Categoría: Basura Cero

12 preguntas y respuestas sobre una vida con menos basura

12 preguntas y respuestas sobre una vida con menos basura

La semana pasada te conté lo que hay detrás de mi decisión de dejar de usar una basurera en casa, y empezar a usar un frasco de vidrio para acumular la basura que generamos.

Antes de eso, te invité a que me dejaras tus preguntas sobre el proceso de reducir nuestra basura para responderlas en la publicación, pero resultaron ser tantas preguntas tan interesantes que decidí que se merecían una publicación adicional. Y eso es lo que te traigo hoy. Vamos directo al grano: Leer +

Tres meses sin basurera (y las “trampas” del Residuo Cero de las que nadie te habla)

Tres meses sin basurera (y las "trampas" del Residuo Cero de las que nadie te habla)

Hace un poco más de tres meses que tomé la decisión de dejar de usar basureras en mi casa. Lo que hace 10 años me hubiera parecido una idea absolutamente descabellada, ahora me parece la idea más lógica y más sensata. Hoy quiero contarte un poco más sobre lo que hay detrás de esa decisión.

Todo empezó más o menos en julio de 2015 cuando decidí dejar de usar bolsas de plástico en la basurera de la cocina. Bueno, realmente todo empezó mucho antes (la reducción de residuos ha sido una preocupación que me ha acompañado desde hace muchos años), pero ese fue un punto de giro, pues el hecho de dejar de usar una bolsa de plástico para contener los residuos de mi casa me obligó a ser mucho más consciente de lo que ponía en la basurera, y —como efecto secundario— a observar con mayor detalle cuánto tiempo me tardaba en llenarla.

El 4 de octubre de 2015, es decir, aproximadamente dos meses y medio después de tomar esa decisión, sacamos nuestro primer paquete de basura. Digo “sacamos” porque el contenido no era sólo mío sino también de R, mi novio, con quien vivo. Era literalmente un paquete: envuelto en papel periódico reutilizado en lugar de la convencional bolsa de plástico… daba la sensación de que le esperaba un destino más glamuroso, que íbamos a dejarlo en una oficina de correo o algo así. Pero no: iba a parar al relleno sanitario. Le esperaba el mismo fin que a las otras 1.600 toneladas de desechos que generan al día los habitantes de Medellín. Leer +

Basura —casi— cero. Lo que hemos hecho, y lo que nos falta por hacer

Basura casi cero: lo que hemos hecho y lo que nos falta por hacer

El domingo compartí una foto que despertó mucho interés. Era una foto de la basura que R (mi chico) y yo hemos generado en los últimos dos meses y medio, envuelta en papel periódico reutilizado; saqué la foto justo antes de poner nuestro “paquete” en el contenedor de basura del edificio.

Quise compartir la foto porque es la primera vez que usamos papel periódico para envolver la basura (en lugar de la clásica bolsa de plástico) y también porque me sentí feliz de ver que habíamos logrado generar “sólo” ese pequeño bultito. Podría ser más pequeño (y a eso le apuntamos) pero igual es satisfactorio ver el fruto del esfuerzo por reducir nuestra huella de basura, particularmente si comparamos nuestro pequeño paquete con las enormes bolsas llenas de desechos que salen dos veces por semana de casi todos los otros apartamentos del edificio. ¿Y qué nos trajo hasta aquí? Principalmente nuestra preocupación por el impacto negativo que tenemos los humanos en el planeta, pero también un poco de curiosidad, de ganas de probar cosas nuevas y de comprobar que podemos vivir de otra manera.

