoso (y sin botas de caucho), pero finalmente decidí sacarla a la luz pues varias conversaciones que he tenido en las últimas semanas han girado en torno a este tema, y quiero compartir mi punto de vista. Y después —muy importante— complementarlo con el tuyo si te animas a dejármelo en los comentarios.

El asunto es este: con cierta frecuencia me veo envuelta en discusiones que empiezan a partir del momento en que comparto alguna de mis ideas con respecto a la vida sostenible, el consumo responsable, la alimentación consciente o los derechos de los animales. Eso es porque son temas que me apasionan, que resuenan en lo más profundo de mi cabeza y de mi corazón, y también porque soy necia y todavía no he aprendido a retirarme a tiempo en situaciones en las que me encuentro con personas que claramente no están interesadas en oír puntos de vista que cuestionen su estilo de vida (pienso que esto tiene mucho que ver con la teoría de difusión de innovaciones, pero hablaré de eso en otro momento). Leer +

Día de la tierra: 5 hábitos esenciales para una vida más sostenible

No soy muy fan de eso de ponerle nombres a los días o de inventarse celebraciones (ya te he hablado un poco sobre eso aquí y aquí), primero, porque pienso que en la mayoría de los casos es una excusa para poner en movimiento el sistema de consumo y hacer que nos sintamos obligados a dar regalos y a gastar más plata, y segundo porque pienso que, si uno valora a alguien, el reconocimiento no se debe limitar a un solo día (por ejemplo, pienso que a la mamá hay que quererla, cuidarla y tratarla bien siempre, que el amor y la amistad se celebran y se valoran todo el año). Sin embargo, pienso que algunas de esas fechas pueden ser valiosas, especialmente si nosotros aprendemos a entenderlas y las aprovechamos como un momento de reflexión, sin dejarnos llevar por la avalancha de consumo a la que normalmente están asociadas. Y yo pienso que hoy es una de esas fechas.

El día de la tierra se empezó a celebrar desde 1970 a partir de la propuesta del senador estadounidense Gaylord Nelson, buscando generar conciencia en torno al problema de sobrepoblación, la producción de contaminación, la conservación de biodiversidad, y buscando difundir la noción de que el planeta es nuestro hogar y nuestra madre, y la importancia de entender la interdependencia de sus ecosistemas y de todos los seres que lo habitamos.

La gran ventaja que tiene el día de la tierra es que es una fecha en la que, contrario a lo que nos han dicho con respecto a todas las otras fechas, la mejor manera de celebrar es no comprar nada (a menos que sea un regalo simbólico como los que ofrece la NRDC, y con los cuales se apoyan iniciativas de reforestación, protección de especies en peligro o proyectos de conservación). Y como la mejor manera de celebrar el día de la tierra es pensando en ella e implementando cambios para protegerla, aquí va esta lista de 5 nuevos hábitos que puedes adquirir para tener una vida más amigable con el planeta, y para que tu preocupación por su conservación no se manifieste solamente hoy sino todos los días del año. Leer +

Desconexión 2.0

Acabo de llegar de un viaje en el que estuve al mismo tiempo muy conectada y muy desconectada. Pasé unos días increíbles viajando sola en Chiloé, una isla en el sur de Chile, y otros días muy diferentes pero también muy ricos en Santiago, visitando a mis amigos.

En varias conversaciones surgió el tema de la conexión: la posibilidad de hablar por Skype con los seres queridos a pesar de estar de viaje, la facilidad para encontrar un lugar gracias a las aplicaciones de localización de los teléfonos modernos, la posibilidad de “mantener al día” las relaciones de amistad con personas de diferentes países a pesar de la distancia. El asunto de la conexión también surgió de otras maneras: hablando del cuidado al planeta, del cuidado a uno mismo, del cuidado a nuestras relaciones afectivas, de las cosas que comemos, de la poca idea que tenemos sobre el impacto de nuestros hábitos, o el origen de nuestros alimentos, nuestra ropa, o de casi cualquier objeto que compramos. Leer +

3 razones para promover las cosas que te gustan

En el mundo hay cosas que nos gustan y que no nos gustan. Personas que nos caen bien y otras que difícilmente podemos soportar. Iniciativas que admiramos y que respetamos y otras que nos ponen los pelos de punta.

Esa información sobre cosas, hechos, personas e iniciativas llega a nosotros por diversos medios, y con la hiperconexión y las redes sociales eso suele pasar en proporciones que antes era imposible imaginar. Constantemente estamos siendo “bombardeados” con datos sobre cosas que amamos y que odiamos —y claro, también sobre cosas que nos son indiferentes— y frente a las cuales solemos tener una actitud más bien pasiva. Leer +

¿Por qué sin carne?

Hoy es lunes, un día común y corriente que por su nombre y por sus connotaciones laborales se ha ganado el rechazo de una buena parte de la humanidad; pero los lunes, como todas las cosas en la vida, pueden verse desde diferentes perspectivas… y desde mi perspectiva, la de millones de animales y de cada vez más personas el lunes es un día maravilloso. Es un día sin carne. Leer +