3 buenas razones para promover las cosas que te gustan.
En el mundo hay cosas que nos gustan y que no nos gustan. Personas que nos caen bien y otras que difícilmente podemos soportar. Iniciativas que admiramos y que respetamos y otras que nos ponen los pelos de punta. 
Esa información sobre cosas, hechos, personas e iniciativas llega a nosotros por diversos medios, y con la hiperconexión y las redes sociales eso suele pasar en proporciones que antes era imposible imaginar. Constantemente estamos siendo “bombardeados” con datos sobre cosas que amamos y que odiamos —y claro, también sobre cosas que nos son indiferentes— y frente a las cuales solemos tener una actitud más bien pasiva. [[MORE]]Con cierta frecuencia veo y oigo comentarios de personas que se quejan sobre la inutilidad de los “me gusta” de Facebook, o que cuestionan la aparente intención de activismo que hay en la publicación de ciertos contenidos. Entiendo de dónde viene esa preocupación y la comparto parcialmente, pero creo que por hacer esa crítica veloz uno corre el peligro de ser injusto con otras realidades, generalizando e ignorando casos en que los “me gusta” y los “compartir” han sido el primer granito de arena. En todo caso es un tema complejo en el que no me quiero extender hoy, pero para ampliarlo un poco les recomiendo este artículo.
Lo curioso es que muchas de las personas que se quejan de esos “me gusta” y del activismo “facebookero” tampoco hacen nada más aparte de quejarse. Se escudan en la crítica y se convencen a sí mismos de que estar criticando todo y buscándole el lado malo a todo los convierte en una especie de faros morales en el mundo de las redes. Sigue siendo cierto fuera de las redes sociales; con frecuencia esas personas se ganan el respeto ciego de muchas otras sólo por el hecho de criticar… cuando entre ser criticón y tener una mirada crítica de la realidad hay un millón de kilómetros de distancia. Para tener una mirada crítica se requiere observación, sensibilidad, sensatez, y otras virtudes. Para ser criticón lo único que se necesita es falta de creatividad, un poco de amargura y algo de tiempo libre. 
Siendo el mundo el lugar increíblemente diverso que es, siempre encontraremos cosas maravillosas y horribles en proporciones variables, y siempre tendremos varias opciones frente a esas realidades: podemos ser indiferentes o podemos ser proactivos. Podemos ser parte del cambio o parte de la masa inerte que consume información como papas fritas y no hace nada con ella. Podemos ser parte de la solución o parte del problema. Y ahí, para mí, aparece la disyuntiva entre promover y criticar.
Quiero aclarar que mi visión del asunto no es en blanco y negro. Sé que es posible promover cosas a través de la crítica y sé que se puede hacer crítica en el proceso de promover algo. Sé que difícilmente podemos quedarnos siempre en el mismo lugar y con el mismo punto de vista, y que en algunos temas uno puede tender más hacia un lado o el otro, o simplemente estar pasivo en algún lugar en medio. También sé que hay críticas valiosas y que generan cambio y que hay personas que apoyan y promueven cosas aparentemente sin ningún criterio y que eso, por supuesto, suele ser contraproducente. Así que no estoy afirmando que criticar en sí mismo sea malo, o que promover sea intrínsecamente bueno. Entonces, para que todo sea más claro, sepan que me estoy refiriendo a la acción de criticar de manera pasiva (es decir, de quedarse sentado en casa renegando sobre lo mal que está esto o aquello) y a la acción de promover de manera crítica (o sea, obteniendo y analizando información que nos lleva a aprender cosas y a querer compartirlas con otras personas).
Es fácil caer en la trampa de la queja hueca, y creo que uno de nuestros principales problemas es la facilidad que tenemos para quejarnos y lo difícil que nos resulta hacer algo al respecto. ¿Cuántas veces por semana nos indigna alguna de las noticias que vemos? ¿Y cuántas veces llevamos esa indignación a algo concreto? Por eso planteo la idea de promover versus criticar: pienso que la crítica pasiva —o la queja hueca— es eso, una actitud pasiva, y de hecho aveces termina por atravesarse en el camino de quienes sí están tratando de hacer algo al respecto. En cambio, al promover, estoy formando parte de la solución. No importa si la solución no la estoy planteando yo… ya hay un montón de iniciativas y de ideas que abordan mis preocupaciones y mis intereses, y mi apoyo (aun si aveces consiste sólo en compartir información en redes sociales) puede ser una manera de hacer la diferencia. 
Así que ahí les comparto una lista de 3 buenas razones para promover las cosas que nos gustan, en lugar de limitarnos a cuestionar las que no nos gustan.
1. Al promover las cosas que nos gustan, estamos invitando (directa o indirectamente) a otras personas a que las conozcan. Ese es un buen comienzo para formar redes y, digámoslo así, sembrar semillitas de cambio.
2. Promover algo que nos guste requiere que pasemos de la actitud pasiva del cuestionamiento y la crítica a la acción; en ese proceso aprendemos un montón de cosas, salimos de la zona de confort y nos convertimos en gestores de cambios.
3. Cuando descubrimos lo satisfactorio que es promover lo que nos gusta, generamos un efecto bola de nieve. Empezamos haciendo cambios pequeños que, a través del tiempo y de las conexiones con otras personas e iniciativas, se convierten en grandes cambio.
Para cerrar: pienso que en el acto de promover hay un matiz bonito, de apoyo, de trabajo en equipo, de creer en las ideas de otras personas y de evitar centrarse sólo en lo que está mal. No sólo funciona cuando se trata de problemas a los que les buscamos solución… funciona para todo. Pocas cosas son más satisfactorias que recibir un comentario positivo de un desconocido sobre un proyecto que uno tenga, por pequeño que sea. 
Se los digo yo, que se me ilumina el día cuando alguno de mis lectores me escribe a contarme que le gusta el blog, o que lo que publico aquí les sirvió para aprender algo nuevo :)
Y a ustedes, ¿qué cosas les gustan? ¿qué ideas han ayudado a promover? 
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3 buenas razones para promover las cosas que te gustan.