La verdad es que sólo hasta que descubrimos Trash is for Tossers no fuimos 100% conscientes de todo lo que podíamos hacer para reducir nuestra cuota de basura. Recuerdo la primera vez que leí sobre Lauren Singer y su frasquito de basura, y cómo esa simple —pero poderosa— imagen me llevó a mirar de otra manera mi propio basurero. Hace años que llevo mis propias bolsas cuando voy a comprar, evito los productos con exceso de empaque, rechazo los pitillos y los excesos de servilletas… y la verdad es que sentía que ya estaba haciendo todo lo que estaba en mis manos. ¡Ay, si estaba equivocada! Leer +

Algunas conclusiones de mi “Julio sin plástico”

Empezó Agosto, mes de frío intenso en el hemisferio sur, mes de sol y vacaciones en el hemisferio norte y mes de feria de flores en Medellín (de la cual no me entero porque me escondo como un ratón… no me atraen las multitudes). Todo eso quiere decir que se terminó Julio, un mes que ahora viene con un apellido genial (si estás despistada/o te invito a que te pongas al día aquí) y que me dejó un montón de aprendizajes que llevaré conmigo más allá del límite, donde los meses ya no tienen apellido.

Independiente de si te uniste o no al desafío de Julio Sin Plástico, o Plastic Free July, o #30DíasSinPlástico, es muy posible que en algún momento te hayas hecho preguntas con respecto al uso de ese material o te hayas planteado maneras de controlar su uso.

Yo, durante este último mes, descubrí que el plástico tiene más invadida mi vida de lo que me hubiera querido imaginar, y que a pesar de que hace muchos años me desintoxiqué de las bolsas de plástico, el agua embotellada y los pitillos (cañas, pajitas, popotes, sorbetes…), todavía uso muchas cosas que tienen más empaques de los necesarios, o que se usan y se tiran resultando en un desperdicio de recursos humanos, naturales y artificiales. Pero como bien dice el saber popular, de todo se aprende algo, así que aquí están mis aprendizajes: Leer +

30 días sin plástico + Algunas ideas para que te unas al desafío

Julio ya empezó hace 8 días —momento para pensar cosas como “el tiempo pasa volando” y “feliz 2016″— y, además de marcar el comienzo de la segunda mitad del año, este mes ahora viene con un bonito apellido: Julio Sin Plástico.

Julio Sin Plástico (Plastic Free July) es una campaña que nació en 2011 en los barrios del oeste de Perth, Australia, creada por el Western Metropolitan Regional Council como una manera de educar a la población sobre la importancia de reutilizar. En 2012 se extendió por todo Perth y empezó a despertar interés en el resto del país, en 2013 crearon un sitio web y en 2014 más de 14.000 individuos, organizaciones, escuelas y negocios de 69 países ya participaban activamente en la campaña. Otro gran ejemplo de cómo una pequeña idea local se puede convertir en un movimiento global.

Pero… ¿por qué sin plástico? Como ellos mismos lo explican en su sitio web, porque estamos aumentando masivamente el uso de plástico y porque cada pieza de plástico que se ha fabricado en la historia todavía está aquí con nosotros, ocupando espacio en el planeta, amontonándose en el océano y poniendo en peligro a los animales. El reciclaje es importante, pero nunca va a ser suficiente… y de ahí viene la importancia de campañas como ésta, que buscan resaltar el peligro de los productos de un solo uso y la importancia de rechazar esos productos, reducir su uso, reutilizar cuando sea posible, repensar nuestra relación con los objetos desechables y reparar todo lo que pueda ser reparado. Leer +

Tu basura habla… ¿sabes qué dice de ti?

En algún momento de mi infancia vi una película en la que unos detectives revisaban cuidadosamente la basura de un sospechoso buscando algo que lo inculpara. Finalmente encontraban una factura que era la pieza que faltaba en el rompecabezas, y el sospechoso pasó a ser culpable porque su basura dijo fuerte y claro lo que él había estado ocultando. No recuerdo qué película era, ni recuerdo cuándo fue, pero esa escena me pegó fuerte… desde entonces he tenido algo así como una fijación con el tema de la basura y con toda la información que puede revelar. Eso no significa que yo salga por la noche vestida de ninja a escarbar en la basura de los vecinos, pero sí suelo darle una mirada superficial a los basureros de lugares que visito (cuando están abiertos, obvio, que no me voy de exploradora en contenedores que estén cerrados), casi sin querer. Ya se me volvió costumbre. Leer +