Categoría: Básicos

¿Cualquier cosita es cariño? (+ una idea para que las cosas pequeñas se vuelvan grandes)

¿Cualquier cosita es cariño?

Para empezar el año (y celebrar el cumpleaños del blog) quiero compartir una pregunta y una idea que creo que pueden ser útiles para que los propósitos de año nuevo no se queden sólo en eso, y pasen a ser cosas reales.

Esto lo he querido escribir hace tiempo, pero siempre me pasa lo mismo con los temas que más me gustan: me agobio un poco, siento que no voy a ser capaz de escribir un texto que sea apto para una publicación de blog (como te habrás dado cuenta, me gusta escribir largo), me obsesiono con las conexiones de los temas y me pongo a pensar cosas como “si voy a escribir sobre esto, primero debería escribir sobre aquello para que se entienda mejor”, y lentamente se va hundiendo la publicación en la sección de borradores, hasta que un día —como hoy— me decido a terminarla, pulirla y publicarla. Y en ese proceso me doy cuenta de que lo que quería decir no era tan complicado como creía y que podía expresarlo de manera más o menos clara con algunas ideas que más adelante puedo conectar con otras. En fin, empiezo, como dicen, por el principio:

Enero es un mes especial. Bah, enero es un mes común y corriente, pero mucha gente tiene un estado de ánimo especial, como motivado. Nos guste o no nos guste hacer propósitos y resoluciones de año nuevo, lo más posible es que al menos se nos haya cruzado por la cabeza la idea de que sería rico mejorar X hábito, o lograr X objetivo… y creo que es normal, a fin de cuentas el comienzo de un año marca un cambio —aunque sea sólo de calendario— y eso inevitablemente nos lleva a plantearnos cosas, evaluar lo que pasó e imaginar lo que viene. Leer +

5 cosas que no haríamos en casa (pero se las hacemos al planeta)

5 cosas que no haríamos en casa (pero se las hacemos al planeta)

Hay algo que siempre me pregunto cuando veo a alguien tirando basura en la calle: ¿hará lo mismo en su casa? Seguro que no… y seguro que no soy la única que se hace esa pregunta.

Tenemos una enorme dificultad para conectar las acciones pequeñas y las grandes, lo que le hacemos al planeta y lo que nos hacemos a nosotros mismos, lo que hacemos en casa y lo que hacemos en la calle; y yo pienso que en esa dificultad para conectar está la base de todo el problema, la raíz de nuestras crisis humanitarias, sanitarias y ambientales. Sí, NUESTRAS, porque nosotros las hemos generado y está en nuestras manos resolverlas.

Yo creo que es una cuestión de proporciones. Somos muy buenos entendiendo cosas que se acercan a nuestro tamaño y a nuestra comprensión del tiempo y el espacio, pero nos cuesta mucho trabajo entender lo que pasa fuera de esos límites… por ejemplo la larga distancia (aunque estemos constantemente “conectados”), el gran panorama y el largo plazo. Por eso creo que es importante hacer el ejercicio de cambiar las proporciones para analizar lo que estamos haciendo y darle un poco de perspectiva al asunto. Y de ahí sale esta lista de cinco cosas que no haríamos en casa, pero que le hacemos al planeta Tierra… sé que podrían ser muchas más, pero con estas empezamos a cubrir un terreno considerable: Leer +

¿Te preocupa el medio ambiente? Entonces esto te interesa…

Si eres lector/a frecuente del blog, puedo asumir con confianza que eres una persona que siente algo de curiosidad por la idea de llevar una vida más sostenible, y tienes—o estás desarrollando— al menos algo de sensibilidad en torno a los temas de protección del medio ambiente. Si es así, esta entrada debería resonar con potencia en tu cabeza y llevarte un paso más adelante en esa búsqueda de reducir tu impacto negativo en el planeta.

Cuando hablamos de medio ambiente y de sostenibilidad estamos hablando de todo: de las personas del campo y de la ciudad, de los animales, de las plantas, las selvas, los desiertos y los mares. Nuestras costumbres más arraigadas, nuestros hábitos recientes, lo que compramos o dejamos de comprar, cómo nos vestimos, la manera en la que nos transportamos, dónde vivimos, cómo trabajamos y hasta la relación que tenemos con nuestros vecinos tienen impacto —positivo o negativo— en nuestro entorno y en el bienestar de las personas y los animales, y todo eso tiene el potencial de preservar o destruir el medio ambiente que nos sustenta. Y sí, es que es el medio ambiente es el que nos sustenta, no es la plata ni la sociedad… sin agua potable, sin aire limpio, sin suelo fértil para cosechar nuestros alimentos, sin árboles que conviertan el dióxido de carbono en oxígeno, sin capa de ozono que nos proteja, no habría ciudad, ni familia, ni dinero suficiente para sobrevivir. No es una cuestión de opinión: el medio ambiente es esencial, te sientas o no inclinada/o a protegerlo. Leer +

La casa en llamas + un micro-test de personalidad

Con cierta frecuencia me detengo a revisar el camino que he recorrido en mi búsqueda de una vida más sostenible. Lo hago porque pienso que es importante recordar que he pasado por varias etapas, que el “paso a paso” es importante, que de verdad los pequeños gestos cuentan, que he aprendido un montón y, sobre todo, que me queda mucho por aprender. En ese sentido, revisar el camino es una tarea gratificante y estimulante.

También me parece importante recordar que las cosas y las personas cambian. Hace unos años mi preocupación por la sostenibilidad era, digamos, más ingenua… pero he tenido la capacidad de adaptarme —y con relativa rapidez— a los nuevos aprendizajes llevando esa preocupación a convertirse en uno de los ejes de mi vida, uno de los temas que más me mueven y una de mis principales fuentes de inspiración para el trabajo y la vida cotidiana (y obvio, este blog). Verlo de esa manera me hace ser consciente de que el cambio no fue inmediato, y por lo tanto no tiene sentido esperar que sea así para otras personas. Todos desarrollamos sensibilidades diferentes y nos adaptamos al cambio a diferente velocidad; lo importante es que ese proceso siga su curso, enfocándose siempre en el progreso y no en la perfección. Leer +