En el mundo hay cosas que nos gustan y que no nos gustan. Personas que nos caen bien y otras que difícilmente podemos soportar. Iniciativas que admiramos y que respetamos y otras que nos ponen los pelos de punta. 

Esa información sobre cosas, hechos, personas e iniciativas llega a nosotros por diversos medios, y con la hiperconexión y las redes sociales eso suele pasar en proporciones que antes era imposible imaginar. Constantemente estamos siendo “bombardeados” con datos sobre cosas que amamos y que odiamos —y claro, también sobre cosas que nos son indiferentes— y frente a las cuales solemos tener una actitud más bien pasiva.

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Bolitas de almendra y limón 
Me gusta mucho hacer leche de almendras, ¡es taaaan fácil y queda tan rica! La uso para un montón de cosas: batidos, salsas para pasta, pudín de chía, chai-latte (todas esas recetas las compartiré pronto) o simplemente la tomo así sola, no necesita nada más. Pero siempre me he preguntado qué hacer con la masa sobrante (cascajo o ripio), porque ahí quedan un montón de nutrientes todavía y me parece un desperdicio tirarla a la basura. 
He probado varias recetas, he tratado de hacer pancakes, he usado parte de la masa para hornear muffins, la he mezclado con la granola… todas funcionan bien pero sólo uso una parte de la masa, así que igual siempre se me termina perdiendo una parte que se queda en la nevera, y de la que no me acuerdo hasta que la saco toda llena de hongos. Entonces decidí experimentar y probar a hacer algo que quedara tan rico y que fuera tan fácil de hacer, que definitivamente no se desperdiciara ni una sola cucharada. Creo que lo logré. [[MORE]]
La masa se usa tal cual como queda después de cernir la leche, con un poquito de humedad. Se pone en un recipiente grande, en el que se pueda hacer la mezcla cómodamente, y con la ayuda de una cuchara o con las manos bien limpias se mueve un poco para que quede más suelta. Aparte, se ralla un limón grande por el lado más fino del rallador. 

Se mezcla la ralladura de limón con la masa de almendras. Se añaden 3 cucharadas de panela (se puede reemplazar por azúcar moreno), 4 cucharadas de margarina vegetal derretida (se puede usar aceite de coco o algún aceite de sabor suave) y media cucharadita de jengibre en polvo. Dependiendo de la humedad que tenga la masa, es posible que sea necesario añadir un chorrito de leche de almendras (lo cual no va a ser un problema porque la acabas de hacer, pero igual lo puedes reemplazar por agua). A ese tris de leche yo le añadí unas gotas de esencia de vainilla. 
Después, con las manos bien limpias, se empieza a mezclar y a amasar todo; vas a notar que la masa toma forma con mucha facilidad. Cuando todo esté bien mezclado puedes empezar a hacer bolitas, así:

Se guardan en la nevera, ¡y listo! Son perfectas de postre o para complementar una merienda… ricas, nutritivas y súper fáciles de hacer, ¿se puede pedir algo más?
Aquí va la receta resumida:
Para hacer las bolitas de almendra y limón necesitas:
Cascajo o ripio de almendras, lo que queda sobrando al hacer un litro de leche de almendras aprox. 
La ralladura de un limón grande. 
3 cucharadas de panela o azúcar moreno.
4 cucharadas de margarina vegetal, aceite de coco o algún aceite de sabor suave.
1/2 cucharadita de jengibre en polvo.
Un poquito de leche de almendras o agua.
Unas gotas de esencia de vainilla.
Se mezcla todo, se amasa muy bien, se hacen bolitas y listo. Se guardan en la nevera en un recipiente hermético. 
¿Se animan a probarlas? :) Alta resolución

Bolitas de almendra y limón 


Me gusta mucho hacer leche de almendras, ¡es taaaan fácil y queda tan rica! La uso para un montón de cosas: batidos, salsas para pasta, pudín de chía, chai-latte (todas esas recetas las compartiré pronto) o simplemente la tomo así sola, no necesita nada más. Pero siempre me he preguntado qué hacer con la masa sobrante (cascajo o ripio), porque ahí quedan un montón de nutrientes todavía y me parece un desperdicio tirarla a la basura. 

He probado varias recetas, he tratado de hacer pancakes, he usado parte de la masa para hornear muffins, la he mezclado con la granola… todas funcionan bien pero sólo uso una parte de la masa, así que igual siempre se me termina perdiendo una parte que se queda en la nevera, y de la que no me acuerdo hasta que la saco toda llena de hongos. Entonces decidí experimentar y probar a hacer algo que quedara tan rico y que fuera tan fácil de hacer, que definitivamente no se desperdiciara ni una sola cucharada. Creo que lo logré.

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¿Por qué sin carne?
Hoy es lunes, un día común y corriente que por su nombre y por sus connotaciones laborales se ha ganado el rechazo de una buena parte de la humanidad; pero los lunes, como todas las cosas en la vida, pueden verse desde diferentes perspectivas… y desde mi perspectiva, la de millones de animales y de cada vez más personas el lunes es un día maravilloso. Es un día sin carne.
La historia del lunes sin carne empieza en la época de la primera guerra mundial; en esa época se plantearon varios días similares (martes sin carne, miércoles sin trigo) en los que se buscaba recordarle a los ciudadanos que era necesario racionar el consumo para alimentar a las tropas y a las poblaciones en Europa en las que se había interrumpido la producción y el transporte de alimentos. En la segunda guerra mundial ocurrió algo similar con el consumo de carne, azúcar y gasolina.  [[MORE]]
En el 2003 se retoma la idea pero esta vez como un programa de concientización de salud pública. La campaña se ha popularizado y cada vez es más común oír hablar del lunes sin carne; incluso los gobiernos de algunos países han apoyado la iniciativa convirtiéndola en una campaña nacional. 
Pero el lunes sin carne es mucho más que una campaña. Si bien es cierto que miles de estudios confirman el riesgo que genera el consumo de carne para la salud de los humanos, ésta ya no es la única preocupación, pues miles de estudios también confirman el deterioro del medio ambiente generado por la industria cárnica (en toda su cadena de producción) y en general se afirma que el consumo de carne es el segundo causante de los problemas de cambio climático, después del uso de combustibles fósiles. De hecho, justo en estos días se está presentando un documental que muestra el consumo de carne como el principal desencadenante de los problemas ambientales con los que nos enfrentamos actualmente. Se llama Cowspiracy, para los que lo quieran buscar. 

Hay un montón de páginas web y comunidades en Facebook que hablan sobre el lunes sin carne, y quiero aprovechar la información que se encuentra en una de ellas para compartirla aquí, y responder la pregunta: ¿Por qué sin carne?
1. Por la salud.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en todo el mundo. Cada año mueren más personas por problemas al corazón que por cualquier otra dificultad médica. Y el principal factor de riesgo es la alimentación.
Según un estudio de la prestiogiosa Universidad de Oxford, Inglaterra, quienes llevan una dieta vegetariana tienen un 32% menos de riesgos cardiovasculares. En este contexto, cada día sin carne de una semana disminuye en un 4,5% las posibilidades de sufrir enfermedades del corazón.
2. Por los animales.
Se calcula que cada segundo mueren 2.000 animales en el mundo. Vacas, cerdos, pollos, peces y muchas otras especies capaces de sentir dolor, son exterminadas con la excusa de alimentarnos. Por otra parte, científicos liderados por Stephen Hawking firmaron el año 2012 lo que se conoce como la “Declaración de Cambridge”, un texto que reconoce la existencia de conciencia en los animales (para mi y para muchas otras personas es un asunto absolutamente evidente… pero hay quienes se niegan a reconocerlo incluso ante la evidencia científica). Se calcula que cada vegetariano salva 95 vidas cada año, mientras que una persona que se suma a los Lunes Sin Carne salva 14 animales en 12 meses.
3. Por las personas.
Si para producir un kilo de carne se utilizan entre 15 y 20 kilos de cereales, ¿cuántas personas podrían alimentarse si estos alimentos fueran destinados a los seres humanos? En el mundo, cada 15 segundos muere un niño por culpa de la desnutrición. Comer carne es un lujo, pero el problema es que hemos dejado de verlo como tal. Un kilo de carne alcanza para que coman sólo 4-5 personas, mientras que con 15 kilos de legumbres pueden alimentarse más de 200 personas.
4. Por el planeta.
La ONU, a través de su Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), determinó que el 18% de todos los gases de efecto invernadero a nivel mundial provienen de la industria ganadera. Esto supera incluso a todos los medios de transporte del planeta, y sitúa a la ganadería como el principal responsable del calentamiento global. Por eso, en un sólo día sin carne, cada persona reduce su huella de carbono en un 12%.
Por otra parte, la cría de animales es una de las formas más ineficientes de producir alimentos. Para producir un kilo de carne, se utilizan entre 15 y 20 kilos de cereales, y 15.000 litros de agua. De esta forma, en un sólo Lunes Sin Carne puedes ahorrar el agua suficiente para 16 duchas.
La salud, los animales, las personas y el planeta… deberían ser suficiente motivación para cuestionar nuestros hábitos alimenticios, ¿no?
Si el desafío les parece pequeño, ¡pueden probar a ser vegetarianos de días hábiles! Graham Will tiene una charla de TED al respecto, muy recomendada. 
Y ustedes, ¿ya practican el lunes sin carne? ¿qué recomendaciones le harían a los que lo quieren empezar a practicar? Alta resolución

¿Por qué sin carne?


Hoy es lunes, un día común y corriente que por su nombre y por sus connotaciones laborales se ha ganado el rechazo de una buena parte de la humanidad; pero los lunes, como todas las cosas en la vida, pueden verse desde diferentes perspectivas… y desde mi perspectiva, la de millones de animales y de cada vez más personas el lunes es un día maravilloso. Es un día sin carne.

La historia del lunes sin carne empieza en la época de la primera guerra mundial; en esa época se plantearon varios días similares (martes sin carne, miércoles sin trigo) en los que se buscaba recordarle a los ciudadanos que era necesario racionar el consumo para alimentar a las tropas y a las poblaciones en Europa en las que se había interrumpido la producción y el transporte de alimentos. En la segunda guerra mundial ocurrió algo similar con el consumo de carne, azúcar y gasolina.  

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Viajar vegano y no morir en el intento, en 5 pasos básicos. 
Uno de los desafíos (si se le quiere decir así) de ser vegetariano o vegano es el tema de salir de casa. Cocinar a mi gusto, añadiendo lo que quiero comer y quitando lo que no me gusta es muy fácil en mi propia cocina… pero salir a comer a otro lugar trae consigo ciertas incomodidades, más aún cuando ese otro lugar es otro país, con otro idioma y otras costumbres alimenticias. De hecho una de las preguntas que me hacen con más frecuencia es si es muy difícil ser vegano/vegetariano cuando uno quiere viajar; y la respuesta es: depende, y no. 
Depende de qué sea lo que uno considera “difícil”. Nos hemos acostumbrado a tener todo tan al alcance de la mano, todo es directo, instantáneo (el café, las sopas, la comunicación, etc.) y nos cuesta mucho trabajo lidiar con cosas que hace unos cuantos años eran consideradas normales y que en este momento parecen ser —para muchas personas— esfuerzos sobrehumanos. Aquí quiero desmenuzar un poquito esas ideas de lo que puede ser “difícil”.
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Para algunas personas lo difícil es “resistirse” a las tentaciones gastronómicas de otros lugares; algunos no conciben la idea de viajar y no probar hasta la última excentricidad de la cocina local, así que les parece descabellado pensar en visitar un lugar y no probar cada cosa que se les cruza por el frente: cerebros de mono, entrañas de serpiente, estómago de foca bebé… ¡qué sé yo! Todo bajo la idea de “a donde fueres haz lo que vieres”. Y aquí es donde yo trazo la línea, ¿por qué voy a hacer lo que sea que están haciendo en otro lado, si eso que están haciendo me desagrada, me hace sentir incómoda o atenta contras mis principios? A mi me encanta viajar, y he tenido la fortuna de conocer muchas ciudades y pueblos de diferentes países, en varios continentes, en los que he probado incontables delicias culinarias sin tener que dejar a un lado lo que siento que está bien o está mal (vale aclarar que ese “bien” o “mal” es obviamente distinto para cada uno). Estoy segura de que muchas personas que han viajado a Vietnam se han abstenido de comer perro porque les parece que está mal, a pesar de que se trata de uno de los platos típicos de ese país; bueno, es la misma lógica… si no quiero comer vaca, cerdo o cualquier otro animal mientras estoy en mi casa, ¿por qué voy a cambiar de parecer por estar en suelo internacional? a fin de cuentas…
"Cambian de cielo, no de espíritu, los que huyen al otro lado del mar"
Para otras personas lo “difícil” es tener que tomarse el tiempo para leer el menú de los restaurantes hasta encontrar un buen lugar, uno que ofrezca cosas que sean ricas y nutritivas. No es difícil, es lo mínimo que uno debería hacer si quiere comer bien sea lo que sea que quiera comer, ¿no? Además encontrar opciones vegetarianas es fácil incluso en los lugares más carnívoros porque hasta los platos llenos de carne los sirven con algún tipo de vegetal, es cuestión de preguntar, sonreír y pedir el favor. La verdad es que si en un lugar te dicen que no tienen NINGUNA opción vegetariana es porque no te quieren atender, y siendo ese el caso vale la pena buscar un lugar en el que tengan una mejor atención a sus clientes, o por último cocinar tú mismo… sale más barato y lo puedes hacer a tu gusto. ¡La plata que te ahorras te la puedes gastar en cerveza o en regalos para ti o tus amigos!
Para otras personas lo “difícil” es tener que planear, tener que pensar en qué voy a comer si voy a estar caminando en X lugar, qué puedo desayunar si dormimos en X ciudad. Esta es una de esas tareas que solían ser normales y que ahora se toman como un castigo. Planear es parte del viaje, y puede ser tan tedioso o tan entretenido como uno quiera. ¿Vas de caminata y todos van a llevar sánduches de jamón? Busca un tofu en el mercado y sazónalo con cosas ricas. ¿No hay tofu? Haz un puré de fríjoles, garbanzos o lentejas y combínalo con vegetales crudos o salteados. Hasta en el país más carnívoro vas a encontrar frutas y vegetales, así que a menos que tu viaje sea a Groenlandia (donde el acceso a vegetales puede ser mucho más limitado y la base de alimentación es definitivamente carnívora) no tienes ningún problema.
Así que ahí dejo la parte de “depende”. Ahora voy a la otra parte de la respuesta: NO, no es difícil viajar siendo vegetariano o vegano. No es difícil asumiendo que viajar y ser vegetariano son dos cosas que uno está haciendo porque quiere, y cuando uno hace las cosas porque quiere encuentra la manera de hacerlas y listo, o como dicen por ahí:
"El que quiere encuentra una manera, el que no, encuentra una excusa"
Ahora, en conclusión, aquí están las cosas que debes tener en cuenta si eres vegetariano o vegano y te vas de viaje (cerca o lejos):
Planea: es parte del viaje. Busca información sobre las costumbres alimenticias del lugar que vas a visitar para que te hagas una idea de qué tan fácil (o difícil) puede ser conseguir opciones vegetarianas o veganas. Es muy probable que en este proceso descubras maravillas gastronómicas locales que otros viajeros no han conocido porque se han quedado con lo más común y de más fácil acceso. 
Pierde el miedo: a pedir modificaciones en los menús de los restaurantes; la mayoría de los platos son vegetarianizables, y muchos son veganizables, es cuestión de preguntar y pedir el favor de buena manera. La mayoría de los restaurantes no tendrán ningún problema en modificar un plato para ti… y de hecho es posible que ni siquiera necesites pedir esas modificaciones, pues cada vez es más común encontrar restaurantes vegetarianos y veganos en todas partes. Puedes usar herramientas como Happy Cow para buscar restaurantes en el lugar que vas a visitar, y llevar una lista con las direcciones en caso de que no tengas fácil acceso a internet. 
Cocina: Si estás quedándote en casas de amigos, en hostales, en alojamientos de AirBNB o Couchsurfing la mejor opción es cocinar, así puedes hacer las cosas a tu gusto y ahorras un montón de plata que puede ser útil para que disfrutes otras cosas del viaje. 
Aprende a comer bien: esto es importante también si estás en casa, pero es esencial cuando estás de viaje pues te debes alimentar bien para estar saludable y disfrutar el paseo sin percances. Acostúmbrate a comer buenas cantidades de fruta, vegetales, legumbres y frutos secos. Estos últimos son una excelente manera de mantener un adecuado consumo de proteína y otros nutrientes esenciales aún cuando no tienes acceso a comidas vegetarianas más elaboradas. 
Sé flexible: un desayuno turco es muy diferente a un desayuno colombiano. Si sales a buscar comidas similares a las que comerías en casa es posible que te encuentres en situaciones muy frustrantes, pero si te enfocas en las prioridades (disfrutar el viaje y comer bien) te aseguro que encontrarás muchas opciones. Tal vez en casa no desayunarías lentejas y ensalada… pero estás de viaje, ¿qué más da? ¡Disfruta!
Y ustedes, ¿han tenido problemas con la comida al viajar? ¿Cómo los han resuelto? ¿Tienen recomendaciones adicionales?  Alta resolución

Viajar vegano y no morir en el intento, en 5 pasos básicos. 


Uno de los desafíos (si se le quiere decir así) de ser vegetariano o vegano es el tema de salir de casa. Cocinar a mi gusto, añadiendo lo que quiero comer y quitando lo que no me gusta es muy fácil en mi propia cocina… pero salir a comer a otro lugar trae consigo ciertas incomodidades, más aún cuando ese otro lugar es otro país, con otro idioma y otras costumbres alimenticias. De hecho una de las preguntas que me hacen con más frecuencia es si es muy difícil ser vegano/vegetariano cuando uno quiere viajar; y la respuesta es: depende, y no. 

Depende de qué sea lo que uno considera “difícil”. Nos hemos acostumbrado a tener todo tan al alcance de la mano, todo es directo, instantáneo (el café, las sopas, la comunicación, etc.) y nos cuesta mucho trabajo lidiar con cosas que hace unos cuantos años eran consideradas normales y que en este momento parecen ser —para muchas personas— esfuerzos sobrehumanos. Aquí quiero desmenuzar un poquito esas ideas de lo que puede ser “difícil”.

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La mamá de todas las mamás.
En general, los días de cualquier cosa (léase día de la madre, día del padre, del amor y la amistad, día del profesor, del diseñador, de la secretaria, del personal de servicio al cliente, del asesor de seguros, de quien sea) me parecen más una excusa comercial que una cosa realmente significativa. A las mamás se les debería celebrar el hecho de ser mamás en cualquier momento del año y no en una fecha X en la que los centros comerciales ponen corazones y frases prefabricadas en todas las vitrinas. 
En todo caso quiero aprovechar la fecha como excusa para felicitar a la mamá de todas las mamás: la tierra. Y recuerden que uno a la mamá la quiere y la cuida todos los días, no sólo el día de la madre.

(Foto tomada de Wikipedia) Alta resolución

La mamá de todas las mamás.

En general, los días de cualquier cosa (léase día de la madre, día del padre, del amor y la amistad, día del profesor, del diseñador, de la secretaria, del personal de servicio al cliente, del asesor de seguros, de quien sea) me parecen más una excusa comercial que una cosa realmente significativa. A las mamás se les debería celebrar el hecho de ser mamás en cualquier momento del año y no en una fecha X en la que los centros comerciales ponen corazones y frases prefabricadas en todas las vitrinas. 

En todo caso quiero aprovechar la fecha como excusa para felicitar a la mamá de todas las mamás: la tierra. Y recuerden que uno a la mamá la quiere y la cuida todos los días, no sólo el día de la madre.

(Foto tomada de Wikipedia)

Comida rica, fácil, sana y sin crueldad. Primera entrega (de muchas).
Hace un par de meses aprendí a germinar lentejas con un tutorial que encontré en este maravilloso blog. También aprendí a germinar quinoa y garbanzos, pero esa historia es para después. 
El proceso es realmente muy fácil: 
Se lavan bien y se ponen a remojar de un día para otro (yo remojé una taza de lentejas).
Se enjuagan y se escurren bien.
Se ponen en un recipiente de cerámica o de vidrio (puede ser en un envase de vidrio como los de mermelada o en un plato hondo en el que quepan “cómodamente” las lentejas).[[MORE]]
Se cubren con una toalla desechable de cocina o con una tela de fibras naturales bien limpia (por ejemplo lino). Se ponen en un lugar bien ventilado pero lejos de la luz directa hasta el otro día. 
¡Listo! Al siguiente día ya vas a ver que tienen unas “colitas”. Eso significa que ya germinaron. Yo les di otro día más para que las colitas crecieran más, ¡algunas incluso empezaron a sacar hojas!A mí me pareció muy lindo verlas germinar, hasta les tomé una foto.
No sabía muy bien qué hacer con las lentejas germinadas entonces recurrí a la fuente que responde casi todas mis preguntas culinarias últimamente: Pinterest. Como siempre, encontré un montón de recetas deliciosas, pero muchas tenían ingredientes que no tenía disponibles en ese momento así que decidí improvisar. Usé ingredientes muy básicos que normalmente se tienen en casa para hacer un salteado y quedó muy rico.
Aquí va la receta:




Sólo es necesario saltear unos cuantos minutos para que los ingredientes se calienten. No hace falta cocinar las lentejas (quedan crujientes, llenas de nutrientes, maravillosas) y se pueden añadir o reemplazar los ingredientes según lo que tengas disponible. 
¡Así de fácil! Comida rica, sana, sin carne, sin lácteos, sin huevo, llena de colores, sabores y nutrientes. Puro poder alimenticio.
Si acaso tienen dudas sobre los valores nutricionales de las lentejas, les dejo esta tabla comparativa, con datos obtenidos en la página de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura):
Y ustedes, ¿han preparado algo con germinados? ¿Tienen técnicas diferentes? ¿Recetas recomendadas? ¡Compártanlas en los comentarios! Alta resolución

Comida rica, fácil, sana y sin crueldad. Primera entrega (de muchas).

Hace un par de meses aprendí a germinar lentejas con un tutorial que encontré en este maravilloso blog. También aprendí a germinar quinoa y garbanzos, pero esa historia es para después. 

El proceso es realmente muy fácil: 

  1. Se lavan bien y se ponen a remojar de un día para otro (yo remojé una taza de lentejas).

  2. Se enjuagan y se escurren bien.

  3. Se ponen en un recipiente de cerámica o de vidrio (puede ser en un envase de vidrio como los de mermelada o en un plato hondo en el que quepan “cómodamente” las lentejas).

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Una historia que me tiene revuelto el corazón.
La historia de Muñeca me ha tenido con el corazón revuelto todos estos días. Para aquellos de ustedes que no saben de qué estoy hablando, la historia es la siguiente: el primero de abril un trabajador de Aseo Capital le cortó 3 patas a una perrita que, según él, “se chocó” con la máquina podadora… y siguió con su trabajo como si nada hubiera pasado. Sólo las exigencias de las personas que vieron el hecho lo obligaron a parar y a declarar ante la policía, donde tuvo el cinismo de afirmar que no la había visto. Muñeca es una perra mediana, estaban podando el pasto, no un matorral de bosque andino… era imposible que no la hubiera visto. 
[[MORE]]
Ésta es otra de tantas cosas que pasan en este país, en este planeta, que me llenan de indignación, tristeza y sobre todo miedo. Me da mucho miedo pensar en cuántas personas hacen cosas atroces y violentas contra otras personas y contra los animales y no les importa. Me da mucho miedo —quizás aún más— pensar en todo el daño que hacemos sin darnos cuenta, sin ser conscientes de lo que estamos haciendo… aveces porque el alcance de las consecuencias de nuestros actos está más allá de nuestros ojos, o aveces porque nos han educado de manera que entendemos algunos actos llenos de violencia con plena normalidad, como si fueran completamente inofensivos sólo por el hecho de ser comunes. 
Lo que le pasó a muñeca no es un caso aislado, como tampoco lo es ninguno de los actos violentos que nos cuentan las noticias. Y no es un caso extraño tampoco… lamentablemente tiene sentido, y no digo sentido como queriendo decir que lo entiendo, o que pienso que sea lógico, muchísimo menos diciendo que esté bien. Está mal, está podridamente mal, pero tiene sentido en medio de todo su sinsentido.
Tiene sentido porque vivimos en una sociedad que valora más a los objetos que a los seres vivos, en la que el concepto de felicidad está ligado al de tener cosas y en la que nos enseñan que uno “vale” más si tiene más. Tiene sentido porque, además, vivimos en una sociedad que nos ha enseñado a ver al medio ambiente como un adversario que hay que vencer (una idea absolutamente descabellada y llena de ignorancia por donde se la mire), que nos ha enseñado a entender que el progreso y el desarrollo son cemento y carros, que nos ha convencido de que somos pobres y subdesarrollados porque mide a todos con la misma vara y (aprovechando una frase de Einstein) juzga a los peces por su capacidad de subirse a los árboles. 
Tiene sentido, también, porque nos han educado para creer que los animales —y en general la naturaleza, que en medio de nuestra ignorancia entendemos como algo separado de nosotros, ignorando que nosotros somos parte de ella— son objetos que están aquí para nuestro beneficio. Nuestro sistema ha estado en gran parte construido alrededor de esa idea: mientras los animales nos sean de alguna utilidad: bienvenidos; si no, adiós.
Las vacas, los cerdos, las gallinas y los peces nos “sirven” porque son comida, qué importa si sufren, o si sienten miedo o dolor… nosotros “necesitamos” esos productos y por supuesto, lo que nosotros necesitemos está por encima de lo que necesiten ellos. Los perros, los gatos, las aves exóticas nos “sirven” como compañía en el mejor de los casos… en muchos otros sirven como adorno. La raza de perro que esté de moda se vende en las tiendas de mascotas como pan caliente, se ven cachorros muriendo de tedio encerrados en una vitrina, esperando a que alguien los libere de esas jaulas de vidrio en las que no pueden ni siquiera moverse bien. Tan pronto pasan de moda se llena la calle de animales abandonados.  
¿Cómo va a ser sorprendente que alguien le corte las patas a un perro? A ese señor, seguramente, le enseñaron que los animales sirven para algo y no que son otros habitantes de este planeta, con tanto derecho de estar aquí como nosotros. Al señor le estorbó la perra mientras cortaba el pasto, y como la vio criolla (y por lo tanto con cara de perra callejera) le pasó por encima. Si muñeca hubiera sido dálmata, labrador o akita inu es posible que la historia hubiera sido otra… y no porque al señor ese le hubiera importado, sino porque tal vez se hubiera sentido asustado por lo que le podría pasar si el dueño de un perro de raza (seguramente alguien con plata) le podría hacer; seguramente él jamás esperó que hubiera gente que se preocupara por un perro de la calle, porque obvio, esos no “sirven” para nada. A estas alturas ese señor debe estar entre confundido e indignado preguntándose por qué la gente está haciendo tanto alboroto por un animal, algo que a él seguramente le enseñaron que vale menos que un objeto. 
Como empecé diciendo, la historia de muñeca me tiene con el corazón revuelto, y también confundido. Por ratos me lleno de tristeza y de miedo pensando en lo que le hicieron a esa perrita y lo que impunemente le hacen a miles de animales todos los días. Por ratos me lleno de esperanza viendo a tanta gente que se ha preocupado por el caso, a los medios dedicándole algo de espacio a una noticia sobre maltrato animal. Es posible que, como todas las noticias de violencia en Colombia, la noticia de Muñeca se olvide en poco tiempo, apenas pase el boom… pero estoy segura de que a algunas personas esta historia las marcó para siempre, aunque sea a unas pocas. Pienso también que sólo el hecho de que se esté generando polémica, que a ese señor lo hayan echado de su trabajo y que las directivas de Aseo Capital se estén viendo obligadas a dar explicaciones, a publicar comunicados y a cubrir todos los gastos de atención veterinaria de Muñeca va a sentar un precedente, aunque sea mínimo, en cuanto a derechos de los animales.
Unas cuantas personas exigieron al trabajador de Aseo Capital que explicara lo que pasó. Varias más se unieron y han estado atentas a la evolución de Muñeca. Otras más han empezado a organizar marchas para exigir la creación de leyes más fuertes de protección a los animales. Todo puede parecer muy poco pero de cosas pequeñas se hacen cosas grandes. En esta historia la diferencia la está haciendo la gente, y esa, en mi opinión, es la única manera de hacer la diferencia. 
Para cerrar, quiero compartir con ustedes una lista de diez consejos para evitar el sufrimiento animal. Es una lista que propone la Sociedad Protectora de Animales de Medellín en un volante que cogí en el Café Vallejo y lo tengo pegado a la nevera; algunas son cosas que he tenido claras desde pequeña (gracias mami), otras las he ido aprendiendo después. También lo tengo a la vista porque uno nunca sabe quién va a leer algo de lo que uno tiene por ahí, y cuando uno menos piensa ha hecho otra pequeña diferencia. 
Aquí va:
Diez consejos para evitar el sufrimiento animal:
1. Alimentos: Evita en tu dieta productos obtenidos de los animales que son maltratados en granjas de explotación masiva.
2. Ropa: Busca alternativas, como el algodón, el lino y los materiales sintéticos. 
3. Cosméticos: Rechaza productos que son probados en animales.
4. Diversión: La caza, la pesca, y algunos mal llamados deportes como el rodeo, las corridas de toros, las riñas de gallos, producen sufrimiento y dolor. Rechaza estos espectáculos.
5. Cautiverio: Los zoológicos, los circos, los acuarios, utilizan animales aislándolos de su medio ambiente natural. Evita las visitas a estos lugares.
6. Educación: Niégate a participar en experimentos con animales, propón medios alternativos. Difunde este mensaje y ayuda a mejorar el trato que se le da a los animales.
7. Responsabilidad: No reproduzcas, no compres, no vendas animales. 
8. Albergues: Son insuficientes para atender la demanda de servicios. Colabora ayudando a ubicar animales en hogares sustitutos. Dona, apadrina, adopta. 
9. Cuidado: Esteriliza los animales cercanos a tu grupo familiar, no los dejes circular sin traílla, bríndales atención veterinaria y dedícales tiempo diariamente para jugar y caminar.
10. Habla por ellos, déjate oír. Escribe a los periódicos, programas radiales y de televisión. Reclama por los derechos de los animales. Tú eres su voz.  Alta resolución

Una historia que me tiene revuelto el corazón.

La historia de Muñeca me ha tenido con el corazón revuelto todos estos días. Para aquellos de ustedes que no saben de qué estoy hablando, la historia es la siguiente: el primero de abril un trabajador de Aseo Capital le cortó 3 patas a una perrita que, según él, “se chocó” con la máquina podadora… y siguió con su trabajo como si nada hubiera pasado. Sólo las exigencias de las personas que vieron el hecho lo obligaron a parar y a declarar ante la policía, donde tuvo el cinismo de afirmar que no la había visto. Muñeca es una perra mediana, estaban podando el pasto, no un matorral de bosque andino… era imposible que no la hubiera visto. 

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3 razones para tener una “noche sin luz”
Hace un par de meses estaba buscando información sobre los ciclos hormonales femeninos y me encontré con una cantidad de cosas interesantes/impactantes/inquietantes; lo más inquietante fue darme cuenta de que había pasado tantos años de mi vida sin entender muchos aspectos de algo que es parte de mi cuerpo y que es parte esencial del género femenino. 
En esa búsqueda, encontré alguna página web que hablaba de la relación entre los ciclos hormonales y la luz natural (como la luz del día y la luz de la luna), y también sobre la relación entre la luz artificial y los desequilibrios hormonales, los ciclos irregulares e incluso los problemas de fertilidad. [[MORE]] Eso me puso a pensar en algo que ya había pensado antes: muchos animales se despiertan temprano, con la salida del sol, y desarrollan sus actividades durante el día. Cuando empieza a oscurecer, por ejemplo, las gallinas se van a dormir y los pájaros regresan a los árboles a buscar refugio para descansar. Claro, hay muchos animales nocturnos o con ciclos que combinan actividad en el día y en la noche (como los gatos), pero igual eso me hace pensar qué tanto ha cambiado nuestra rutina adaptándose a través de los siglos según el clima, la cantidad de luz disponible (natural o artificial), los horarios de trabajo, las dinámicas sociales, etc. 
Particularmente para las personas que vivimos en las ciudades pensar en una noche sin luz artificial es casi imposible. Las calles están iluminadas (si no lo estuvieran lo más seguro es que nos daría miedo salir a la calle), las casas están iluminadas, incluso muchos aparatos que utilizamos emiten luz (celulares, computadores, televisores). Estamos constantemente consumiendo energía eléctrica y dándole señales a nuestro cuerpo de que debe estar despierto. 
Entonces, volviendo a mi búsqueda… se me ocurrió hacer un experimento. Me propuse (y se lo propuse a mi novio, que iba a ser afectado directamente) tener una noche sin luz artificial cada semana: dejar que la noche “llegara” naturalmente, apagar los computadores a las 6pm y quedarnos a oscuras —tanto como lo permite la ciudad, pues igual por la ventana entra la luz que viene de afuera— hasta el otro día. A él, que le gustan todos esos experimentos, le gustó la idea y desde entonces hemos estado teniendo noches sin luz con cierta regularidad. (Vale la pena aclarar que vivo en Medellín, ciudad tropical en la que no hay horarios de invierno y verano, y siempre amanece y anochece más o menos a la misma hora; este experimento debe ajustarse en caso de que se haga en lugares no-tropicales).
Aquí les cuento 3 razones por las cuales me gusta la noche sin luz, y por las que pienso que todo el mundo debería tener una: 
1. El cuerpo y la mente reciben un merecido descanso. 
En un día “normal” en mi casa —como en la mayoría— hay luz artificial hasta el último momento antes de acostarme. Suelo usar sólo las luces que necesito, así que por lo general tengo sólo una luz prendida (la del lugar del apartamento en el que esté), pero esa es más que suficiente para que mi cuerpo reciba el mensaje de que debe estar activo y que todavía no es hora de descansar. Aveces incluso tengo el computador prendido hasta tarde, revisando correos, adelantando trabajo… con la cabeza ocupada en varias cosas al mismo tiempo a pesar de que el día ya se acaba y que a esas alturas necesito descanso.
En las noches sin luz apago el computador a las 6. Mi novio (el otro beneficiario del experimento) y yo nos acomodamos en la hamaca que tenemos al frente de la ventana, oímos los pajaritos que se están yendo a dormir (tenemos la fortuna de tener una buena vista, llena de árboles) y conversamos. Después de un rato ya empezamos a sentir sueño, el cuerpo se siente más lento, todo se siente más tranquilo. Comemos algo (aquí usamos una vela, hay un poquito de trampa pero es para no quemarnos mientras cocinamos) y después de un rato ya estamos tan somnolientos que lo único lógico que queda por hacer es dormir.
Cuando hay noche sin luz nos dormimos más temprano, es lo que el cuerpo pide, es un merecido descanso; y no sólo eso: dormimos mejor. Al “desconectar” la cabeza de las preocupaciones del día y permitirnos estar en un ritmo diferente, nos preparamos mejor para el sueño y dejamos que el cuerpo y la mente se relajen y entren progresivamente en ese estado de descanso que lleva a un sueño rico y profundo. 
2. Es una oportunidad para disfrutar otras cosas.
Cuando hay tantos estímulos externos es muy difícil pensar en uno mismo, o en las personas que uno tiene al lado. En el día estamos normalmente ocupados con todo lo que pasa a nuestro alrededor (o lo que pasa al frente, en la pantalla del computador) y aún en la noche estamos pendientes de hacer cosas en la casa, lo que faltó organizar, el correo que faltó enviar, lo que hay que preparar para mañana…
Claro, la luz artificial es muy conveniente porque nos permite seguir las actividades diurnas aún en la noche, pero normalmente hace que nos olvidemos de aprovechar ese rato para disfrutar cosas que no disfrutamos en el día: descansar, pasar tiempo tranquilo con la familia, los amigos, o disfrutar de un rato de soledad también. Estar sin luz nos obliga a pensar de otra manera, porque limita lo que podemos hacer; estimula la creatividad y nos permite disfrutar de cosas que, si tuviéramos luz, tal vez ni nos daríamos cuenta de que están ahí. 
3. La hora del planeta es para amateurs.
No me malinterpreten: estoy 100% a favor de los pequeños gestos, sin importar lo pequeños que sean cuando se trata de ayudar al planeta… pero la hora del planeta me parece más una cosa de forma que de fondo, especialmente cuando no se combina con ningún otro esfuerzo.
Una hora sin consumir electricidad puede tener impacto, claro, pero realmente no llega a compensar ni de cerca el uso y el abuso de los otros recursos, renovables y no renovables si el único gesto que tenemos con el planeta es ese. Como leí algún día por ahí (y lo publiqué en el blog anterior) “la hora del planeta es como pegarle todos los días a la mamá, pero invitarla a comer el día de la madre”.
Por eso también me gusta la noche sin luz, es una de esas cosas que nos beneficia a nosotros, beneficia al planeta, al beneficiar al planeta nos vuelve a beneficiar a nosotros, al derecho y al revés. ¿Por qué limitarnos a apagar todas las luces durante una hora al año, cuando podemos hacerlo por varias horas a la semana y recibir beneficios instantáneos? Este tipo de hábitos son los que suelen llevarnos a cuestionar más las cosas que hacemos, los ritmos que llevamos… y eso necesariamente se verá reflejado en la manera en que entendemos nuestra relación con el planeta y con nuestro propio cuerpo. 
¡Ahí están! ¿Alguno de ustedes ya había probado la noche sin luz? Si ya lo hicieron, ¿cómo les fue?  Alta resolución

3 razones para tener una “noche sin luz”


Hace un par de meses estaba buscando información sobre los ciclos hormonales femeninos y me encontré con una cantidad de cosas interesantes/impactantes/inquietantes; lo más inquietante fue darme cuenta de que había pasado tantos años de mi vida sin entender muchos aspectos de algo que es parte de mi cuerpo y que es parte esencial del género femenino. 

En esa búsqueda, encontré alguna página web que hablaba de la relación entre los ciclos hormonales y la luz natural (como la luz del día y la luz de la luna), y también sobre la relación entre la luz artificial y los desequilibrios hormonales, los ciclos irregulares e incluso los problemas de fertilidad.

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